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Johan Vonlanthen "Dejé el fútbol europeo por no jugar los sábados"

Los suizos lo reclaman como suyo y no entienden por qué este samario de 25 años dejó el fútbol europeo y se vino a un equipo llamado Itagüí.

Con la imagen todavía fresca de Radamel Falcao celebrando su llegada al Atlético de Madrid, se me cruza otro joven colombiano jubiloso en las noticias deportivas de ESPN, pero esta vez por fichar con Itagüí Fútbol Club, un equipo que apenas ascendió este año a la A, mientras que él viene de jugar con los grandes de Europa.

Algo no me cuadra. Mientras la mayoría de futbolistas colombianos sueña con irse a jugar al Viejo Continente, este samario de un metro con 75 centímetros de estatura, 70 kilos de peso y nacionalidad suiza viene con sus guayos en contravía. Parece una broma.

Vuelo directo a Medellín para hablar con Johan Vonlanthen. Los suizos no entienden la decisión de “Joa” – así le dicen–, no se resignan con su partida y todavía protestan con titulares de prensa. Blick, un diario muy leído en ese país, escribe con rabia de pasquín en sus páginas: “El niño maravilla del fútbol suizo decidió regresar a su país natal. En vez de jugar en equipos como Bayern Munich o Arsenal prefirió ir a una república comandada por el narcotráfico”.

Todavía no juega pero mira desde las tribunas del estadio de Itagüí cómo su nuevo equipo acaba de empatar con Envigado. El hombre que aparece en el álbum Panini del pasado Mundial de Sudáfrica como jugador de la selección suiza, ahora nos espera sobre la gramilla con unas bermudas color crema, una polo gris y mocasines claros.

Ya lleva dos semanas en la ciudad de Uribe, Juanes e Higuita y acaba de dejar su cuarto de hotel para vivir en un apartamento muy cerca de su nueva cancha. Todavía no desempaca las camisetas que ha intercambiado en partidos con jugadores de la talla de Cristiano Ronaldo, Rivaldo, Alexandre Pato, Zinedine Zidane y Clarence Seedorf.

Después de la entrevista, lo convenzo de ir a ver jugar al Nacional contra La Equidad. Le pica la curiosidad de ver al plantel que no quiso saber de él por el hecho de que no juega los sábados debido a sus creencias religiosas –para los adventistas ese día es para dedicarlo a Dios y no para pegarle patadas a un balón–.

Aún no entramos al Atanasio Girardot y ya algunos hinchas lo reconocen y le gritan: “¡Jugá bien y rápido para que te traigamos pronto!”. Ignoran que no juega los sábados.

Al fin, 2 a 1 pierde el local. Un noche mala para los paisas y buena para Joa, que se antoja de todo lo que venden.Concentrado, se comé dos arepas con queso, un mango con sal y un choco cono. Para el resto el partido es aburrido, para él se salva por el empuje y coraje de las barras verdes que no paran de cantar. Sus cánticos lo tienen impresionado. Con cara de preocupación, reflexiona: “Para callar a esos hay que meterles por lo menos cinco goles”.

Al día siguiente, a las siete de la mañana, nos vemos para verlo entrenar; sin embargo, cuando llegamos ya se ha ido todo el equipo a practicar al otro lado de la ciudad, en la cancha de la Universidad Nacional. Joa acelera lo que puede su auto negro alquilado (mientras llega su camioneta de Santa Marta), en medio del trancón paisa. Una hora después, llegamos. Ve la cancha, como de barrio, baja la ventanilla y pregunta por los vestieres, una voz burlona afuera le informa que no hay camerinos, ni mucho menos duchas y que lo mejor es que se cambie en el carro.

El jugador con exclusividad de la marca Adidas, la que le paga más de 16 millones en guayos al año, se contorsiona tras los vidrios polarizados, tratando de ponerse el uniforme negro de su nuevo equipo... El que prefirió por encima del Vancouver Whitecaps de Canadá y el Hapoel Tel Aviv de Israel, que también aceptaban su exigencia personal de no jugar los sábados. Finalmente, pudo más la tierrita para este samario con chocolate suizo y mucho Dios en las venas.

