Old Parr y sus leyendas

Lunes 29 de junio de 2009

La historia de esta marca de whisky y de su embajador en el mundo, Gregor Cattanach.

30

Compartido
Compartir:

Sentado al lado de Gregor Cattanach, encantador escocés dueño de un musical y comprimido acento, tuve la sospecha de que nuestro almuerzo iba a estar salpicado de entretenidas anécdotas. Durante mis 14 años en Gran Bretaña, aprendí que hay algo en la sangre de los escoceses que destila fascinación y misterio. Y no estaba equivocado. Principalmente cuando por la sangre de Gregor también corre whisky, en su calidad de embajador mundial de Old Parr, una de las marcas más vendidas en Colombia y también en Venezuela, México y Japón.

Al indagar sobre el origen de su apellido, Gregor no se detuvo en su histórica evolución desde el siglo VII, cuando se inició como columna vertebral del exclusivo Clan Chattan, sino que prefirió relacionarlo con una curiosa y popular fábula, que atribuye el significado etimológico a la expresión “no agarres el gato sin el guante”. Ante mi sorpresa por esta intrincada raíz, Gregor me sorprendió con una leyenda aún más asombrosa. Un día, cuando se disponía a cruzar una calle escocesa, presenció cómo un gato intentaba pasar al otro lado, dando grandes y rápidos saltos. Sin embargo, estos no le fueron suficientes para evitar que un vehículo lo arrollara. Gregor, consternado por el accidente, corrió a auxiliar al minino, pero éste, en un último estertor, dio vuelta a la cabeza y le clavó sus afilados dientes en el pulgar. “A un gato enfurecido o moribundo no se le puede asir sin un guante protector”, me dijo con firmeza. “Esta cicatriz  –y el apellido que llevo– son testimonio de ello”.

Pero ahí no paró todo. Cuando le pedí que me paseara por la historia de la marca Old Parr, me habló de los hermanos Greenlees, dos productores escoceses de whisky, que, con la ayuda de su padre, viajaron de Edimburgo a Londres, a mediados del siglo XIX, para aprovechar una interesante oportunidad de negocio en la gran capital. Por esa época, las partidas de brandy procedentes de Francia se habían mermado como resultado de la filoxera, una plaga que acabó con los viñedos europeos, incluidos los de la región de Cognac. Para los ingleses y los londinenses, se trataba de un giro dramático, pues el Cognac era la bebida alcohólica de su predilección. Los Greenlees y otros escoceses, como Thomas Buchanan, John Walker, Arthur Bell y Peter Macki, entre otros, aprovecharon la situación e hicieron su agosto, con whiskies blend, o de mezcla, que resultaban más agradables y fáciles de beber que los tradicionales destilados de malta.

En busca de una marca que hiciera rápida carrera entre los consumidores, los Greenlees se inspiraron en la figura de Thomas Parr, un ciudadano inglés que, aparentemente, vivió 152 años (1483-1635). Fue tan popular el Viejo Parr (Old Parr, como lo llamaban cariñosamente) que el mismo rey Carlos I lo mandó a llamar para que le explicara cuál era el secreto de su longevidad. Y él, sin titubear, le respondió a su majestad: “los vegetales”.

Desde su introducción al mercado mundial, Old Parr se ha distinguido por ser un whisky de fácil y agradable consumo. Elaborado con whiskies de malta de la destilería de Cragganmore, mezclados, a su vez, con whiskies de grano más jóvenes, el Old Parr es dueño de un inconfundible carácter, y gran tersura y suavidad.

Gregor, sin embargo, prefiere usar el símil de una orquesta, donde los whiskies de malta y los componentes añejos son músicos experimentados, mientras los whiskies jóvenes de grano son nuevos intérpretes, que le permiten al director (en este caso al máster blender) producir un resultado tan armónico y atractivo como vivaz.

En particular, Gregor resalta la maestría de la mezcla de la última y máxima creación de la marca, es decir, el Old Parr Superior, un destilado que se elabora con una selección de whiskies de malta añejos, mezclados con una pequeña porción de whiskies jóvenes de grano. La principal característica del Old Parr Superior es su complejidad aromática y gustativa, pues no sobresalen aristas que le resten equilibrio y elegancia. Al declararlo en 2007 como el mejor whisky del mundo, el concurso anual “Jim Murray’s Whisky Bible” señaló que sobresale por su gran complejidad.

Al igual que otros whiskies especiales, el Old Parr Superior se produce en pequeñas cantidades, y sólo se mezcla en primavera y otoño, es decir, cuando se generan las condiciones de temperatura ideales para la fusión de los distintos componentes.

Para terminar, Gregor escuchó con atención a otros contertulios presentes quienes hablaban de por qué Old Parr se ha convertido en un sello de identidad de muchos consumidores de la Costa Atlántica colombiana y venezolana. Se ha establecido, por ejemplo, que es una marca que, por su relación de calidad-precio, es cercana al gusto y al bolsillo del consumidor promedio. Incluso, se ha convertido en la bebida “oficial” del Carnaval de Barranquilla y del Festival Vallenato, en Valledupar.

Cromos.com.co
Publicidad
Publicidad

Lo más...

.