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"Mi hijo es homosexual"

Por: 
Martha Lucía Cuéllar de Sanjuán / Psicológa y madre
"Mi hijo es homosexual"
Él tenía18 años y sólo había tenido una novia con la que se veía que no era feliz, porque era evidente que no le atraía en absoluto.

Carlitos es un muchacho de 29 años, también matemático como mi hijo Arturo. Arturo hizo su maestría en matemáticas puras y actualmente está terminando su doctorado. Carlitos también está terminando su maestría en matemáticas. Son dos muchachos juiciosos, responsables y buenos ciudadanos, como cualquier madre desearía que fueran sus hijos. ?Pero algunos padres se preguntarán ¿cómo fue posible esto? Pues bien, les cuento que yo también tuve estas preguntas: ¿Quién lo pudo haber influenciado?, ¿será que lo consentimos poco o demasiado?, ¿eso es hereditario?, ¿nos faltó disciplina?, ¿fuimos demasiado exigentes? Claro, aún con todas esas preguntas rondando nuestras cabezas, mi esposo y yo decidimos que no íbamos a permitir que nadie lo fuera a agredir, a discriminar o a descalificar. Porque era indudable que él seguía siendo el hombre maravilloso que siempre había sido, el muchacho magnífico que era desde antes de habernos enterado de su homosexualidad. Luego de un corto tiempo nos dimos cuenta que no importaba encontrar respuestas a esas preguntas y como familia, cada vez más sólidos, unidos y amorosos, seguíamos rodeando a nuestro hijo, mientras él crecía y se solidificaba como ser humano, de tal suerte que él aprendió rápidamente a defenderse sólo y a enfrentar la vida sin miedos, a aceptarse tal cual es y con toda la entereza para andar por la vida con la frente en alto.?

Esto solamente es posible si los acogemos con amor, si potencializamos sus características, cualidades y destrezas. Si por el contrario, pretendemos demostrar que no sabemos, si decidimos que en nuestra familia no se hable del tema negando la realidad, si los culpamos y nos culpamos de algo que no merece la culpa de nadie y si además los reprimimos, descalificamos y chantajeamos con dejar de pagarles el estudio o sacarlos de la casa y castigarlos, sintiendo además vergüenza ante los demás por su condición, los estamos arrojando al abismo de la inseguridad, a la autodestrucción de la culpa, al terror porque alguien se entere de la verdad y a vivir una doble vida que los hace infelices, a ellos y a toda la familia. Al tiempo que reprimimos su sexualidad, también acallamos y derrumbamos otras extraordinarias características propias, habilidades exclusivas y condiciones originales que los hacen únicos y asombrosos. … ¿Quiénes somos nosotros para juzgar? Hagamos de nuestros hijos e hijas, sin distingo de sexo o identidad sexual, los seres integrales y rectos que solo en el seno de la familia se pueden potenciar. ?

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