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Her, la historia de un hombre que se enamora de su sistema operativo

*Para entender el piropo «vos me gustás tanto, que no me importaría que fueras un sistema operativo» hay que ver la última de Spike Jonze, una película que muestra hasta dónde pueden llegar los sentimientos en tiempos de dispositivos móviles.*

Her es melosa, rara, perturbadora. Y también es mucho más. La película se puede calificar con esos adjetivos que despiertan el interés de cualquiera. Por eso es melosa, rara y perturbadora. Her es la historia de amor de Theodore Twombly, un hombre a punto de separarse, que en el lugar menos esperado encuentra otra oportunidad sentimental.  Un dispositivo móvil que funciona con un auricular inalámbrico y se modula con la voz, una versión Messi de Siri, sale al mercado y Theodore, un escritor de cartas que trabaja en una oficina donde cobran por escribir cartas muy lindas, es uno de sus compradores. Cuando se pone en contacto con el sistema operativo del dispositivo móvil, la interactividad lo abruma. Después de algunas preguntas realizadas por el sistema, hay una que le pone en alto la estufa de Theodore, no tanto por la pregunta en sí sino por lo que se desprende de ella. El sistema pregunta «¿Desea voz femenina o masculina para su sistema operativo?», a lo que Theodore responde, ligeramente entusiasmado, «femenina». De repente hay un clic por la melodiosa voz femenina (de Scarlett Johannson) que entra en escena y por la química que hay entre ambos. Entre Theodore y la voz. Hay algo más ahí que un sistemita; ellos conversan, se cuentan secretos, se preguntan, se bromean; en definitiva, interactúan como dos personas recién conocidas que se caen bien. Y esa química los lleva lejos. Tan involucrados terminan que hay dos almas que hay que seguir descubriendo. Samantha se hace llamar la nueva amiga y con Samantha Theodore puede hablar a cualquier hora y hacer varias tareas, como preguntarle por los correos nuevos, por los antiguos, por los que se pueden desechar y los que son graciosos y vale la pena conservar, que son ochenta en total.  Lo que van tejiendo en más de dos horas redondea el argumento del filme que se desarrolla en una Los Ángeles futurista, de rascacielos cristalinos y dispositivos móviles de altísima gama. Un mundo como el de Los Supersónicos, aunque aterrizado por el director Spike Jonze.  Ciencia ficción a cielo azul y de frases bonitas, como las que figuran en las cartas que escribe Theodore en su trabajo.  Lo que experimenta Theodore con su Samantha es lo que experimentan los transeúntes con los que se cruza en las calles de su ciudad, cada uno con un auricular en la oreja, caminando y conversando con alguien que está en su bolsillo.

¿Facebook es adictivo? No como Samantha. Para cuando la inteligencia artificial dé para un Sistema Operativo como del que se engancha Theodore, habrá más oportunidades sentimentales. Sin embargo, con lo visto en Her, para entonces la gente no será tan impresionable como para caer pronto en las garras del amor. Con Her, como en Terminator (1984), se vuelve a demostrar que las máquinas son más de lo que uno piensa. Entre ellas, un tiro al corazón. 

 

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