Se encuentra usted aquí

Camila Zuluaga, la mujer fuerte de la radio

Con sólo 25 años, esta bogotana es la encargada de hacer las denuncias en una de las emisoras más escuchadas del país y tiene su propio programa de entrevistas en televisión.

Cientos de colombianos ya se acostumbraron a oír su voz cada mañana en La W. Con una confianza y seguridad que asombran para su corta edad –apenas va a cumplir 26 años–, Camila Zuluaga se encarga de una de las secciones más difíciles del programa que dirige Julio Sánchez Cristo: las denuncias. “Nunca he sentido miedo –dice–. Está a punto de entrar a grabar Puntos cardinales, el programa que desde septiembre del año pasado presenta en el canal Telmex y en el que entrevista a los protagonistas de la vida nacional–. Es una fuente pesada que a veces te aturde un poco, pero me gusta mucho”.

La carrera de Camila en los medios ha sido, literalmente, meteórica. Luego de un fugaz papel en la serie de televisión Padres e hijos y de ser presentadora del Canal 13, entró a la radio en 2005 tras ganar un reality convocado por la emisora Los 40 principales para escoger disc-jockey. Un año más tarde se presentó a la convocatoria del canal MTV, que buscaba presentador de noticias para Latinoamérica. Ganó. Paralelo a su trabajo comenzó a estudiar Ciencia Política y Economía, aunque lo suyo, como lo supo desde un principio, eran los medios. “La verdad es que mi mamá no quería que estudiara Comunicación Social –dice y sonríe–. Me decía que cómo iba a estudiar esa carrera de reina”.

Ese mismo año, cuando estaba a punto de radicarse en México para continuar con su trabajo en MTV, recibió una llamada de Julio Sánchez Cristo para que se fuera a La W. Aceptó, dice, porque además de que siempre había anhelado trabajar a su lado, no quería alejarse de su esposo, el periodista deportivo Antonio Casale. Comenzó en el programa de los fines de semana, pasó a La hora del regreso y al poco tiempo ya estaba sentada junto a la mesa de trabajo más escuchada del país. “El primer día sentí un miedo terrible. Yo le había dicho a Julio que aceptaba, pero que tenía que darse cuenta de que no sabía mucho. Que venía a aprender”.

Poco más de dos años después los oyentes la reconocen por su credibilidad. Ella, sin embargo, es consciente de que su trabajo no es fácil porque además de que el público es implacable, sabe que su nombre despierta muchas envidias. “En cualquier caso mi mayor crítico sigo siendo yo misma –dice–. A veces Antonio, mi esposo, me aconseja que no me dé tan duro”.

Y aunque desea seguir en los medios, espera, en un futuro no muy lejano, darse un tiempo para estudiar. “Quisiera ir a Estados Unidos para hacer una maestría en Relaciones Internacionales”, asegura. Por ahora, el poco tiempo libre que le queda lo utiliza para ir al gimnasio a hacer ejercicio –algo que el médico le recomendó por cuenta de las terribles migrañas que sufre y que a veces le impiden levantarse de la cama–; pasar tiempo con su marido (“vamos a cine todos los fines de semana”, cuenta), y mimar a su nueva mascota, un bulldog inglés que se llama Ramón. “Hago lo que hace cualquier persona normal: ir a almuerzos con la familia, compartir. También aprovecho para ordenar la casa, porque, aunque no soy obsesiva, sí me gusta ser organizada”.

Así es la voz que todas las mañanas les pone los puntos sobre las íes a los corruptos: dulce pero segura de sí misma; amable pero con personalidad. Algo que, sin duda, refleja siempre que sale en sus programas.

 

Publicidad

Publicidad

Publicidad