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Las corralejas ya no son lo que eran

Foto:David Schwarz
Juan Carlos "40 años, dos hijos", trabaja como empleado en un montallantas; durante los días de corraleja el dueño de una ferretería lo contrata para que cargue, dentro del ruedo, una pancarta con el nombre de su negocio y le haga publicidad. Se gana $100.000 y, cuando termina su labor, suele metérsele al toro. Con su hablar atropellado cuenta que nunca le ha pasado nada grave porque antes de que salga el animal hace una oración que lo mantiene a salvo.
Juan Carlos "40 años, dos hijos", trabaja como empleado en un montallantas; durante los días de corraleja el dueño de una ferretería lo contrata para que cargue, dentro del ruedo, una pancarta con el nombre de su negocio y le haga publicidad. Se gana $100.000 y, cuando termina su labor, suele metérsele al toro. Con su hablar atropellado cuenta que nunca le ha pasado nada grave porque antes de que salga el animal hace una oración que lo mantiene a salvo.
Hacia medio día la plaza comienza a llenarse; a las 2 y 30 en punto soltarán el primero de los 40 toros que salen al ruedo cada tarde y que, a lo largo de la semana de fiesta, son proporcionados por 12 ganaderías.
Para entrar a la plaza es preciso elegir entre comprar la boleta del ruedo, que vale sólo $7.000 pesos y permite estar en la parte de abajo para enfrentarse al toro, o la de graderías, arriba, que cuesta $50.000 y desde donde se puede ver con comodidad el espectáculo.
A un costado del túnel de madera donde se guardan los toros, se van acomodando los muleteros, capoteros, sombrilleros, banderilleros y garrocheros que hacen parte de la fiesta.
Una hora antes de empezar el espectáculo llegan las ambulancias de la Cruz Roja yde la Defensa Civil y montan un puesto de salud a un costado de la plaza. Antonio Tejada, de la Defensa Civil, nos explica que hay cinco puntos más estratégicamente ubicados para atender a los heridos.
Poco antes de comenzar subimos a las graderías. Arriba es un hervidero: además de las bandas distribuidas a lo largo de toda la plaza, que tocan sin parar un amplio repertorio de porros, hay cientos de vendedores que ofrecen trago ("Old Parr a 90 barras, patrón"), comida y gaseosas.
Porque eso es lo más curioso: que cuando el toro sale por fin, un animal de 500 kilos y cachos enormes, sin limar, que brama furioso, quienes cargan los carteles publicitarios ni se inmutan, la fogata sigue prendida, y muchos continúan como si nada.

En medio de la controversia que han generado las corridas de toros, viajamos a una fiesta popular en la Costa con más de cien años de antigüedad, donde este animal es protagonista, y descubrimos que las corralejas del 20 de Enero no son las mismas de antes.

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