¿Tiene exclusividad con Adidas?

Comencé con Nike en Holanda, en 2005, después cambié y me quedé con Adidas, me gustó mucho el tratamiento de ellos y tenemos casi una relación de amigos.

¿Y cómo es lo de Adidas? ¿Tiene un presupuesto al año?

Sí, pero... (tuerce la boca y mira hacia el cielo).

... no va a decir cuánta plata es.

Sí. (Olvida que ya me lo había dicho antes, mientras conducía a entrenar). Al año te dan alguito, más ropa y zapatos de fútbol, eso es el contrato normal.

¿Cómo es el cuento que va a usar más guayos acá que allá en Europa?

Como el campo acá es un poco más duro y más seco, entonces se van a gastar más rápido, vamos a ver, me queda un añito más de contrato con Adidas, así que hay que aprovechar.

¿Los guayos vienen marcados con su nombre?

Ahora voy a pedir unos nuevos, con el nombre de mi hijo, Esteban, pero antes me llegaban con mi nombre o con el de mi mamá, Berena.

¿Hace cuánto está casado?

Desde el 2008. Y ahora nos vinimos a vivir acá con Esteban, nuestro hijo que tiene apenas 11 meses. Mi esposa, Rosa Virginia, es de Santa Marta.

¿Cuántos idiomas habla?

Honestamente, hablo bien 5 idiomas: español, suizo-alemán, francés, italiano y alemán. Pero entiendo en total 7, sumándole el holandés y el portugués.

¿Y por qué habla tantos, por estudioso o por andariego?

Cuando llegué a Suiza a los 12 años, vivía en parte francesa, en un pueblecito que se llama Flamatt, y si vas a unos 20 kilómetros hacia Friburgo, hablas francés; si vas 20 kilómetros hacia Berna, hablas alemán. Entonces, en la escuela te obligan a hablar en los dos. Y en Suiza se habla italiano porque tiene parte italiana. Así empezó todo.

¿Usted hoy es un ciudadano suizo?

Sí. Yo debuté con la juvenil Sub-15 de Suiza y ya tenía el pasaporte suizo. Mi mamá se casó con un suizo y a todos nos tocó pasaporte.

¿Cuántos se fueron para Suiza?

Mi mamá, mis dos hermanos menores –Zuleima y Henry– y yo. Antes viviamos con mis hermanos en Santa Marta en la casa de los abuelos, no estábamos como en familia madre, papá e hijos. Siempre tuve un vacío paterno.

¿Vivían con su mamá?

Sí, hasta el 92 que ella viajó. Ya después se fue y nosotros nos quedamos casi seis años sin ella, con mis abuelos, Berenice y William Benavides. Volvía siempre pero poquito tiempo, un mesecito se quedaba y luego se iba, hasta que en el 98 definitivamente nos llevó con ella y Roger, nuestro padrastro.

¿Cómo conoció su mamá al suizo?

Mi mamá era mesera en un restaurante en el parque Tayrona, en Arrecife, y allá lo conoció, él estaba de paseo por Colombia.

¿Cuándo lo conoce usted?

Lo vi por primera vez a los cinco años, un suizo alto, rubio, ojos verdes, yo le decía que me gustaba mucho el fútbol. Él fue la persona que me regaló los primeros guayos, unos Patrick, negritos con moradito y verde. En esa época en Santa Marta unos guayos así eran increíbles. Dormí toda una semana con ellos puestos.

¿Qué pensó cuando su mamá le dijo a los 12 años “nos vamos a vivir a Suiza”?

Cuando escuché Suiza dije: “Se me acabó el fútbol”, y lloré, porque yo jugaba en Santa Marta en el equipo de Urbanización el Parque donde yo me crié.

Su última imagen de la infancia antes de irse para Suiza. Una imagen que usted tenga grabada.

