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«Llegué a Colombia en un avión con contrabando» Custo Barcelona

Hace 35 años pasó por Bogotá y quedó cautivado con el entusiasmo de los colombianos. Ahora regresa en busca de sumar más tiendas a su marca.

Jairo Dueñas

A primera vista parece más un hombre rudo de algún sindicato de puerto que un refinado diseñador. En su cara, con mucho sol y mar acumulados, su mentón pronunciado acentúa su rudeza. Con una pipa en su boca le darían el papel de Popeye el marino. Sin embargo, la clave de su similitud con el héroe de las espinacas tiene que ver más con su contextura física.

Custo, antes de dedicarse tiempo completo a la moda, fue gimnasta de competición desde los diez hasta los 22 años, llegó a formar parte del equipo olímpico español y fue tres veces campeón de España en salto de caballete y en potro con aros. Ese pasado y esa disciplina lo siguen llevando al gimnasio y le permiten seguir siendo, a los 57 años, un modelo natural de sus propias camisetas.

Después de verlo en Cartagena en la pasarela de Ixel Moda, lo volví a ver caminando por La Candelaria en Bogotá. Quiere abrir otras tiendas en Bogotá, Cartagena y Barranquilla. Frente a la crisis en España explora nuevos mercados y no oculta su gusto y su atracción por el entusiasmo de los colombianos. Es por eso que en el último mes ha visitado tres veces el país.

Hoy pasa de incógnito por Bogotá, como pasó por aquí hace 35 años, con un grupo de jóvenes aventureros patrocinados, en ese entonces, por Yamaha, para darle la vuelta al mundo en motocicleta. Visiones y vicisitudes de un aventurero.

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¿Para quién no es su ropa?
Para quien no se sienta cómodo con el color y el grafismo.

Muchas veces le habrán dicho que describa su estilo…
Es un estilo contemporáneo porque es para hoy, colorista porque es de color y creativo porque siempre estamos aportando algo nuevo.

¿Qué o quién lo sorprende?
Me sorprende que un japonés, que pertenece a una cultura totalmente opuesta, se ponga una prenda diseñada por Custo Barcelona. Experiencias así he visto en Oriente y en países escandinavos. Me sorprende por el salto cultural entre mi cultura y las de ellos.

Modelos como Claudia Schiffer, actores como Natalie Portman y Brad Pitt han vestido sus prendas. ¿Cuál ha sido el personaje que más lo ha sorprendido poniéndose una prenda suya?
Todos los que has dicho. Pero, tal vez, la actriz que lo ha usado con mayor fuerza es Julia Roberts, en bastantes películas. Nosotros ni siquiera tuvimos contacto con ella, de alguna manera consiguió el producto y decidió utilizarlo. La primera película en que Julia Roberts lo utilizó me parece que fue en Runaway bride, y desde ahí me comentaron de más. Yo al principio no lo creía, pero luego resultó que era verdad.

¿Cuál es el fuerte aquí?
El color de la piel, el color del sol, el color de todo. Si te fijas en África, en América, en India, la gente lleva el color por todas partes. Si vas a Chicago o Escandinavia, la gente no suele llevar color. Aquí la relación es directa, el color es algo natural, si te fijas en las poblaciones indígenas en América, ellas son las más coloridas.

La otra vez me dijo que si tuviera 15 años menos, se vendría a vivir a Colombia. ¿De verdad lo haría?
Sí. Me atrae el entusiasmo de la gente por hacer cosas nuevas. La crisis económica de Europa ha conseguido que la crisis se transforme en una crisis anímica. La gente se ve cansada, desencantada, no tienen tanto interés por proyectos nuevos como los que detectas en Latinoamérica.

Dígame un ejemplo de ese entusiasmo que envidia de los colombianos.
Estuve en Cartagena rumbeando todas las noches y nadie te hablaba de ningún problema. Salías a divertirte y eso era la misión del momento, salir a divertirte. En Europa sales a divertirte y la gente siempre suele comentar sus problemas. De hecho, aquí la gente lo que te proponía era una canción, un mojito o un cubalibre.

Y eso incide también en los negocios…
...¡El ánimo y la voluntad son las grandes fuerzas del universo!

¿A qué edad cambió Custodio por Custo?
El cambio ha sido paulatino. Ingresé a mi profesión sin saber qué era la moda. Mi hermano David y yo llegamos a ella a través del diseño gráfico; nos pareció divertido iniciar un proyecto donde el soporte era una camiseta. Esto fue hace 32 años.

¿Qué edad tenían?
Yo 24 años, y mi hermano 20.

