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Carlos Framb: "La vida vale la pena sólo si es deseada"

Carlos Framb: "La vida vale la pena sólo si es deseada"
Absuelto por la justicia por el delito de homicidio, el poeta paisa Carlos Framb decidió contar en un libro cómo tomó la decisión de ayudar a su mamá a morir. Ahora que anda encaramado en las listas de los más vendidos, dice que si tuviera otra oportunidad lo volvería a hacer y que la muerte por compasión está más que justificada. Al final del túnel.

Después de la muerte de su papá en 2001, Carlos Framb se reencontró con el amor de su mamá y durante seis años la acompañó en su soledad, su enfermedad y su ceguera. Tras una operación fallida, su mamá agotó la última esperanza de que “Dios finalmente le mandara una luz” y aceptó abandonar la vida con la ayuda de su hijo. Ella no sabía que él planeaba irse con ella.

El 20 de octubre de 2007 se cumplió lo pactado y Luzmila Alzate tomó el coctel de morfina preparado por Carlos. Luego, él tomaría la misma dosis letal. Cuatro días después despertaría para darse cuenta de que su mamá había muerto, él seguía vivo y la Fiscalía lo acusaba de homicidio agravado.

Esta misma persona absuelta en los tribunales escribió su más íntima confesión en un libro que ingresó a la lista de los más vendidos. Pasó de ser sospechoso de un crimen a escritor con cierto reconocimiento por contar lo mismo por lo que lo acusaban. Una siniestra paradoja. En Medellín, con el autor de Del otro lado del jardín, de Editorial Planeta, quisimos meternos en la cabeza del protagonista de esta historia de amor y de muerte.

¿Compasión o crimen, qué fue lo que usted hizo con su mamá?

No me queda ninguna duda de que la motivación fue la compasión, el amor que yo sentía por ella y el deseo de no querer verla sufrir más.

Después de verla tomar el coctel de morfina, de verla morir en sus brazos y tomar su dosis, ¿qué es lo primero que piensa cuando usted vuelve a abrir los ojos?

Yo no recuerdo nada hasta el martes 22 de octubre, dos días después. Recuerdo estar rodeado de los abogados y ahí está la Fiscal que hace la acusación y profiere la orden de captura. Los recuerdos son muy borrosos.

¿Entendía lo que había hecho?

No entendía muy bien lo que pasaba todavía, pero el miércoles 24, después del día de mis cumpleaños, despierto en el pabellón de Psiquiatría totalmente lúcido. Ahí sí, ya soy consciente de lo que ocurrió y entiendo toda la situación. Sé que estoy detenido, sé que me espera el proceso, la cárcel, que mamá murió, que yo fallé en el intento. Ese mismo día tengo dos entrevistas con el psiquiatra y por la tarde me trasladan a los calabozos de la Fiscalía.

¿Cuándo dura encarcelado?

En los calabozos estoy nueve días. De ahí pasé a la cárcel de Yarumito, donde estuve cinco meses

Su mamá murió y usted no, ¿qué sintió?

Mi primera sensación fue de serenidad y como de una secreta alegría porque ella lo había logrado. Éramos dos en pos de una evasión y ella era quien más lo necesitaba.

¿Trataban de escapar de qué?

Ella del sufrimiento de una suma de cosas, caminaba con dificultad, padecía dolores producto de la artrosis, el insomnio la agobiaba mucho y la depresión; lo que más la mortificaba era la pérdida de la vista. Veía muy poco y después de la operación quedó prácticamente ciega.

¿Y usted?

Hay en mí desde muy joven un cierto desprendimiento… yo no me siento incrustado en la vida.

¿Cuándo se intensifica la relación con su mamá?

Cuando muere mi padre en 2001 y quedamos viviendo solos. Al perder la vista, ella empieza de desmoronarse en su salud.

En el libro hablan hasta de un Edipo no superado. ¿Usted cree que al querer irse con su mamá, había algo de eso, de un amor obsesivo por su mamá?

Yo no creo que haya ningún Edipo porque de hecho durante muchos años la relación fue cordial pero distante. Yo he sido siempre muy reservado. Probablemente es una suma de causas.

Dígamelas.

