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Leila Guerrero, "el éxito está en tener algo que contar"

La periodista argentina, ganadora del premio Cemex FNP 2010 habló de su libro 'Frutos extraños', una antología de sus textos publicados.

Cómo escoge sus personajes? Usted ha escrito que no sabe, pero sí debe saber, siempre hay un punto de partida.

Lo escribí porque es verdad: no lo sé. Ni necesito saberlo. Siento que recortar el mundo y decir “Sólo me interesa este tipo de gente” sería reduccionista, de modo que prefiero seguir pensando que la elección es una mezcla de cosas: curiosidad, instinto y la oportunidad de que a algún medio le interese publicarlo.

¿Cuál es el personaje que más la ha conmovido?

La palabra “conmoción” es peligrosa, y yo no la aplico en lo que hago. Hay que asombrarse, emocionarse, tener una sensibilidad extraterrestre, pero todo eso debe estar al servicio de la historia, no terminar en la sesión de análisis. No estoy diciendo que un periodista deba ser un témpano, un insensible, una bestia sin sentimientos. Digo que debe tener una distancia óptima con la historia, porque si no difícilmente pueda escribirla bien. A mí me da un poco de impresión leer esos textos ñoños, sensibleros, que más que emocionar dan vergüenza ajena y parecen escritos por la tía o la mamá del entrevistado.

¿Ha sido curiosa desde niña o la curiosidad es algo que se desarrolla y se aprende como una profesión?

Recuerdo que jugaba mucho, leía mucho, y que, sobre todo, quería ser adulta. Quizás la respuesta, entonces, sea sí: sentía una gran curiosidad por el mundo adulto, la libertad, la autodeterminación, la independencia que sospechaba allí. Y por supuesto, bastaba que me dijeran “No metas la nariz ahí”, para que metiera la nariz ahí. Pero creo que eso es natural en todos los chicos. Por otra parte, sin curiosidad no se puede ser periodista. Puede entrenarse, pero no si uno no lo tiene, al menos, en germen. Me parece que es una condición previa, y quizás uno de los motivos por los cuales uno elige esta profesión.

En el periodismo moderno hay medios tan obsesionados con contar la otra cara de la noticia, que se olvidan de la cara de la noticia. ¿Qué opinión le merece esta “tendencia”?

Más que una tendencia, es periodismo mal hecho. Es verdad que hoy se echa mano de las herramientas del periodismo narrativo para contar cualquier cosa. Se piensa que una pieza sin información, pero con unas cuantas metáforas y adjetivos bonitos, puede pasar por una pieza honda, profunda. Pero no se trata sólo de “escribirlo bonito” sino de tener algo para contar. Es periodismo. No periodismo con adornos.

Sucede lo mismo con el turismo. Incluso usted escribió al respecto una crónica contra los citytours. Pero ahora causa vergüenza ser turista y nadie quiere serlo, y se empeñan en no parecerlo. Si los que van de paseo no son turistas, ¿entonces qué son?

Una cosa es un turista y otra cosa es un viajero. La actitud, la disposición, la mirada son distintas. Como sea, me parece que los señores y señoras que van por el mundo trepándose a todos los buses sin techo que se les ponen a tiro y tomando tours de siete países en cuatro días, son turistas, y ni siquiera se plantean otras posibilidades de viajar: están cómodos así. Los llevan, los traen, los duermen en Roma y los despiertan en Venecia y ellos se llevan el suvenir para la tía Marta que espera allá en San Telmo, y siguen tan contentos. Jamás vi a un turista replanteándose si es “viajero o turista”. Jamás vi a un turista intentando no parecerlo. No creo que los turistas piensen que ser viajeros sea una instancia superadora, como sí pasa, en cambio, con cierta tendencia a creer que ser “cronistas” o “periodistas narrativos” es algo mejor, o más importante, que ser periodistas a secas.

Los buenos cronistas suelen instalarse ahí, a la orilla del río, a mirar la otra orilla, la de la novela, la de la ficción, siempre prudentes de no lanzarse al agua sin salvavidas, pero con unas ganas enormes de cruzar. Suelen dar el ejemplo de Truman Capote (no toman en cuenta que él cruzó al contrario, desde la ficción hacia el periodismo). El caso es que lo hizo y ya no pudo regresar. ¿A usted le ha ocurrido algo parecido? ¿Siente esa tentación?

No. Nunca. Y no digo que yo sea una buena cronista, sino que no creo que sea una condición para ser buen cronista tener esas ganas enormes de cruzar. Hay muchos buenos cronistas que jamás lo hicieron, que jamás tuvieron ganas de hacerlo. Creo que son vocaciones diferentes. Claro que a veces esas dos vocaciones conviven, incluso con éxito, en una misma persona.

¿Cuál es el método (o el antídoto) para que un periodista no se convierta en un funcionario de la prosa?

No hay método, ni antídoto. Pero imagino que ningún buen periodista puede transformarse en eso sin darse cuenta. Para mí son cosas excluyentes: no se puede contar bien una historia si no se tiene algo de fe en lo que se está haciendo.

El título de su conferencia es un poco vago. La han titulado “Lo que aprendí”. ¿Puede ser un poco más específica?

Sí, es un título vago. Pero básicamente hablaré de las cosas que aprendí en estos años de oficio.

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