¿Y antes de la camiseta probaron otros materiales?
Más que las camisetas, todo empezó por el diseño gráfico. En el colegio era de los mejores dibujando. De hecho, yo estuve estudiando arquitectura y en la única asignatura que me iba bien era en dibujo.

¿Cuántos semestres hizo?
Hice cinco años de arquitectura. Tuve que repetir los primeros porque son muy de números... y los números y yo estábamos peleados. En 1980, mi hermano y yo empezamos el proyecto de diseño gráfico en una camiseta sin saber que la moda existía. Y de repente aquello comenzó a funcionar, a la gente le gustaron las camisetas estampadas. Aunque ahora es tan corriente... hace 32 años eran muy exóticas. Las tiendas de moda nos llamaron porque querían venderlas. Nos dimos cuenta de que aquel proyecto tenía potencial y lo tomamos en serio. Me acuerdo de la primera camiseta que hicimos…

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¿Cómo era?
Era una camiseta de algodón de manga corta, color azul eléctrico con un estampado. En ese momento la primera colección giraba alrededor de la cultura surf. En el estampado estaba la figura de un surfista encima de una ola y una palmera, algo realmente muy sencillo que hoy en día pasaría desapercibido.

¿A quién le vendió la camiseta?
El modelo de la primera camiseta lo vendimos a varias tiendas de moda, entre ellas una en Barcelona que era un referente dentro de la industria. Se llama Furest.

¿Qué fue lo que impactó de sus camisetas?
La novedad. Era un producto totalmente exótico, no existían siquiera las camisetas estampadas.

¿Cuándo vino por primera vez a Colombia?
Yo estudiaba arquitectura y en ese momento estaba muy aburrido. Me gustaban mucho las motos y tuve la suerte, con dos amigos de Barcelona, que la Yamaha nos patrocinase para una aventura: darle la vuelta al mundo en moto. El viaje empezó en Nueva York, y de allí luego nos fuimos hasta Alaska y desde Alaska hasta Tierra de Fuego. Fue la primera vez que pasé por Colombia. Pasamos por Bogotá en octubre de 1980.

Y el Custo en moto por Bogotá, ¿todavía no pintaba camisetas?
No, nada. Era un Custo que quería conocer el mundo.

¿Qué edad tenía?
Tenía 22 años. El paso de Panamá a Colombia fue traumático porque el Tapón del Darién corta La Panamericana. Entonces, al llegar a Panamá, alguien nos dijo: «Iros a Colón para que alguien los lleve en barco porque hay muchos de mercancías que os llevará hasta Colombia». Estuvimos en Colón y nadie nos quiso llevar. Alguien nos dijo: «Iros al aeropuerto antiguo de Panamá, porque hay aviones de carga que hacen contrabando». Y estuvimos viendo en el aeropuerto antiguo de Panamá durante tres noches y por fin aterrizó un avión de carga. Hablamos con el capitán, le explicamos que estábamos dando la vuelta al mundo en moto, que íbamos saliendo en los periódicos de cada país, y le explicamos que teníamos que pasar de Panamá a Colombia, y nos dijo: «Bueno, en siete horas salgo rumbo a Bogotá, pero mi avión está cargado de electrodomésticos de contrabando».

¿¡Llegó a Colombia por primera vez en un avión con contrabando!?
Con contrabando. El piloto nos dijo: «Podéis viajar en la cabina, conmigo. Las motos las dejamos aquí, en un almacén y en el próximo vuelo yo las cargaré y se las llevaré, ¿vale?». Y así llegamos a Colombia. Y desde ahí continuamos el viaje hacia Ecuador y llegamos hasta Ushuaia, en Tierra de Fuego. De Argentina seguimos al norte, hacia Río de Janeiro y, posteriormente, pasamos también por avión a Ciudad del Cabo, en Sudáfrica. Cruzamos toda África, Oriente Medio, Asia y Europa. El viaje duró dos años.

¿Cuánto tiempo estuvo en Bogotá?
En Bogotá estuvimos diez días durmiendo en una pensión de mala muerte en el centro. Nos pusimos muy nerviosos porque no llegaban las motos. Teníamos el teléfono de la compañía que las tenía que traer y cada día tenía una excusa nueva. Creímos que el viaje se iba a quedar aquí. Yo en Bogotá siempre he pasado frío. Soy muy friolero y me acostumbro a poner la calefacción donde voy, pero curiosamente los hoteles aquí no suelen tener calefacción.

