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Play Boy, el derrumbe de un imperio

La crisis mundial, la pornografía gratuita en internet y la pérdida de más de 13 millones de dólares en lo que va del año, hicieron que Hugh Hefner pusiera en venta la revista para hombres más famosa del mundo. Seis momentos difíciles en la historia de este hombre que a sus 83 parece rendirse después de 55 años de dar la pelea por la libertad sexual.

1. El duro comienzo.

En 1953, después de renunciar a la revista Esquire, Hefner recolectó 8.000 dólares de 45 inversionistas y se lanzó a la creación de una publicación para hombres desde su casa en Chicago. La llamó Playboy, tenía en su portada a Marilyn Monroe y la publicó sin fecha pues no estaba seguro de poder hacer un segundo número. Las páginas centrales fueron el escándalo pues allí apareció la diva desnuda, a color, en una foto tomada antes de que se convirtiera en estrella. Y aunque muchos calificaron la revista como pornográfica, Hefner aseguró el segundo número después de vender 50.000 revistas y de ser visto como el creador del antídoto para la represión sexual del Estados Unidos de la posguerra. 

2. Mala prensa.

 A los diez años del primer número, en 1963, Hugh Hefner fue arrestado y llevado a juicio por el delito de venta de literatura obscena, luego de publicar fotos de la actriz Jane Mansfield desnuda. El jurado no llegó a un veredicto y los cargos fueron retirados, y tanto Playboy Enterprises como su dueño salieron airosos en medio de la mala prensa que recibió el caso. Tiempo después Hefner creó la Fundación Playboy para luchar contra la censura y promover la investigación de la sexualidad.

3. El golpe de Penthouse.

En los 70, cuando Playboy estaba en pleno esplendor (vendía siete millones de ejemplares al mes) y su dueño era una celebridad con avión propio y mansiones en Chicago y Los Ángeles, vino la primera crisis. La aparición de Penthouse en Estados Unidos, con fotos más explícitas y fuertes, le quitó lectores. Hefner respondió publicando a sus conejitas en actitudes más reveladoras pero la medida ahuyentó anunciantes. Por eso, retornó al estilo inicial y reconsideró la rentabilidad de sus clubes. Los cerró en 1986. Hoy, su imperio lo completan un canal de televisión, una emisora de radio, una página web y un solo club en Las Vegas.

4. Play boy sin amor.

Las gemelas de 19 años que acaban de mudarse a su casa no son suficientes para mantener satisfecho a Hugh Hefner, quien después de dos matrimonios, cuatro hijos y doce ex novias, no ha podido superar la repentina partida de Holly Madison. En 2001, después de vivir en la mansión Playboy como su novia principal, anunció su rompimiento por la falta de compromiso de Hefner, que no quiso tener un hijo con ella. Por eso, sin pensarlo dos veces, la conejita empacó sus maletas y cambió las sesiones de fotos y los desnudos por los trucos de magia de Criss Angel. El ilusionista le robó la novia al hombre mito acostumbrado a que las mujeres hagan fila frente a la puerta de su casa.

5. Conejitas en venta.

Los 13’700.000 dólares en pérdidas durante el primer trimestre de este año fueron sólo un adelanto de lo que se le venía encima al imperio Playboy. El crecimiento de visitas gratis por internet a páginas pornográficas redujo la venta de esta publicación en un 39% (circula cerca de dos millones de ejemplares al mes), obligando a Playboy Enterprises a despedir al 15% de sus trabajadores. Hefner ya vendió su mansión por 28 millones de dólares. La opción fue poner en venta el 70% que él posee de la empresa, por no menos de 400 millones de dólares. Ya se habla de que Richard Branson, dueño de Virgin Media, podría ser el próximo jefe de las conejitas.

6. Recuerdos en terciopelo.

De ser el hombre que despertaba la envidia de muchos por haber tenido en su cama a algunas de las mujeres más hermosas y sensuales del mundo, al punto de darse el lujo de decir que lo importante no era la cantidad sino la calidad, sólo queda la imagen de un playboy de 83 años, que vive del Viagra para mantener su fama de amante. Hoy su bata de terciopelo roja no es tan llamativa como antes, cuando daba las mejores fiestas de Hollywood, y su famoso atuendo de pantuflas y pipa deberá usarlo en otro lugar diferente a la reconocida mansión Playboy. Parece que de todos los años de gloria únicamente le quedará este peculiar atuendo típico de los ancianos en retiro.

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