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Fonseca: "Soy cantante gracias a mis papás"

A los cinco años cantó en un musical, antes de salir del colegio grabó su primer disco con el apoyo de su familia y lo vendió de puerta en puerta. Hace once años sacó su primer álbum con una disquera y ahí comenzó a sonar. Para completar, hoy es papá y tiene su propia Paz de dos años y medio. A los 34 años, recién cumplidos, Juan Fernando Fonseca ya vuela con su música.  

Si la gente cree que su peor momento fue cuando se equivocó cantando el Himno Nacional en el Metropolitano de Barranquilla, no saben nada de él. Tiene su propia explicación relajada para ese molesto episodio, y me la explica sentado en el sofá dorado que tiene en su sala. Su día más oscuro es otro sin tanto público y con menos protagonismo. Fue un encuentro hace nueve años. No podía ser más incómoda la situación para Fonseca. La cita que había buscado por todos los medios, no era en un café o en el lobby de un hotel, las circunstancias no habían dado para tanto. Después de insistirle en todos los tonos por teléfono a aquel frío empresario que se vieran para hablar, lo único que pudo hacer fue caerle de sorpresa para que lo oyera en la fila de inmigración en el aeropuerto Eldorado, antes de que se marchara. No había más remedio que ir hasta allí para pedirle a aquel reacio personaje venezolano, que tenía sus derechos musicales, que en la medida en que su disquera había quebrado, lo liberara  de su contrato.

Fueron veinte minutos estériles e infructuosos en los que el cantante hablaba con el corazón en defensa de sus sueños, mientras su interlocutor impasible solo se oía a sí mismo con su actitud intransigente de no hacer absolutamente nada si antes no recibía una plata por su carta de libertad. Ni el angelito de la guarda regordete, que pende de un hilo a la entrada de su casa, pudo salvarlo de esta. No duda en calificar aquel día de 2004 como su peor pesadilla. Fueron dos años sin poder grabar con nadie por culpa de este nefasto episodio. Sin embargo, está seguro de que ni siquiera entonces se le pasó por la cabeza abandonar su carrera. Es más, está convencido de que si no hubiera tenido toda esa cantidad de tiempo libre, su segundo disco, Corazón, no habría sido lo que fue.

Hoy en día ya tiene cuatro discos, un público, una imagen que representa la Marca País y una asesoría musical con la aerolínea Avianca. Alrededor del segundo piso, se levantan vidrios por todos los bordes que dan al vacío de la escalera, como si fuera un acuario. La primera impresión es que se trata de su estudio de grabación, pero no es así, la reforma no tiene que ver con la música, sino con la paternidad. Ese es su nuevo rol de papá y así cuida, con su esposa Juliana, a su hija de dos años y medio, a la que bautizó con el nombre de Paz. Una mañana con Fonseca.¿En quién cree?Creo en Dios, digamos que soy de una familia católica.Un olor inolvidable.El de mi hija Paz.Para usted, ¿qué es ser un buen papá?Es lograr establecer una conexión profunda con el hijo. Cuando le voy a hablar a Paz, me arrodillo para estar a su altura. Siempre le digo que la quiero mucho y ella me dice lo mismo con una facilidad que me encanta.¿34 años?Recién cumplidos, el miércoles 29 de mayo los celebré.¿Cuántos cantando?Veintinueve en total. Ana Marcela, mi mamá, cuenta que yo enloquecía a toda la familia porque me paraba a los cinco años y cantaba el himno nacional a grito herido... (Sonríe como quien está a punto de hacer una dedicatoria) esto va para los que creen que no me lo sé.  Ya que toca el tema, ¿qué pasó con el Himno Nacional en "COMPRENDE las palabras del que murió en la cruz"?El himno obviamente me lo sé. Ese día me pusieron lo que nosotros llamamos los in-ear, que son unos audífonos con los que yo toco cuando estoy en vivo.