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Jaime Garzón, el genial impertinente en los ojos de Germán Izquierdo

El escritor bogotano lanzó en el marco de la Feria Internacional del libro una biografía del humorista Jaime Garzón.

El 13 de agosto de 1999 lo recuerdan muchos colombianos como el día que se asesinó el personaje insignia del humor político nacional. Lo recuerda Yamid Amat, quien a pocos pasos del campero en el que se movilizaba Jaime Hernando Garzón Forero, se sentía impotente ante este suceso nefasto. Lo recuerda Aída Luz Hererra, la directora de noticias de Radio net, quien se encargó de despertar a los colombianos con la frase, “acaban de asesinar a Garzón en la entrada de Radionet, en la carrera 42B con calle 22F". Lo recuerdan Wilson y Luz Marina, los porteros del edificio del que salió el humorista faltando 15 minutos para las 6 de la mañana.

Lo recuerda y lo recopila Germán Izquierdo , un joven escritor bogotano a quien se le encargó la tarea de hacer un perfil sobre el personaje que le arrancó sonrisas a millones de colombianos.  Su libro, Jaime Garzón, el genial impertinente, que se lanzó la semana pasada en el marco de la versión número 22 de la Feria Internacional del libro recoge más de 50 testimonios plasmados en un relato sencillo que da cuenta de la vida del artista, sus miedos, sus sueños y su forma de trabajar.

Divido en cinco capítulos, entre ellos un buen apartado sobre Heriberto De La calle, el lustrador de zapatos que sentó en su temido banquillo a un centenar de figuras públicas, y en medio de trapos, betunes y cepillos los puso entre la espada y la pared, Izquierdo esboza la vida y la obra de Garzón.

El relato comienza con las historias de Garzón el universitario. El irreverente joven de lentes grandes que recibía algunas clases con los pantalones abajo simulando estar sentado en un sanitario. El siguiente capítulo cuenta las vivencias de Garzón el genio de Zoociedad. Sus compañeros y amigos Antonio Morales, Eduardo Arias, Elvia Lucía Dávila y por supuesto, su incondicional maquilladora Mery Garzón, lo describen como una incontenible máquina de bromas y chistes que hacía de vez en vez lo que le venía en gana. En este fragmento se deja ver un Garzón que en medio de chistes y chanzas ponía en serios apuros a sus amigos. Bien lo recuerda uno de sus allegados cuando en cierta ocasión presenció como el bote en el que se movilizaban él y el comediante se fue llenando rápidamente de agua porque Garzón, jocosamente, quitó el tapón de la nave.

El siguiente episodio se titula Quac. El programa que le dio más reconocimiento del que ya ostentaba. Con un sinnúmero de imitaciones de personajes protagonistas de la realidad nacional, Garzón se hizo un nombre que trascendería con el paso de los años. El penúltimo capítulo es el de Heriberto De la Calle y finalmente llega el episodio bautizado Mataron a Garzón, en el que se relata su final y el de todos sus personajes.

El libro le llevó a Izquierdo 4 meses de juiciosa elaboración, lo que lo convierte en un documento fácil de leer lleno de datos y anécdotas que dibujan un humano como todos pero un crítico como ninguno.

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