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Verónica Orozco se atrevió a parir en su casa

La misma mujer fatal  que alborotó el cine con sus desnudos confiesa cómo abandonó sus miedos y se arriesgó a dar a luz como las abuelas: sin anestesia y en su hogar.

Siempre pensé en el parto como el suceso más importante de mi vida, y yo, personalmente, no quería vivirlo en una clínica como si fuera una enfermedad. El protocolo a seguir para un parto en los hospitales es frío y cohíbe a la mujer, la pone más nerviosa y la desconecta de su intuición. Me parecía completamente innecesario “medicalizar” algo tan natural. Quería vivirlo plenamente y sabía que mi cuerpo estaba preparado para eso, como el de todas las mujeres. Quería que mi bebé naciera en el calor de mi hogar, con la música que me gusta y en compañía de mi esposo.

Al principio le di muchas vueltas al asunto. Mi ginecólogo de toda la vida no estaba de acuerdo con el parto en casa y eso me puso muy insegura. Ana María, mi hermana, había tenido a sus dos hijas en la casa sin anestesia, y algunas amigas mías también lo habían hecho en Madrid y en Buenos Aires.

Entonces mi esposo Sebastián me dijo que fuéramos donde Mauricio Espinosa, el médico que recibió a mi sobrina mayor. Me dijo que lo escucháramos, que lo sintiera y que a partir de eso yo tomara la decisión, que él me apoyaría en cualquier escenario que eligiera.

Este obstetra ha atendido más de 3.000 partos naturales. Al verlo llegar y hablar del parto se disiparon mis dudas de inmediato. Su presencia, su sabiduría, su respeto y reverencia por el milagro de la maternidad me hicieron sentir en casa.

Él se aseguró de que mi salud y la de mi bebé estuvieran en perfectas condiciones, a través de un cuidadoso monitoreo mensual, que cumplía con todos los estándares médicos.

Pero aparte de garantizar la seguridad médica, viví con él un proceso doble: por un lado tuve que desaprender todas esas ideas falsas que una sociedad patriarcal controladora nos ha embutido durante generaciones a las mujeres: “usted no es capaz sola”, “el instinto es ciego”, “el parto es peligroso”, “el parto es incómodo”, “el parto es invivible sin anestesia”, “no sea boba, para qué va a pasar por ese dolor si existe la anestesia”.

Por otro lado aprendí a recuperar mi parte instintiva y a confiar en la inteligencia profunda de mi cuerpo y de la naturaleza. Eso fue lo más importante de la preparación: la confianza.

Y por supuesto que tomamos medidas de seguridad especiales. Hay que entender que defender el parto natural en el hogar no significa negar los importantísimos avances que ha hecho la medicina para garantizar la seguridad en caso de que se complique un parto. Benditos sean la cesárea y los fórceps cuando son necesarios.Hay partos que deben ser atendidos en las clínicas sin lugar a dudas por la seguridad del bebé y de la madre.  Pero una cosa es atender medicamente un parto complicado y otra muy distinta tratar a todos los partos como si fueran una enfermedad.

Afortunadamente en nuestro caso todo estuvo perfecto para que el parto fuera en casa. No obstante teníamos un “plan B” diseñado, por si llegaba a haber alguna complicación. Sabíamos a qué clínica ir y cómo actuar. Todo estaba previsto en ese aspecto.

En este tipo de parto también se hacen monitoreos; pero solo los necesarios. El doctor está atento pero sin pretender controlar el parto; respetando su desarrollo natural.

No puedo negar que tuve miedo de sufrir algún daño o de que mi hija lo sufriera. Creo que ese es un temor que tiene cualquier mamá, sea el parto que sea. Uno siempre piensa en que el bebé esté bien y lógicamente llegan muchos pensamientos, pero si les das cuerda aparecen las dudas y los temores. Yo no tuve nunca una sola duda desde que tomé la decisión del parto en casa, estaba muy segura de lo que quería.

Parte de mi trabajo de preparación fue revisar la irracionalidad de muchos miedos que simplemente nos meten y abandonarlos. Creo que la nuestra es una sociedad que nos mete miedos equivocados y nos anestesia ante miedos que sí deberíamos tener.

Yo estuve presente en el primer parto de mi hermana Ana María que también fue en casa. Había vivido la experiencia de cerca y me pareció divina. Mi mamá me tuvo a mí sin analgesia, teniendo esas experiencias cerca me dije, ¿por qué no voy a poder yo también? Hay gente que se escandaliza y que le parece una locura. A mí me escandaliza más que tengan que canalizar y acostar en una camilla a una mujer que está sana y que puede perfectamente parir sin químicos y sin afán si así lo quiere.