¿Y ahí qué oye?Ahí me oigo a mí y la banda, pero ese día obviamente era yo solo. Los in-ear tienen una particularidad y es que lo aíslan a uno completamente. Salí a cantar el himno y, cuando empecé, los in-ear se me empezaron a prender y a apagar. Me los quité para oír y, al salir del aislamiento, me pregunté: “¿Dónde es que voy?”. Y ahí fue el lapsus. Cuando escuché a la gente cantar en ese segundo dije: “Uy dios mío, ya veo lo que se viene”. Además estaba el antecedente de Shakira…Lo que me pareció absurdo es que la gente empezara a cuestionar mi amor por Colombia por algo así. Si hay algo que tengo claro en mi vida, y que he llevado durante toda mi carrera, es el amor por el país. Usted fregó al próximo, lo de Shakira fue un simple error, pero después de ella viene Fonseca con la misma falla, al próximo que cante el Himno Nacional en un estadio le va a costar sangre. Ya los psiquiatras deben tener un nombre para el síndrome......“El mal del himno”, pero fue un problema técnico. Lo canto porque me gusta y me lo sé.¿Alguna vez pensó en dejar el canto?  Nunca. Hoy miro hacia esos momentos difíciles y afortunadamente nunca consideré esa posibilidad. En esa época, entre mi primer disco, que saqué en 2002, llamado Fonseca, y el que se editó en 2005, Corazón,  tuve un momento bien difícil porque la disquera se quebró y durante dos años no me dieron la carta de libertad. Yo no podía grabar con nadie más porque tenía firmado un contrato con ellos.¿Y ellos no hacían nada? Pretendían vender mi contrato a otra compañía, pero como yo estaba empezando, había gente interesada que me abría las puertas con la condición de no pagar por mi contrato. Fue un momento bien difícil, hice lo que pude hasta donde pude con ese disco. Por eso le tengo mucho cariño a Cepeda, porque hizo una gira llamaba “Cepeda y sus amigos”, y me invitó a hacer parte junto a Maia y a Julio Nava. Ahí fue cuando le abrí a Shakira en el Metropolitano durante el Tour de la Mangosta, y ahí fue cuando Juanes me invitó también a abrirle acá en Bogotá y en Cartagena. Pasaron cosas muy especiales que lograron que yo terminara de dar el primer paso. En esos años yo ya no podía seguir dando lora con las dos canciones que la gente  medio conocía y, a pesar de eso, ni siquiera pensé en cambiar de rumbo. De esa época, descríbame el día más oscuro.  El dueño de la compañía, que era un venezolano, vino una vez y, como no quería darme una cita, lo fui a buscar al aeropuerto. Hablé con él mientras hacia la fila para entrar a inmigración. Esos veinte minutos en los que le rogué para que me diera la carta de libertad fueron duros porque me di cuenta de que él, sí o sí, tenía que recibir una plata por mi contrato, y que si eso no pasaba, no me iba a dejar libre. Me acuerdo de ese momento saliendo del aeropuerto, con mis sueños desinflados por una cuestión empresarial. ¿Cómo se resolvió el tema? Había de por medio un tema con el derecho al trabajo, y logramos que el representante legal de la disquera en Colombia firmara la carta de libertad. Las cosas pasan por algo. A principios de 2004 yo ya tenía un disco completo que me habría podido meter a grabar, pero que no pude grabar por ese problema. Cuando tuve vía libre, las canciones que yo había escrito ya me aburrían. Sin embargo, esas canciones fueron las madres de las que vinieron en el álbum Corazón. Si no hubiera tenido toda esa cantidad de tiempo entre un disco y el otro, Corazón no habría sido lo que fue. Fue un trabajo que me abrió las puertas a muchas cosas.