Consejos para tener una vida plena y equilibrada por Fanny Lu

Jueves 10 de enero de 2013

Su belleza quita el aliento, su entusiasmo es contagioso y su serenidad es imperturbable. La mujer que encantó a los colombianos como entrenadora de La Voz es fanática del yoga, como una forma de alimentar el espíritu, equilibrar el cuerpo y fortalecer la mente. ¡Bienvenido 2013!

Foto:Hernán Puentes
"Me inspira la alegría que me produce vivir”
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Sin maquillaje su belleza es luminosa. Quienes la han visto en televisión, o en fotos de revistas, no saben que debajo de esa máscara de polvos se esconde una constelación de pecas que hace que sus ojos vivaces resalten y que parezca una joven de veinte años a punto de hacer una picardía. En realidad tiene 39, aunque nadie los note. Siempre sonríe y cada tanto deja escapar una carcajada de dientes blanquísimos. Irradia una energía poderosa y festiva que da cuenta de un espíritu tranquilo –y caleño–, acostumbrado a sacarle el jugo a la vida. 

Fanny Lu empezó a seducir al público en 2006, cuando su canción  No te pido flores se propagó por toda Latinoamérica e incluso llegó a Asia y Europa. A lo largo de estos siete años no solo se ha encargado de demostrar que con su talento es capaz de llevar sus canciones a encabezar las listas de ventas, sino que tiene el carisma para enamorar a un país entero. Después de su aparición en el programa La Voz Colombia, de Caracol Televisión, quienes solo habían oído su música conocieron a esa mujer encantadora que se ganó el cariño de los colombianos.

El éxito de Fanny Lu y su energía avasallante se deben a su forma de enfrentar la vida. Está acostumbrada a luchar por lo que quiere, a no darse por vencida, a aprender de la adversidad y a usar la cabeza para mantener la calma y tener el coraje para seguir adelante. Por eso, como entrenadora en La Voz no se preocupó simplemente por perfeccionar la técnica vocal de sus pupilos o su manejo del escenario, su prioridad fue ayudarles a entender que para alcanzar sus metas debían, primero, fortalecer su espíritu, confiar en sí mismos y sentirse cómodos con su cuerpo para potenciar las capacidades de su mente. “Hicimos muchos rituales de manejo del miedo –explica–. También fuimos a un río y les regalamos cuarzos, no para que les sirvieran de amuletos, sino porque es una piedra que da equilibrio, ayuda a limpiar y a cuidar la energía, además se puede programar con lo que uno quisiera estimular, como la concentración o la disciplina. También hicimos talleres para entender el poder de la voluntad, la atención y la coherencia”.

Fanny Lu cree firmemente en la importancia de alimentar el espíritu para hacer bien las cosas y tomar las decisiones acertadas. Por eso le gusta leer libros de superación personal, de los cuales sabe que podrá recibir enseñanzas para poner en práctica en su vida diaria. Recuerda en especial Lecciones de vida, de Robin Sharma, una obra que ha leído varias veces y de la que le quedaron máximas como “empieza bien el día”, “entiende tus problemas como bendiciones” y “descubre tu vocación”. Como complemento de la literatura está la música, por supuesto, que para ella sirve de terapia y de medicina: “Oigo desde salsa clásica hasta Enya –cuenta–. La música me sirve de consejo, me alivia e incluso me ayuda a exorcizar sentimientos, así sea poniéndome a llorar y a llorar. Despeja el pecho y permite volver a respirar con tranquilidad”.

Para conservar su fuerza interior también recurre a Dios, con quien entabla largas conversaciones. Desde niña ha tenido un vínculo especial con él, así que siempre se ha sentido bendecida.

***

Aunque Fanny Lu llegó a la sesión de fotos con la cara lavada, una hora más tarde sus pecas estaban cubiertas. Después de pasar por maquillaje, peinado y vestuario, quedó lista para posar frente a la cámara. A pesar de que llevaba meses sin dormir lo suficiente –los horarios de La Voz y su papel de madre le quitaron varias horas de sueño–, su energía estaba intacta. Sin una sola queja siguió las indicaciones del fotógrafo y, de repente, la joven pícara se convirtió en mujer fatal. Seductora y dulce a la vez y, en esa medida, peligrosamente atrayente, la caleña empezó a comunicarse sin necesidad de palabras.

Parecía seria, pero sus ojos no paraban de sonreír y coquetear. Con movimientos sutiles, su cuerpo hablaba y demostraba que para ella es una herramienta tan valiosa como su voz, pues de su control corporal surge el impulso para cantar y para vivir. Por eso adora el bikram yoga, que consiste en realizar las posturas del yoga tradicional pero en un cuarto caliente: “No hay nada que relaje más y que dé más control del cuerpo –explica–. Permite respirar correctamente, limpia, da energía, moldea la figura... Ayuda a masajear los órganos internos para estimular la secreción de ciertas sustancias, para dar fuerza desde adentro, equilibrio y resistencia. Lo practico durante una hora y media entre tres y cuatro veces a la semana”. Cuando no tiene sesión de yoga, hace deporte en compañía de un entrenador personal. “Llevo dos meses sin hacer ejercicio y eso afecta mi estado de ánimo, mi energía”.

Para la reina del tropipop, la salud mental solo es posible a partir del bienestar corporal y para esto es clave una buena alimentación. Aunque en algún momento de su vida fue muy radical y había días en los que solo comía mango, ahora no se priva de nada, pero es prudente: si un día come brownie con helado, al otro trata de recurrir a la ensalada y al agua. Busca que esa gasolina que mueve su cuerpo sea la mejor, ya que es muy activa. “A veces me dan ganas de ponerme off, pero no lo logro. Me encanta madrugar y nunca sé a qué hora me voy a acostar, eso me encanta”.

Cuando habla se ve que su felicidad y su tranquilidad son genuinas. Parece que nada la perturbara. Es evidente que se siente agradecida y en deuda con todo lo que le ha dado la vida, por eso no se queja de los horarios, de los viajes de Miami a Bogotá –ida y vuelta– o de las pocas horas de sueño. A ella la inspira la alegría que le produce estar viva, así que no pierde el tiempo tratando de ser una diva insoportable, todo lo contrario, trata de dedicar sus días al aprendizaje, pues cree que las metas se mueven y, a medida que ha escalado los sueños, la han obligado a ir cada vez más alto. En ese viaje a la cima, Fanny Lu no solo se ha valido de su carácter recio, sino de las personas que la rodean, así que una de sus prioridades es nutrir sus relaciones y asegurarse de agradecer. Tal vez por esta razón –mientras la arreglaban y la afanaban para alcanzar a cumplir con todos los compromisos del día–, ella hacía llamadas en busca de conseguir flores para todo el equipo de producción de La Voz, del que se despediría al día siguiente.

Más allá del tiempo que dedica a la meditación, a la lectura de libros de superación personal o al yoga, la espiritualidad de Fanny Lu nace de su bondad y de su positivismo. Después de pasar unas horas con ella es claro que esa gracia que transmite es reflejo de su belleza interna que trasciende y la hace brillar, ya sea con tacones de 15 centímetros y vestidos ceñidos al cuerpo, o con sudadera, cola de caballo y tenis.

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