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Juan Esteban Constaín, de cuerdas y libros

A sus 32 años este escritor, historiador y profesor payanés, amante de Boca Juniors y Los Beatles, acaba de ganar el premio Espartaco de novela en España gracias a su obra ¡Calcio! Lector incansable de textos en griego y en latín, contradice los cánones de los escritores ‘vedettes’ .

Dos grandes pasiones en la vida de Juan Esteban Constaín –payanés, modelo 79–, son la historia y el fútbol. Por eso no es gratuito que en su más reciente novela, ¡Calcio!, se haya animado a fusionarlas. La historia del primer partido de fútbol que jugaron los hombres del emperador Carlos V contra las fuerzas florentinas lo llevó, de paso, a ganar el premio Espartaco de Novela en la Semana Negra de Gijón, en España.

Pero lo que más sorprende de Juan Esteban, más allá de su impecable hoja de vida, los seis idiomas que domina a la perfección (alemán, italiano, francés, inglés, latín y, obvio, español), y los tres libros que tiene publicados (Los mártires, El naufragio del Imperio y ¡Calcio!), es su juventud. Apenas 32 años y una figura que, a simple vista, revela mucho menos: rubio, bajito, de tez blanca y pulcra. Parece difícil creer que ese joven que es capaz de sumergirse en la biblioteca de la Universidad del Rosario –donde trabaja como profesor–, a leer y traducir textos en griego y en latín, sea el mismo que todos los lunes se viste de uniforme para jugar fútbol, o que cada ocho días se sienta a ver con juicio los partidos de su equipo, el Boca Juniors de Argentina.

“Me gusta Boca porque es el club de Maradona, a quien admiro, y también porque amo todo lo que encarna como equipo: lo arrabalero, lo de abajo”, dice sentado en un sofá desde la sala de su casa, en el sector de Chapinero de Bogotá. La sala, amplia y espaciosa, está flanqueada por una biblioteca enorme, llena de tomos antiguos en distintos idiomas, sobre todo en los que domina. Hay libros en las paredes, en la mesa del centro, a la entrada de su cuarto, encima de su mesa de noche. Libros por todas partes.

Pero será más tarde cuando, emocionado, se levante a mostrar sus joyas más preciadas (una primera edición de Orlando Furioso, de Ludovico Ariosto, que data del año 1591 y está en toscano, y las notas de Nicolás Gómez Dávila en una edición privada de Álvaro Gómez Hurtado que consiguió por su amistad con la viuda del político), porque ahora, justo ahora, Juan Esteban habla de fútbol. De Boca Juniors. De aquella vez, hace un año, cuando se fue a ver el clásico Boca-River en el Monumental.

“Yo había comprado la boleta por internet pero me estafaron –cuenta–. Como no me iba a quedar sin verlo me fui para el estadio a comprar otra, pero sólo conseguí en la tribuna de River y tuve que disfrazarme, ponerme la camiseta de ellos. El partido lo ganó River 1-0 y fue terrible ver a todo el mundo celebrando. Lo gracioso fue que dos días antes había sido al concierto de Paul McCartney y yo había llevado una bolsita de sal para echar en la gramilla a ver si ganaba Boca y, bueno… ¡A medio plazo sí sirvió porque River se fue al descenso!”.

Dos pasiones –fútbol e historia– que Juan Esteban ha sabido combinar con otra: la literatura. Una disciplina que lo mantiene, literalmente, nadando entre dos aguas.

***

Aunque ha tenido la osadía de abordar un género difícil (la novela histórica), Constaín no es, como pudiera creerse, un tipo acartonado. Por el contrario, es más bien sencillo, cálido, de buen sentido del humor y risa fácil. “Juan Esteban es simplemente un genio. No conozco a nadie más a quien le hayan creado una cátedra en una universidad para hablar de lo que quiera. Creo que su gran fortaleza es el buen humor. No se toma nada ni a nadie muy en serio. Ni siquiera a sí mismo. Y eso lo hace el mejor de los amigos”, dice Luis H. Aristizábal, escritor, crítico literario y amigo cercano.

Y es que Constaín es lector antes que escritor. De hecho, llegó a la escritura casi por casualidad. “Yo leo casi por igual historia, filosofía y literatura. No me había planteado la posibilidad de escribir libros de literatura, porque llegué a ser profesor y a investigar y pensé que me iba a quedar instalado en ese oficio maravilloso. Pero en 2004 escribí una serie de relatos históricos sobre varios personajes que yo admiraba mucho y de ahí salió Los mártires. Luego lo vieron en Planeta, se publicó, y la tentación de la literatura empezó a ser mucho más poderosa”.

Lo curioso es que procura no tomarse el oficio muy en serio; lo que pretende, al final, es divertirse, sentir placer. “Yo a veces digo que escribo para divertirme y varios colegas me refutan porque existe la idea de que el oficio literario tiene que ser un padecimiento y que uno tiene que asumir una cantidad de compromisos. Pero, la verdad, mi único compromiso es que mis hijas sean felices. De resto quiero divertirme y divertir al lector”, cuenta.

Una labor que combina con sus facetas de profesor y columnista. De la primera, dice, disfruta la oportunidad de compartir no solo conocimientos sino también entusiasmos, ideas. De suscitar en sus alumnos amor y pasión por el conocimiento. De dialogar y de compartir. De la segunda, cuenta que trata de escribir sobre temas que le gustan y que no son muy frecuentes en las páginas de opinión. Y eso se ve: en un país altamente politizado, dividido entre blanco y negro, las columnas de Constaín refrescan. “A mí me gusta hablar de historia, de libros, de la vida cotidiana, y si voy a hablar de cosas de la actualidad procuro hacerlo con cierto dejo de escepticismo, sin pugnacidad”.

Eso sin contar, claro, con que toca guitarra (sueña con alternar junto a Paul McCartney), ama a los Beatles, a los Rolling Stones, a Eric Clapton y todo el rock de los sesenta. Y todo sin arrogancias ni falsas modestias. Todo, en últimas, para seguir haciendo lo que más le gusta: divertirse.

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