¿Y sus papás qué pensaban de su hijo cuando no le salían las cosas? Obviamente, esa etapa no les gustó tanto porque era una esperadera sin fin. Fue una época rara, de mucha parranda. Empecé a trabajar en un bar de unos amigos caleños que se llamaba BarFly. Trabajaba miércoles, jueves y viernes por la noche. En ese lugar tocaban muchas bandas, conocí a Superlitio y a mucha gente. Yo era barman. Me divertía cantidades.¿Alguien que le haya dicho que no servía para este negocio de la música?Me acuerdo de un par de personajes en esa primera disquera venezolana, que se llamaba Líderes. Yo los notaba muy escépticos cuando les hablaba de mi música.Los papás quieren que su chino sea doctor, pero músico es otra cosa. ¿Fue difícil convencerlos en la casa?De hecho yo soy cantante gracias a mis papás. Desde muy pequeño me llevaron a clases de música. En una de esas academias terminé en una audición e hice un musical a los cinco años. Se llamaba El ruiseñor y la rosa. Lo presentamos en los teatros. Yo era el ruiseñor.Entonces, sus papás siempre le vieron talento…Siempre me lo dejaron libre. El talento es algo que tuve ahí y nunca en la vida me hicieron dudar. Creo que eso fue clave porque nunca tuve un obstáculo para pensar que este no era mi camino. Siempre he tenido buena relación con mis papás, si me hubieran dicho con calma cosas como “oye: hay otras opciones, vete mejor por este lado”, probablemente lo habría hecho. Pero como nunca lo hicieron, yo era como una mula: no miraba para los lados, siempre tuve el ojo puesto en la música. Agradezco que mi cabeza haya estado programada para esto.***Bajamos a su estudio, un cuarto pequeño de paredes rojas acolchadas, con una consola de sonido, un teclado y muchas guitarras. Para olvidar que hay un fotógrafo y ablandar su facha almidonada, se pone a cantar frente a un gran micrófono de pie: “Que te adueñaste de mi vida entera, de los colores con tus ojos nena...”.***¿Cómo se llama su papá?Mi papá se llama Fernando. Es floricultor. Mi familia es floricultora de toda la vida. Mi papá, desde los 18 años, trabajó con mi abuelo exportando flores y cultivos.¿Y usted qué puesto ocupa en la familia?Soy el mayor de cinco hermanos. Me tocó abrir camino, a mí me daban más lora para salir o lo que fuera. Estoy yo; luego viene mi hermano, que es chef; después viene mi hermana,  que hoy en día tiene su empresa de consultoría digital; y luego están los mellizos, Martín y Jimena, que se gradúan mañana del colegio. Les llevo 16 años de diferencia.¿Ser cantante le costó algo a su papá?Sí, mi primer disco, que se llama Bomba de tiempo, fue un disco que no salió en tiendas ni nada. Saqué 500 copias estando en el colegio, y eso él me lo financió completamente. Yo ya estaba en el Campestre y quería sacar un disco con las canciones que había escrito, y el profesor de música de Los Nogales tenía un estudio casero; hablé con él y cuadramos para trabajar. De hecho, hace poquito recuperé las cintas, porque lo grabamos en cintas. Vendí los discos puerta a puerta, como a 10.000 pesos.  ¿Y los vendió todos?Guardé unos, pero todavía me arrepiento porque he debido guardar más, pero los vendí casi todos. Con ese primer disco que grabé en el colegio hay una historia muy bonita, porque una amiga de mi hermano estaba saliendo con José Gaviria y a él, que estaba trabajando con Julio Sánchez Cristo, le llegó el disco. Un día a mí me llama alguien para decirme: ponga la radio porque Julito está poniendo su disco. Me acuerdo que casi me estrello, paré en la casa de un amigo porque yo andaba en un carro que tenía el radio dañado. Cuando puse la emisora, yo no podía creerlo.Según los exámenes de aptitudes que hacen en los colegios, ¿cuál era la carrera adecuada para usted? Yo estaba apto para ciencias básicas y humanidades, pero afortunadamente siempre la tuve clara con la música. Hay dos cosas que me marcaron para casarme para siempre con la música. La primera es cuando escribí mi primera canción, tenía 12 años. Se llamaba La televisión. Era un tema social infantil influenciado por lo que yo veía en los noticieros. Y la segunda fue cuando me fui a los 17 años a Boston, a Berklee College of Music, porque es un lugar realmente mágico para un músico. Allá puedes decir: “yo quiero estudiar bullerengue”, y si no está el profesor, te lo consiguen. Ellos están abiertos a cualquier género o a cualquier cosa que uno quiera. Sé que usted salió del Campestre, pero usted estuvo en Los Nogales. ¿Cómo es el cuento? ¿Por buen alumno se fue de Los Nogales?