A mí me pasó algo increíble. Cuando llegamos de Santa Marta a Bogotá, perdimos el vuelo a Europa. No sé bien qué ocurrió, pero nos tocó quedarnos en un hotel cerca al aeropuerto. Subimos al cuarto, dejamos las maletas, y mi mamá me mandó a buscar algo a la recepción. Entro en el ascensor y me encuentro con Óscar Córdoba.

¿Usted qué hizo?

Yo lo veía tan alto, no sabía qué preguntarle. Él me picó el ojo y a mí se me olvidó lo que iba a hacer y salí corriendo por las escaleras a contarle a mi mamá. Nos bajamos toda la familia, mi hermano, mi hermana y mi mamá, al lobby del hotel, y ahí estaban el Pibe, Asprilla, Anthony de Ávila, Harold Lozano... ¡Estaba toda la Selección Colombia del 98! Nos tomamos fotos con una cámara desechable y salieron todas borrosas, eso fue muy doloroso.

¿Cuándo empezó a jugar fútbol en Santa Marta?

A los 7 años era arquero. Desde entonces era muy conocido en el barrio porque lloraba cuando perdía, y le tiraba piedra a todo el mundo... ¡Hasta al entrenador!

Por lo que veo, Suiza lo calmó.

Sí, porque me decían que yo en Colombia era muy peleonero. Son momentos que hoy miro y me da risa, uno va aprendiendo en la vida.

¿A qué jugador colombiano de esa época recuerda?

Mi tío Henry. Cuando me veía por ahí en la calle jugando, me decía: “Vamos, cámbiate”, y nos íbamos para el estadio. Me llevaba a ver los partidos del Unión, íbamos a ver a la Puya Zuleta.

¿Hoy es fanático de qué equipo colombiano?

Es un secreto, por si logro jugar ahí. Si juego, te digo.

¿Y equipos internacionales?

Del Real Madrid, por todo, por su historia; del Manchester United y del AC Milan.

¿Cómo era el samario Johan a los 12 años?

Con afro, no como el Pibe, un poquito más corto. Tengo fama de que me ponía las camisas grandes de mis tíos, porque me gustaba verme siempre mayor, no sé por qué. Ellos me correteaban por el barrio porque me ponía la ropa sin permiso.

Algo de esa época que le quedó sin hacer, algo incompleto.

Un noviazgo a mis 12 años con una niña con la que ya estábamos saliendo. Se llamaba Silvia. Pero me fui y dejé todo tirado, se acabó.

Su primera impresión de Suiza, lo primero que lo impactó.

Llegamos terminando el invierno, un 23 de marzo, y había todavía pedacitos de nieve. Me impactó el verde del paisaje y un orden tremendo.

¿Se acordó de Santa Marta?

Claro, el mercado, el desorden del centro, frente a la limpieza y el orden suizo. Allá nadie es capaz de tirar una basura en la calle.

Su primiparada en Suiza. ¿Qué le pasó?

¡Ushh!, no, hermano, cuando comencé a ir al colegio en Flamatt, yo iba con la bicicleta y veía que los niños se bajaban de la bicicleta y pasaban la cebra a pie. Voy embalado y cuando veo la cebra no me bajo y al frente un policía me para y me regaña muy fuerte. Desde ahí, me tocó bajarme de la cicla y caminar para ir al cole.

¿Cómo son lo suizos después de haberlos vivido durante trece años?

Yo creo que son muy estrictos, muy serios y de palabras muy correctas.

Un ejemplo de lo estrictos que son en la vida diaria.

La puntualidad que tienen. Llegué un minuto tarde, ¡un minuto!, a un entrenamiento en el Young Boys, cuando jugaba en Berna, y tuve que pagar 100 francos de multa, que acá son como 250.000 pesos.

Aparte de la puntualidad, ¿qué deberíamos aprender los colombianos de los suizos?

A tener palabra y a mirar a los ojos, acá me doy cuenta de que uno mira a las personas a los ojos y te voltean la cara. En Suiza es normal que lo que se dice ES y que cuando te hablan te miran a los ojos.

