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Mónica Castaño: "Nadie daba un peso por mí”

A sus 23 años esta palmireña, estudiante de Economía, es la primera ganadora de Colombia's Next Top Model. Aunque ya casi completa una década en las pasarelas, su timidez frente a las cámaras la hizo ver como una primípara en el reality.  Aun así, con las probabilidades en contra, sorprendió y ganó.

Es tal el miedo que le produce hablar en público, que la primera vez que levantó la mano para participar en una clase fue en octavo grado. Y eso porque el tema pudo más que el temor a la burla: la poesía. Fue la única manera de que sus compañeros de clase tuvieran, por fin, la oportunidad de escuchar su voz.

Quien ve a esta mujer de 1,80 metros de estatura y de medidas casi perfectas, podría dudar de lo anterior. Está entendido que las mujeres bonitas son admiradas en vez de ser objeto de chistes y rechazo; en consecuencia, en vez de ser tímidas, disfrutan llamando la atención. Pero Mónica era la excepción. Si bien tenía pinta de modelo desde pequeña, su personalidad iba en contravía de lo que dicho oficio implica.

Entonces, ¿por qué decidirse a ser modelo?, y, sobre todo, ¿por qué participar en un reality donde estaría sometida al escrutinio constante del jurado, del público y de las propias competidoras? La respuesta a la primera pregunta se dio cuando cumplió 13 años. Mónica era la más alta de su clase, con una figura delgada pero sofisticada. Su tío, John Jairo Agudelo, la llevó donde Bernard, un preparador de reinas y modelos en Cali. El tiempo que pasó bajo su tutoría fue suficiente para que Mónica pudiera encontrar el punto de equilibrio entre su belleza y su personalidad pasiva. Sin necesidad de hablar, aprendió a hacerse notar.

La pasarela se convirtió en su zona de confort y su paso a una agencia de modelaje nacional era inevitable. Chachi Ledesma, la agencia más importante de Cali, la contrató hace ya 9 años y desde entonces Mónica ha desfilado en las principales ferias de moda del país, en repetidas ocasiones, para diseñadores tan importantes como Beatriz Camacho, Custo Barcelona, Carolina Herrera y Roberto Cavalli.

De ahí nace la respuesta al segundo interrogante. Casi una década modelando, a punto de graduarse de la universidad (solo le falta el trabajo de campo de su tesis en minería), y con ganas de seguirle sacando provecho a un trabajo que le ha permitido ayudar económicamente en su casa, Mónica decidió presentarse a la convocatoria nacional de Colombia's Next Top Model. “No soy una mujer de concursos, pero no tenía excusa para no intentarlo”. Se presentó a la audición y, antes de poder asimilar todo lo que implicaba estar en un reality, quedó elegida como una de las 20 participantes para ser la nueva top model del país.

Su competencia: 19 jóvenes distribuidas entre acuerpadas, delgadas, morenas, rubias, altas, bajitas, pero con algo en común: seguras frente a las cámaras. Si bien Mónica tenía la experiencia en pasarela, carecía de la personalidad para lucirse con la lente. La ventaja que tenía era bastante débil, si se tiene en cuenta que el 80 por ciento de las pruebas eran sesiones de fotos en diferentes locaciones, asumiendo diferentes personalidades. “He roto tacones, pisado vestidos, he estado a punto de caerme en medio de desfiles, pero nunca había tenido que jugar a transformarme en una sesión de fotos”.

Si a esto se le suma su tradicional timidez,  al punto que en las ferias de moda le decían que no tenía dientes, porque nunca sonreía, no es una exageración decir que podía ser la más primípara del reality. “Lo más difícil fue entrar en estados de tristeza y alegría, y transmitirlos mientras uno está muerto del susto y lleno de dudas”. Su lucha fue doblemente difícil si se tiene en cuenta que el concurso era por televisión, en un programa cuyo formato evidencia las debilidades de sus participantes.

Pero Mónica iba callada pero segura. Puede que en algún momento nadie diera un peso por ella para ganar. Pero en realidad, la única que tenía que creer era ella. “Gané a pesar de mi timidez, me atreví a hacer todo”. El bajo perfil resultó ser su mejor aliado. Otras peleaban frente a las cámaras, criticaban, llamaban la atención durante las pruebas, competían entre ellas (como lo amerita la competencia), mientras Mónica competía con ella misma. “Lo único que tenía en la cabeza era cómo convencer a los colombianos de que podía ser la nueva Chica Águila sin tener busto ni cola, que podía ser la top model sin dejar de ser tímida”.

Y para sorpresa de muchos, en especial de sus compañeras, Mónica fue la mejor en la prueba de modelar como Chica Águila en Cartagena. “Tuve que estar alegre, reírme, ser sexy, cosas que por lo general no hago, pero que se dieron sin pensarlo tanto. Ese día me di cuenta de que podía ganar”. Al igual que en su salón de clases años atrás, algo impulsó a Mónica a levantar la mano y participar. Y con sus poses y actitudes frente a la cámara demostró que se sabía la lección y que había puesto atención en las clases.

Al final, fue la mejor alumna. Hace parte de las nuevas Chicas Águila, es la ganadora de la primera versión de Cololmbia's Next Top Model, se llevó 100 millones de pesos y es portada de la revista CROMOS. Aunque algunos le comenten que no merecía ganar, Mónica tiene claro que sí. “No me levantó pensando que soy la nueva top model del país, pero sí orgullosa de que lo logré”. Es consciente de lo que significa para su carrera de modelo, sobre todo porque no piensa seguir después de los 30.

Para ese momento Mónica piensa dedicarse a su otra pasión, la naturaleza. Utilizar todo lo que ha aprendido en economía para contribuir con el medio ambiente. Su tesis en minería es el primer paso en su deseo de salvar el mundo. Un plan ambicioso, sin duda. El otro es irse a vivir a la selva. Por ahora ya dejó claro que lo que quiere, lo logra, y que la timidez no le impide a nadie alcanzar sus metas.

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