(Sonríe como quien sale de rectoría) Por buen alumno… En Los Nogales estuve desde kínder hasta cuarto de bachillerato. Es un colegio que quiero muchísimo; me salí porque iba a hacer un curso de música en Estados Unidos, perdía mucho tiempo, digamos, de colegio, y la mejor manera de hacerlo era cambiándome para el Campestre. Pero en Los Nogales fue donde realmente construí mis sueños. Me acuerdo de ese colegio con mucho cariño porque me dieron toda la libertad de hacer música. Pienso que definitivamente uno se forma entre los 7 y los 15 años, y lo que uno hizo en esa etapa es para toda la vida. Tuve un grupo que se llamaba Nash, yo era el cantante y guitarrista.Y a usted, ¿cómo le decían? Juanfer, pero tenía nombre artístico en la banda, el mío era Ash Tafur. Me lo inventé, era la época en la que éramos muy fanáticos de Guns and Roses, Metallica, Nirvana, Pearl Jam. De ahí nos dio la vaina de mamar gallo con toda esa onda. Tocábamos en varios colegios. Era un grupo pesadito, algo ruidoso. Había canciones en inglés, con una que otra grosería. Una se llamaba Alone, era dramática. Me acuerdo que la letra se refería a “algo oscuro y frío, no sé qué hice ayer y no recuerdo”. Eran vainas bien oscuras.¿Y el grupo Nash se deshizo? Se deshizo antes de que yo me saliera de Los Nogales. Con ese grupo dimos lata harto tiempo, como cinco años. Cuando terminamos, sentimos como si estuviéramos acabando U2. Hoy con más experiencia, ¿usted cree que ese grupo tenía futuro?De pronto en algunas cosas sí, pero obviamente en interpretación éramos todavía muy básicos. Hay ciertas canciones que todavía me acuerdo y tienen una onda. De pronto si hubiéramos seguido sí tendríamos algo sólido, pero en ese momento todavía nos faltaba mucho.Dígame una cualidad suya en el canto que haya logrado imponer y que lo diferencia del resto de músicos colombianos. Yo creo que mi gusto por tantos géneros. Me encantan las rancheras,  también me encantan los boleros. Dentro de mi música siempre ha habido una mezcla de sonidos y creo que eso, a la hora de cantar, le da un toque especial a lo que hago. ¿Por qué no se la juega por un solo género?Siento que mi voz entra en distintos contextos. Ilusión, por ejemplo, es un álbum que tiene canciones con un rollo más electrónico, hasta la que hice con Willie Colón, que es un bolero. A mí me gusta jugar mucho con los géneros, sobre todo me gusta dejarme influenciar.Y el vallenato lo influenció… ...Mi relación con el vallenato es directamente con Clásicos de la provincia, de Carlos Vives. A mí ese disco siempre me ha gustado mucho. Ese trabajo rompió muchas cosas, me acercó mucho más al vallenato, es decir, a la guitarra, al acordeón, a la batería, una serie de cosas juntas.El acordeón siempre está en su música.Siempre está. En un concierto mío hay un 60% de acordeón. Claro que de donde vengo mis raíces no son 100% vallenato, mis raíces son al revés, mucho mas pop y rock. De los otros géneros vine a buscar otras cosas en el vallenato, encontré lo que quería y me devolví.¿Dónde aprendió a cantar? Tuve una profesora que se llama Aura María Chávez. Fue determinante para mí, hasta los 16 años tomé clases con ella. Me acuerdo de una de sus frases favoritas: “¡Tienes que sentir lo que cantas!”