Le voy a decir la que en mi opinión es la más importante: en ese momento no tenía una pareja y mi vida estaba girando alrededor de ella, de su compañía, su cuidado, me pareció que la ausencia de ella implicaba mi ausencia.

¿Como Romeo y Julieta?

Probablemente hay un algo de esa noción romántica. El impacto amoroso y de la muerte joven, o relativamente joven.

¿Quitarse la vida era exonerarse un poco de la culpabilidad?

Es probable que haya sido un mecanismo, no estoy seguro, como le digo puede haber razones inconscientes.

¿Para usted qué es la soledad?

La soledad en mi vida es un estado esencial, es como mi forma de estar en el mundo. He sentido siempre que hay una distancia entre los otros y yo, como en una película. Puede también ser una incapacidad de vincularme con los otros.

¿Cómo explica el hecho de que lo que casi lo condena de 35 a 50 años, ahora lo haya convertido en un escritor destacado?

No sé, para mí la vida es una montaña rusa, me gusta que la vida sea lo imprevisible, lo inesperado.

¿Cuál fue el veredicto de la justicia?

Hubo cinco jueces que se pronunciaron: el Ministerio Público, el juez de la causa y tres magistrados. Por unanimidad determinaron que el delito corresponde a la figura de inducción y ayuda al suicidio, cargo que yo nunca negué y que acepté, estuve dispuesto a asumir la condena.

¿Y finalmente qué pasó?

Aunque quedó claro que la actuación mía correspondió a la ayuda e inducción al suicidio, ese delito requiere de un querellante, o sea de alguien que hubiera interpuesto una demanda. Nadie la puso, por eso precluyó el caso.

¿Cuáles fueron los argumentos de fondo para su defensa?

La gravedad del estado de salud de ella. Las manifestaciones recurrentes de ella de querer dejar de vivir que fueron verificadas por mi hermano, por los familiares cercanos e incluso por los médicos tratantes, y la ausencia de ningún tipo de prueba o testimonio incriminatorio. Todos los testimonios apuntaron a que la relación mía con mi madre era supremamente estrecha, cálida, amorosa. Por otro lado, no había ningún interés mío en el fallecimiento de ella, no había nada que implicara de mi parte beneficio.

¿Un antecedente en la justicia como éste, le puede dar rienda suelta a que haya más comportamientos así? ¿Más inducción y ayuda al suicidio?

Puede ser, porque se reconoció que además de ser inducción y ayuda al suicidio, mi actuación apuntó a poner fin a intensos sufrimientos. Con el tema de la eutanasia y el suicidio asistido y otros que son tabús, lo peor que puede ocurrir es que se queden ahí debajo del tapete.

¿Cómo se siente: culpable o inocente?

Es inevitable que uno, viéndose en una situación de esas, lo embargue la duda: ¿será que yo hice algo realmente indebido? Yo lo pensé pero en ese sentido puedo decir que me absolví a mí mismo. Ahora, si la condena hubiera sido por homicidio agravado implicaría una condena de por vida, probablemente yo habría optado por el suicidio, estoy seguro.

Finalmente, optó por el libro. ¿Usted cree que si no hubiera hecho lo que hizo, alguien se hubiera interesado en su libro?

Obviamente da un valor que sea basado en hechos reales. Que sea un testimonio llega a una cantidad mayor de lectores.

¿Alguien cercano a usted lo considera culpable?

No me lo han hecho saber, es decir, ha habido “deserciones” entre comillas, es decir, dos o tres amigos que nunca aparecieron.

¿Deserciones o decepciones?

Ambas, yo me siento realmente tranquilo porque mi motivación fue el amor.

¿El fracaso de la operación para recuperarle la vista fue el punto de quiebre?

Yo creo que fue el detonante porque antes de eso habíamos hablado y ella había aceptado que yo tuviera los medicamentos pero todavía no había quedado claro. El hecho que ella aceptara que yo consiguiera las drogas implicaba cierta aceptación pero como una posibilidad abierta, podría ser pronto o no. Pero cuando ya la operación fracasó, y yo la encontré llorando sin consuelo, en ese momento sentí que la invitación de ella a conseguir las drogas era un apremio de parte de ella y una disposición.