¿Una cualidad colombiana que deban copiar los suizos?

A ser más abiertos, más calurosos. A nosotros nos gusta conversar con la gente. Por todo el mundo el colombiano es conocido por eso, adonde va quiere hacer amigos de una, quiere encontrarse con la gente y entenderse.

Como colombiano ¿qué le parece jarto, aburrido de los suizos?

Me fastidia que uno vive en un apartamento y no se conoce con su vecino. Es horrible, para mí, que vivas en un lugar y todas las puertas estén cerradas.

Y como suizo, ¿qué le parece jarto de los colombianos?

Me fastidia la manera de conducir. Acá las motos son un cuento.

¿Usted vivió en la ciudad de Mozart?

Yo jugué en Salzburgo, la ciudad de Mozart.

¿En qué equipo?

En Red Bull Salzburgo.

¿Cuánto duró allá?

Cinco años.

¿De qué edad a qué edad?

De los 20 a los 25.

¿Y le gustaba la música de Mozart?

¿Clásica? No. No es mi fuerte, pero respeto mucho lo que Mozart escribió.

¿Qué música le gusta? ¿Salsa? ¿Reggaetón?

Nada de eso porque mi vida cambió un poquito y dejé esas cosas de la música y el baile, todo eso. Me dediqué a las alabanzas e himnos hacia el Señor.

¿Cuándo se dedica a las alabanzas?

Yo creo que empecé en el 2008.

Tres añitos lleva. ¿Por qué quiso cambiar?

Cuando me fui a Holanda, de 17 años Aunque no tuve dificultad con los compañeros del equipo, me sentía muy solo. Vivía en un apartamento y lloraba en las noches. Mi mamá muy pocas veces me venía a visitar porque ella estaba en sus cosas en Suiza con Aaron, un hermanito menor que nació.

¿Deprimido?

Sí, aunque no me estaba yendo mal y todo me estaba saliendo bien, no era feliz, me faltaba alguito. Fue cuando comencé a escuchar y a estudiar la Biblia con una mujer que era adventista.

¿Cuándo viene el cambio?

Eso fue gradual y aunque mi vida andaba así también con novias, fiestas y mucho entrenamiento, comencé a estudiar y a leer la Biblia. Cuando las cosas iban mal, me arrodillaba y empezaba a rezar.

Hoy en día usted es adventista.

Sí, adventista.

¿Qué quiere decir eso?

Hay dos grupos. Uno que acepta a la Santísima Trinidad y otro que no. Yo estoy en los que no.

¿En qué creen ustedes?

Creemos en un Dios padre y en su hijo Jesucristo, creemos que Jesús es el Espíritu Santo y creemos que los mandamientos de Dios están vigentes, son cruciales para la vida del ser humano.

¿Estas creencias cómo cambiaron al jugador de fútbol?

Cuando comencé a saber y a profundizarme en lo que es el sábado, que es el día del Señor, comencé a ver lo que es el séptimo día. Ahí fue cuando me enteré de que el día sábado bíblico es el día de reposo y comencé a ver que en ese día había una bendición, una santificación diferente a cualquier otro día, y cada vez que iba al campo los sábados era más difícil, sabía que estábamos haciendo mal en jugar o trabajar el sábado.

¿Cómo lo tomaron en los equipos donde jugaba?

Eso chocó mucho. Entrar en lo del sábado me causó un freno en mi carrera futbolista. Te explico: a los 20 años comencé a hablar de que el séptimo día no era el domingo sino que era el sábado del Señor. No es que yo le dijera al técnico que no, pero ellos sabían que a mí me molestaba.

¿Igual usted jugaba los sábados?