Quiero resaltar que el papel de la pareja es fundamental en este proceso. La conexión es muy importante desde que empieza el embarazo. En mi experiencia personal fue fundamental. No hubiera concebido la idea de mi parto sin Sebastián a mi lado. Aunque hay momentos en los que uno no soporta que lo toquen o le hablen, saber que tienes a tu hombre al lado, dispuesto a enfrentar contigo el proceso hasta el final, te da una fuerza infinita.

Él me dio mucha calma, me sentí amada y protegida y lógicamente la relación cambia completamente a partir de ese momento; el amor crece y madura, y el vínculo se vuelve mucho más fuerte. La pareja es decisiva. Te empuja a meterte en la corriente del control y el miedo o te acompaña por el camino de la confianza y te invita a creer en ti misma.

El posparto fue muy especial. Sebastián recibió en sus brazos a la bebé, me la pasó inmediatamente y nos quedamos juntos sintiendo un éxtasis maravilloso, donde nada más existía, sino nosotros y el profundo vínculo que nos unía. Él cortó el cordón umbilical de Violeta. Un hecho muy real y muy simbólico a la vez.  El doctor y la enfermera se fueron respetuosamente después de asegurarse de que todo estuviera bien. Eso me gustó mucho, porque ese es un momento para vivirlo en lo más íntimo de la familia.

Estuvimos muy juntos durante una semana para procesar esta transformación del alma. Haciendo las cosas despacio, con mucha conciencia. Pocas experiencias pueden fortalecer más el vínculo de una pareja que este tipo de parto.

No puedo asegurar que un hijo de un parto natural tenga una ventaja sobre un hijo de parto “medicalizado”. De lo que sí estoy segura es de que este fue el camino que escogí porque para mí era el mejor.

Para un bebecito recién nacido que ha estado resguardado nueve meses en la oscuridad, con la temperatura ideal, no hay nada mejor que seguir sintiendo los latidos del corazón y el calor de su mamá, con una luz tenue y en silencio. En ese mismo momento comienza la lactancia, lo cual crea un vínculo único entre la madre y el bebé y es importante no interrumpirlo.

El parto es un proceso tan perfecto cuando sigue su curso natural. Cuando no hay anestesia de por medio, la madre segrega cantidades de oxitocina, la hormona del amor, y en ese primer momento nos fundimos en un vínculo muy estrecho.

La psicología misma dice que del parto dependen muchísimos factores emocionales que seguirán marcando al adulto. Yo creo que sí, en definitiva, al menos parte con la ventaja de una base emocional muy sólida, con el mapa de un proceso que se lleva a cabalidad en el alma, con una fuerte confianza básica. Comienza la vida desde la plenitud y la conciencia y no desde la carencia compulsiva.

Siempre la recordaré como la experiencia más hermosa de toda mi vida. Aunque reconozco que es intensa y muy dolorosa, la repetiría mil veces con tal de sentir ese amor infinito que nos unió a mi esposo y a mí con nuestra bebé. Es la felicidad más grande que puede existir.

Nunca volveré a ser la misma. Fue un nacimiento doble, el de mi hija y el mío como madre. Fue una experiencia única que me recordó que el poder femenino no es querer competir con la fuerza de los hombres y querer igualarlos, eso es absurdo. La verdadera fuerza de una mujer está en el amor incondicional, la entrega y la generosidad. La dulzura y la fuerza que da la maternidad puede con todo.

Ahora confío en mi cuerpo y su inteligencia, sé de qué soy capaz, me siento digna y sobre todo muy madura y centrada. Cuando uno descubre el poder del amor, nada queda igual. El amor transforma y libera en la entrega.

Hoy en día el tiempo no nos alcanza para nada y muchas veces sin darnos cuenta terminamos viviendo de una manera superficial momentos que son importantes y definitivos en la vida. Por eso quise detenerme y vivir mi parto con la conciencia, el tiempo y la calma que necesité. Pienso que fue una decisión acertada. No por ser madre he dejado de ser mujer, todo lo contrario. Desde que empecé el embarazo me sentí más plena, sexy y orgullosa de mi cuerpo que nunca… mi cuerpo es el cuerpo de una mujer capaz de crear una vida, ¿qué puede haber más hermoso y perfecto que eso?

Es increíble la fuerza y la energía que le trajo este proceso a mi vida, ahora me siento una mujer más segura, más firme, más consciente, más auténtica.

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