. Esa frase me quedó marcada. Me acuerdo mucho de eso, es una frase de toda la vida que aplico en cada concierto y en cada canción.¿Qué era lo que más le corregía? La respiración. Me acuerdo que me corregía mucho el tema de los matices.¿Con qué tipo de canciones practicaban? A mí me gustaba mucho la onda Sui generis, Charly García y ciertas cosas de Silvio Rodríguez.¿Cuál es la receta para hacer un concierto perfecto? ¿Como espectador o como cantante? Bueno, voy a responder por los dos. Uno tiene que tener desconexión; siempre he sentido que el concierto lo tengo en la mano cuando me logro desconectar. Eso suena un poco opuesto, pero es así. Como espectador también, yo creo que la música al final del día es una zona completamente neutral en la cabeza de todos, que nos devuelve a ciertos momentos, que nos trae recuerdos, sentimientos, una cantidad de cosas. En resumen, la música lo desconecta a uno de la realidad. ¿Cómo aparecen sus canciones?Casi siempre son sentimientos míos o visiones propias de amores de otros. Te mando flores, por ejemplo,  la agarré de algo que alguien dijo pero lo volví mío. Y siempre ha sido así, siempre he sido muy personal en mis letras.Hay canciones por ahí que usted quiere y no son tan conocidas…Hay varias. Abecedario, por ejemplo, del álbum Ilusión, es una canción que me encantaría que se conociera más porque representa un sonido que estaba buscando y lo encontré ahí. Pero eso no me afecta, pues las canciones van encontrando su camino.Con Juliana, su pareja, ¿cuánto lleva?Con juliana entramos al colegio a los 5 años, a Los Nogales. Después arrancamos nuestro rollo como a los 15 años. Después ella se fue a estudiar Psicología del deporte a España. Toda la época del primer disco Juliana estuvo afuera. Llegó cuando salí de La granja.¿Cómo terminó participando en La granja?Terminé yendo a La granja porque no tenía nada que hacer. Las cosas pasan porque tienen que pasar. La canción Te mando flores nace de La granja, por una de las actividades que hice allá. En una de las actividades me acuerdo que Lucas Jaramillo agarró unas flores y dijo: “¿Cómo hago para mandárselas a Cata?”. Hizo el comentario así y seguimos, y ahí me nació la vaina. Al mismo tiempo, yo sabía que Juliana ya había llegado a Colombia. Te mando flores es una canción de amor por telepatía.Después del reality, ¿qué pasa en su vida?Después del reality me dieron la carta de libertad. Conocí a Bernardo Ossa y empecé a grabar el disco con él. Empezamos a hacerlo sin que tuviéramos disquera. Bernie oyó las canciones que yo tenía, le encantó y me dijo: “De una, empecemos a grabarlo y ahí vamos mirando qué hacemos en el camino”. Uno de esos días fue el presidente de Sony al estudio y oyó Te mando flores y firmamos a los dos días. En ese instante arrancó otra etapa de mi vida.Y su etapa con Juliana, ¿qué pasa con ustedes? Empezamos a vivir juntos en 2006 y nos casamos hace dos meses. Nos casamos porque necesitábamos hacer unos papeles cuando nos fuimos a vivir a Estados Unidos. No es que no creamos en el matrimonio, porque mis papás están casados y los papás de ella llevan 30 años. Fue un paso que nunca vimos necesario dentro de nuestra relación.