Sí, jugaba por respeto al contrato. Cuando me prestaron del Red Bull al Zúrich, en el 2009-2010, jugué Champions League. Creo que fue el mejor año que tuve, marqué 17 goles en total, con los goles de la Copa Suiza, pero no podía jugar más el sábado y me fui donde el presidente del equipo y le pedí que me dejara los sábados libres, pero su respuesta fue que no porque en Suiza casi todos los partidos son el sábado. Me dijo: “Si nosotros tuviéramos 30 partidos en domingo y 6 partidos el sábado, te daríamos el sábado libre, pero como en Suiza tienes 30 partidos el sábado y 6 el domingo al año, no estarías jugando”.

¿Y ahí termina todo en Europa?

Viene el Mundial de Fútbol en 2010 con la selección Suiza y me lo pierdo por una lesión que tuve en los meniscos. Me regreso a Austria, me recupero y comienzo a trabajar con el equipo. En junio se me terminó el contrato con el Red Bull, tenía ofertas de muchos lados, en Francia, en Suiza, en Rusia, en Grecia para seguir. El salario iba a ser muy bueno pero yo no quise, para hacerle caso a Dios.

¿De no jugar los sábados?

Sí, ese era el motivo.

¿Cómo llega entonces la propuesta de Itagüí? ¿Usted la buscó?

Yo le dije a Milton, mi papá biológico, que me quería venir a Colombia porqué acá se juega los domingos y miércoles, y sólo a veces los sábados.

Usted vino a meter goles, porque eso es lo que le pidió el presidente del Itagüí.

Sí, me pidió goles y el entrenador también, incluso me dijo una cifra clave y, bueno, tengo que trabajar para esa cifra.

¿Una cifra en goles?

Sí.

Dígamela.

¡No!

¿Me cabe en las manos?

No le cabe en las manos.

¿Y es una cifra en todo el campeonato?

Sí, en todo el campeonato.

¿Me cabe en las manos y en los pies?

No. ¡Hasta ahí!

¿Su gran vitrinazo hacia Latinoamérica fue la Eurocopa 2004?

Eso fue jugando con Suiza, yo tenía 18 años y le hice un gol a Francia, ese fue el gol más joven de la historia en Europa.

¿Ahora volvió a su origen?

100%.

¿Y cómo se siente de regreso?

Me siento libre acá, libre de verdad, puedo ser como yo soy, acá cuando hablo con los chicos todo se me viene a la cabeza otra vez y eso es muy sabroso.

Para la gente que no entiende y piensa: “este señor está loco, ¡cómo dejó Europa si el sueño es jugar allá!”. ¿Usted qué le dice?

Si quieres ser más famoso, tener más plata, si quieres tener tu vida lujosa, Europa es el destino, claro está. Pero el que organiza su vida con lo que tiene puede vivir muy tranquilo en Colombia o donde sea.

Y eso fue lo que decidió.

Claro. Es algo que no te puedo explicar, me siento muy bendecido con lo que tengo, mi esposa, mi hijo, mi casa. Querer más sería demasiada vanidad.

Va a ganar menos pero va a ser más feliz.

Yo me siento muy contento con lo que tengo y como estoy y lo que gano acá. En Suiza tuve una entrevista hace poco, y ellos sacaron sus cuentas de lo que ganaba allá y lo que voy a recibir ahora, entonces yo les respondí igual, que el dinero es lo de menos al venir acá, es más por mi felicidad.

¿Hasta cuándo el fútbol?

Hasta cuando Dios me lo permita.

¿Hasta cuándo Colombia?

Por mí, para siempre.

¿O hasta que llegue un contrato de Brasil o Argentina?

No sé, porque mis planes están en este momento acá, poner los pies firmes en Colombia de nuevo y demostrar mi fútbol, todo lo demás que sea después.

¿Para usted qué es la fama?

Nada importante.

Algo que extrañe de Suiza.

Mi familia, mi madre, mis hermanos, todos tienen allá su vida organizada.

¿Un deporte aparte del fútbol?

Tenis y golf. El golf porque es un deporte de reubicar toda la energía. Y el tenis porque teniendo a un Roger Federer, viéndolo en Suiza jugar, te dan ganas también de jugar.

¿Qué queda del samario que lleva adentro?

El manguito verde con sal y limón.  

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