¿Cómo convenció a una católica fiel de hacer algo que está en contra de los principios católicos? ¿Cuál fue el argumento?

En relación con ella misma consideraba que quitarse la vida era un pecado, ese era el punto, yo contaba con la ventaja de que era una mujer muy abierta, muy liberal en muchas cosas y con quien se podía conversar de todo. Entonces yo abordé el asunto, nunca de ningún modo atacando sus creencias, sino más bien haciéndole ver que la noción de un Dios bueno y misericordioso no era consecuente con el sufrimiento de sus criaturas.

¿Usted cree que su mamá está en el cielo o está en el infierno?

Pues yo soy ateo, o sea que descreo de cualquier trascendencia, pero digamos que de cierta manera está en el cielo que implica el cese del sufrimiento.

Su papá murió hace 8 años. ¿Qué habría opinado de lo que usted hizo?

Difícil, difícil.

Pero... conociéndolo...

Habría sido una situación muy difícil en el caso que él estuviera vivo y mi madre estuviera en la situación en que estaba. Claro que parte de su depresión fue inducida por la ausencia de él.

¿La Iglesia ya se pronunció sobre su caso?

No, que yo sepa no.

¿Por qué no consultó a su hermano? ¿Por qué dejarlo por fuera?

Probablemente él se habría opuesto a ese desenlace a pesar de que es un hombre liberal. Creo que mi hermano no habría estado preparado para esto.

¿Esto los ha distanciado?

Nos ha unido más.

¿Lo volvería a hacer con otro ser querido?

En este momento no hay en mi vida nadie a quien yo sienta tan próximo, tan entrañable como ella, pero llegado el caso, de que en un futuro tuviera una relación amorosa, no dudaría en hacerlo.

Usted es un gran lector. ¿Ya había leído algo parecido?

Antes de los hechos, no. Como parte de la documentación para escribir el libro, leí de Simone de Beauvoir Una muerte muy dulce, que alude a la muerte de la mamá.

¿Lo que usted hizo lo considera un final feliz?

¿Lo que yo hice o el libro?

Su actuación que termina en un libro,

Sí, parece un desenlace feliz por el hecho de que de alguna manera tuve la oportunidad de hacer ese tributo a la memoria de mi madre y poner por escrito mis convicciones y mis ideas libertarias. De esa manera creo que puede servir para discusión del tema.

¿Su libro no resulta ser un mal ejemplo para los jóvenes?

No sé, yo pienso que no puesto que lo que hay de fondo es la defensa de la libertad individual y del suicidio tranquilo, del suicidio dulce, del suicidio racional, del suicidio como consecuencia de la postura ante la vida.

¿No cree que ante los ojos de las mamás del mundo usted está en la categoría universal del muchacho que no les conviene a sus hijos?

Es probable.

¿Por qué su mamá murió y usted no? ¿Calculó mal su propio veneno?

Ella falleció como consecuencia de una sobredosis, pero Derek Humphry, en su libro Final exit, recomienda que aunque se utilicen somníferos potentes queda un margen del diez por ciento de posibilidades de que el cuerpo resista el asalto de las drogas y recomienda la bolsa en la cabeza, que una vez ingerida la sustancia uno debe apresurarse con la bolsa durante los 10 minutos de vigilia que quedan, pero el recuerdo que yo tengo es que mi colapso fue inmediato, o sea yo subí a la cama y abracé a mamá y ya no recuerdo más.

Oyendo tantas razones de morir, ¿cuál es su razón para seguir vivo?

Hay unas condiciones básicas sin las cuales para mí la vida no tiene sentido y en mi caso todo esto se cumple: salud, condiciones de subsistencias mínimas, curiosidad intelectual y el afecto de algunas personas.

¿Qué le dice la gente por la calle?

No me reconoce. Yo no existo casi para la gente.

¿Carlos en qué cree?

Creo que la vida vale la pena si es deseada y que es cada uno el que define ese límite entre lo que es deseable o no.

¿De qué vive?

Yo diría que de la noble y ya algo anacrónica figura del mecenazgo.

¿Existe todavía?

No he encontrado ningún Lorenzo de Médicis, pero tengo amigos que me han ayudado y gracias a ellos sobrevivo

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