¿Ha diseñado algún hotel?
Tuvimos una experiencia frustrada. Un grupo hotelero en España nos propuso hacer un hotel boutique en Isla Mujeres, en México, cerca de Cancún, antes de la famosa crisis que se está viviendo en muchas partes del mundo. Se llama Capricho by Custo y es un hotel muy especial. El terreno está en la costa de la Riviera Maya, un lugar fantástico. Nosotros no éramos los arquitectos, pero aportamos la estética. El proyecto se terminó completamente, ya estaba listo, pero la compañía hotelera en España me dijo: «Lo vamos a paralizar porque nos han anunciado que viene una tormenta económica importante». Esto fue cuatro años atrás.

¿Y en qué quedó el hotel?
El hotel todavía no se ha puesto en marcha, pero el proyecto ya está terminado. Es un poco la identidad de nuestra colección, que es una fusión de grafismo y colores transportada a la arquitectura.

¿Cuál fue la excusa para volver a Bogotá?
En 2001 estaba previsto presentar en Nueva York nuestra colección el 11 de Septiembre, el día que cayeron las Torres Gemelas. Evidentemente no se hizo el desfile. Se paralizó todo y en el mismo hotel de hospedaje nos quedamos todos encerrados porque cerraron los aeropuertos. En el hotel nadie podía moverse, lo único que podías hacer era estar en el lobby del hotel llamando a la compañía aérea para saber cuándo abrían el aeropuerto. Y ahí nos hicimos muy amigos de Pilar Castaño y ella nos invitó a desfilar en Bogotá. Nos quedamos sorprendidos del poderío que tenía la moda aquí. A partir de esa experiencia como diseñador he vuelto muchas veces.

¿En Colombia dónde tiene tiendas?
En Medellín y Bogotá... y ahora queremos abrir más tiendas aquí en Bogotá, en Barranquilla y en Cartagena. He estado en Bogotá visitando lugares nuevos para abrir más tiendas y, la verdad, apuesto mucho por lo auténtico. Abriría una tienda en La Candelaria y Usaquén, sus partes más históricas.

¿Qué es lo que más le gusta de Colombia?
A mí lo que más me gusta es la gente. La gente es muy educada, generosa, hospitalaria y agradecida. Eso es lo que más me sorprende, porque me recuerda a la España de cuando yo era pequeño, cuando tenía 15 años. Ahora en Europa las cosas son diferentes. Se vive más relajado aquí que allá. Yo creo que ahora la economía ha cambiado las cosas. El ánimo de la gente es otro.

¿Hoy es una época mucho más dura que la que le tocó?
En los últimos 32 años hemos visto cómo se ha transformado la industria de la moda. Hace tres décadas la industria se basaba casi exclusivamente en la creatividad y hoy, además de creatividad, debes tener un perfil de estratega de mercado. Es una industria muy complicada, donde es imperativo entender cómo va a llegar tu producto a las manos de tu consumidor. Si eras creativo, podías sacar una camisa especial y la gente venía a comprártela, y hoy en día no, tú puedes hacer un producto especial, pero tienes que hacerlo llegar a tus clientes. ¿De qué te va a servir la genialidad? Vale más el mercadeo, la experiencia, y así es la industria de la moda hoy. Yo digo que lo más difícil de la moda es venderla, no crearla.

¿Cómo es eso?
Lo más complejo es que una prenda llegue a mercados distintos y que la entiendan y la acepten. Es compleja la logística para que tu camiseta o vestido fabricados en Italia se vendan en 45 países. Hay toda una maquinaria de distribución. Eso es lo que se hace complicado.

¿Hay un lugar en el mundo en el que no sepan quién es Custo Barcelona?
Sí, hay muchísimos sitios. Por ejemplo, nosotros tenemos una resistencia natural en Canadá. Nos cuesta mucho vender porque la gente no entiende el color. Cuando el canadiense llega al Caribe, se cambia la camisa gris por una de flores estampadas, pero cuando está en Montreal o en Toronto no le ves en otra porque está en su país, ¿me entiendes o no? En Escandinavia, lo mismo, hay muchos países en los que proyectos de color cuestan para entrar. Nosotros, cuando empezamos la colección de camisas estampadas en invierno, teníamos que hacer vacaciones forzosas porque la gente no entendía. Incluso en España te decían «no, yo en invierno no veo color». Hoy hay muchísimos proyectos del color. Es que se dan cuenta de que poco a poco los colores vivos están siendo aceptados... Es un proyecto universal y tratamos de vender todo lo que podamos.

¿Y en cuántos países tienen mercado?
Debe haber unas ochenta tiendas en todo el mundo y la colección se vende en sesenta países.

¿Cuál fue el primer país fuera de España?
Francia.

¿Y el más reciente, el último?
La más reciente fue la cuarta tienda en Venezuela, hace seis meses.