¿Es mejor ser artista casado o soltero? Lo digo por la cuestión de las admiradoras…Es mejor ser lo que soy. Siempre he tratado que mi parte personal no sea noticia. Pero, por otro lado, no tengo problema de que la gente sepa lo que soy. Lo que pasa es que hoy en día me parece bacano, a veces, mostrar la otra parte mía a través de las redes sociales.De todas esas tandas virtuales, ¿cuál es la que más le gusta? Al principio era Facebook, después Twitter y ahora es Instagram. ¿Cuántos seguidores tiene? En Twitter dos millones seiscientos mil y en Facebook novecientos mil.Ahora le tocó ser cantante con las canciones gratis en la red.Sí, me tocó otra época. Un disco describe al artista como persona, te marca una figura. Hablo del disco físico, motor sentimental, musical y personal... y eso es bonito también, pero hoy en día creo que la gente tiene mil vitrinas más para ver. Antes, la única vitrina era lograr que una disquera le abriera a uno las puertas y hoy hay miles de bandas que han hecho su carrera sin necesidad de una disquera. Creo que Internet y todas las redes sociales han abierto unas vitrinas que antes no existían.¿Cómo es su relación con Marca País? Es algo que yo vengo haciendo desde la gira pasada, en Estados Unidos. Por lo menos yo siempre he tendido a caer en esa paranoia de justificar al país y de reivindicarlo por medio de los conciertos. Siempre me ha gustado invitar a la gente a Colombia, a hablar de lo que somos, a definirnos. Y qué mejor que hacerlo con Marca País. La gira que acabamos de hacer fue por 16 lugares de Estados Unidos en unos sitios increíbles. Y había un punto donde yo invitaba a la gente a que viniera a Colombia, no sé, este tipo de cosas me encanta hacerlas.Una especie de Juan Valdez.De hecho estuve con Juan Valdez y Avianca en Times Square antes de arrancar la gira. Con Avianca tenemos una relación muy chévere, porque hice la música para la nueva imagen del comercial que va a salir ahora. Soy el asesor musical de Avianca y me ha gustado, esas son las cosas que da la nueva etapa de la música.Hace 11 años sacó su primer disco, Fonseca. ¿Algo que esperaba de ese disco y finalmente se dio?Ponerme en el mapa, en Colombia. Obviamente, uno siempre ha soñado con el mundo, pero en ese momento me acuerdo de que yo quería aparecer en el mapa de la música en Colombia, ¡y lo logré!Algo de ese primer disco que falló.No era el sonido que yo quería. Ese disco lo hice muy como estilo antiguo, en estudio grande, a cintas, con arreglista, ingeniero, productor. En el estudio había una mano de figuras que se metían en mi rollo. Quería tener más el control, me imaginaba un sonido más colombiano, pero como fue hecho en Venezuela, yo iba y venía. Entonces, cuando volvía, habían adelantado ciertas cosas que a mí no me gustaban. Me faltó imponerme más.¿Hasta qué edad se imagina en un escenario?Hasta el último día de la vida, es lo que yo quisiera, por eso miro tanto a personajes como Juan Luis Guerra o Vicente Fernández, que han estado toda la vida parados en un escenario.Los jugadores de fútbol se retiran y ponen restaurantes. ¿Usted qué va a poner en su retiro?¡No me voy a retirar!, de pronto pongo algo, pero no me voy a retirar. Mi hermano es chef, de pronto algún día hago algo por ahí…Un miedo de toda la vida.La falta de mística, siempre le he tenido miedo a eso, a que la vida se vuelva fría y mecánica.¿Algo por hacer?Me encantaría ser un gran pianista; mejor dicho, yo me ubico en el piano y lo entiendo, sé tocar un par de cosas, pero me encantaría ser tremendo pianista. Tengo planeado irme otra vez a Boston a estudiar piano un par de meses.***A la hora de hacer la foto de portada en el estudio, no sé qué fue más duro, si hablar con él o tenerlo en una sesión de fotos. Posar no es lo suyo. Le propongo que salga con la guitarra para que no se sienta tan solo frente al lente de la fotógrafa. No le gusta sonreír frente a la cámara y durante las fotos me doy cuenta por qué: cuando Fonseca sonríe se vuelve invisible. Asistente fotografía: óscar Rodríguez / Producción: Mónica Ma. Moreno / Asistente Producción: Lina Coral / Maquillaje: Enrique TrujilloAgradecimientos: Daniel álvarez (Manager) - Bibiana Torres (Sony Music) / Silla: Puro Cuero www.purocuero.com.co 

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