¿Hace cuánto hacen presencia en Colombia?
Hace cuatro años.

¿Qué es lo que más le compran los colombianos?
Las colombianas.

¿Qué es lo que más le compran las colombianas?
Yo creo que vestidos; las colombianas quieren acentuar su condición de mujer sensual.

¿Fue duro entrar a la industria de la mujer?
Somos hombres haciendo camisetas para hombres, ¿no? Entonces hasta el año 87 no empezamos con la mujer, y hoy en día el peso fuerte son ellas. Sí, la mujer es otro lenguaje. El hombre es mucho más tradicional y conservador. La mujer, en cambio, digiere cualquier cosa.

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Cuando quiere diseñar un vestido de mujer ¿en qué mujer piensa?
Pues pensamos en el perfil de nuestra consumidora. Pensamos en una persona que mantiene su espíritu al margen de su edad. Puedes tener un espíritu joven a los 80 años, con eso quiero explicarte que a la mujer le gusta expresar su individualidad.

¿Cómo hace para no aburrirse? Porque el negocio de alguna manera mata la aventura artística…
Te diría que en 32 años ha habido situaciones complicadas, pero de aburrimiento no. Como alguien dijo, es preferible morir de agotamiento que de aburrimiento. Nosotros no nos hemos aburrido nunca a pesar de que se han dado situaciones complicadas en el proyecto.

¿Cómo alimenta su imaginación? ¿Utiliza a los cazadores de tendencias?
Nosotros tenemos que estar al corriente de la tendencia porque trabajamos en la industria de la moda. Las tendencias son unas estrategias que deciden unas personas para tratar de imponer ciertas cosas en cada temporada. Y nosotros tenemos que conocerlas, pero no las seguimos. Lo más importante es desarrollar colecciones que nuestro seguidor sepa que son nuestras sin necesidad de leer la etiqueta.

¿Qué hubiera sido de Custo si no fuera diseñador?
No tengo idea, me hubiese comprado otra moto para seguir dando vueltas por el globo.

¿No había otro camino?
Esta pregunta ya me la han hecho. Y la verdad no sé responder porque en el momento que entramos en este proyecto fue como una aspiradora; nos quedamos atrapados ahí y han pasado 32 años, que es mucho tiempo. Entonces, ha sido tan intenso todo que no te planteas otra cosa.

Antes de que le pasara por la cabeza lo de las camisetas, ¿intentó otros oficios?
No, no, no. Yo estudiaba arquitectura solo porque me gustaba la creatividad. La arquitectura es muy creativa, pero los primeros años en la universidad son también muy técnicos, de cálculo, y ahí es donde me aburrí un poco.

¿Cuál es el gran consejo de sus papás?
En mi casa hemos tenido la suerte de tener unos padres muy tolerantes. La verdad nunca nos han dicho que no hagamos nada, sino que si nos apetecía hacer algo, lo podíamos hacer sin dañar a nadie.

¿Y su papá qué hacía?
Él tuvo una infancia dura. Le tocó la Guerra Civil en España, y cuando tenía 16 años, lo reclutaron. Mi padre ha escrito un libro de su vida y, la verdad, es bastante desgarrador con lo que vivió en la guerra.

¿Y cómo se llama el libro?
Un soldado con dos patrias... ¿O dos banderas? Él tuvo que combatir por allá del 36 al 39. Le truncaron totalmente su infancia, le dieron un fusil para ir al frente. Tuvo que combatir en los dos bandos, lo cogieron prisionero y lo obligaron después a defender a sus captores. Esto no es una cuestión que solo le haya pasado a mi padre, le pasó a toda la generación, fue una generación de sobrevivientes.

¿Después a qué se dedicó?
Luego se dedicó a la construcción.

¿Y usted alguna vez no pensó en lo mismo, en ser constructor?
Bueno, de alguna manera empecé estudiando Arquitectura. Pero ahí se quedó.
En sus prendas hay huellas de un artista. ¿No pensó en pintar cuadros?
No.

¿Nunca?
No, porque tampoco he tenido tiempo, porque este proyecto es muy absorbente e intenso. Si realmente quieres estar ahí tienes que dedicarle toda tu atención.

¿Ha hecho algún grafiti por ahí?
Hemos aplicado nuestra identidad gráfica a algunos productos de mercado. Hemos decorado, por ejemplo, aviones comerciales. Luego hay un ferry que une Miami con las Bahamas, de dos mil pasajeros, que también decoramos. De igual modo, hemos decorado el Hummer, la Harley Davidson y el PT Cruiser, así como botellas y latas de agua mineral francesa Perrier. Los hemos conquistado de alguna manera. Yo me considero un trabajador de la creatividad.

Cuando le preguntan en un formulario por su oficio, ¿qué pone?
Creativo, sí. A nuestro trabajo yo no lo considero arte. Solo creatividad, ser capaces de crear algo nuevo.

¿Cómo es su día de trabajo?
Depende el día. Hoy lo que pretendía hacer era pasear un poco por La Candelaria, porque quería conocerla. Si estoy en Barcelona, el trabajo es más rutinario. En Barcelona, de las nueve a las once de la mañana, estoy haciendo ejercicio y luego voy al estudio para continuar con mi trabajo. Si estoy viajando por razones de promoción de un producto, pues hago lo que tenga que hacer y, si tengo que seguir trabajando por razones de desarrollo del producto en los laboratorios, que no están en España sino en Turquía y Perú, la rutina es distinta a la que llevo en Barcelona.

En Barcelona siempre hace trazos, diseña.
No, trazos no. Desarrollamos conceptos, pensamos en la receta y luego toca ir a cocinarla en Perú o en Turquía. En Barcelona paso tal vez la mitad de mi tiempo y el resto viajo mucho a EE.UU., por Oriente y por Europa, y bueno, últimamente, Latinoamérica también. Es así, por todos lados.

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Algo que le encante hacer, distinto a su trabajo.
Me encanta estar con mi familia. De veras, yo intento que mi campo profesional tenga una línea de separación con mi vida personal. Trato de desconectar la una de la otra, no me llevo trabajo a casa y trato de no involucrar a mí familia en la profesión.

¿Y sus hijos tienen claro su profesión?
No sé, un día se los preguntaré.

Hoy con cinco hijos, entre los 3 y los 22. ¿Cómo ve su juventud frente a la de ellos?
Hoy en día hay una revolución tecnológica impresionante. Y eso yo no lo viví, yo jugaba con trenecitos y cochecitos de madera mientras los niños de hoy empiezan a jugar con el iPhone, y a conectarse a cientos de aplicaciones. Mi hijo de tres años me coge el móvil cuando lo dejo en casa y cuando me doy cuenta está jugando Angry birds. La generación de chicos es mucho más tecnológica que nosotros.

¿Sus hijos se ponen camisetas suyas?
Sí, sí, a veces se ponen.

¿Y les gustan?
Nosotros no obligamos a nadie. En casa, las niñas sobre todo, se visten con lo que les gusta, no hay manera de que se les imponga algo… Nadie les dice nada, si quieren ponerse una falditas rojas y un top caqui, no hay manera de convencerlas de que no lo hagan, ellas tienen muy claro cómo se quieren vestir.

Su hija mayor, Carlota, estudió moda en el Instituto Marangoni.
En el de Londres. ¿Quién te lo ha dicho?

¡Y luego se decidió por la actuación!
Sí.

En el fondo ¿usted no quiere un heredero de su oficio?
No, no. Para nada, si algo he aprendido con mis padres es que debes darles rienda suelta a lo que quieran hacer, siempre y cuando no perjudiquen a nadie. Entonces ella dijo que quería estudiar algo relacionado con la moda. Después volvió y dijo que prefería estudiar otra cosa y ahora está en actuación.

¿Y lo hace bien?
Está contenta, lo más importante es que esté contenta, este año va a seguir con la actuación, lo cual indica ahí que hay una vocación, ¿no?

Con 56 años, ¿cuáles son sus prioridades en la vida?
Son 57. Y, la verdad, mi intención es disfrutarla.

¿A qué le tiene miedo?
Uno siempre tiene miedo.

Pero, ¿a qué?
A las enfermedades, eso asusta, ¿no?

¿Y a que le copien sus prendas?
No, eso no me da miedo. Si no sucediese viviría tal vez más tranquilo. Creo que si el oportunismo no existiese sería mejor también. Es como si detrás de una orquesta de fondo tuviera otra tocando música que desafina un poco.

¿Conoce más hombres que se llamen como usted, Custodio?
La verdad es que Custodio es un nombre extraño en España, solo se lo conozco a mi padre.

¿Hay una razón para llamarse así?
Yo también se lo pregunté a mi padre, y él me dijo que en la época cuando nació él, a principios de siglo, el cura elegía el nombre del hijo. Y a mí me lo pusieron por la tradición de llamar a los hijos como el padre.

¿Le gusta su nombre?
Sí. Cuando era pequeño no me gustaba porque era un nombre extraño y se reían. De mayor, todo lo contrario, estoy muy contento con un nombre tan extraño.

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