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Joan Rivers se quita la máscara

La crítica de moda de la alfombra roja de Hollywood es objeto de un documental que la muestra, literalmente, sin maquillaje y como una mujer que se burla de su vida.

Joan Rivers es tan famosa por sus cirugías plásticas como por sus comentarios mordaces sobre la ropa de las celebridades en la alfombra roja de Hollywood. Pero su presencia allí donde se corre el riesgo de acertar o fallar en el estilo, es sólo una parte de la carrera de esta mujer que ha sido presentadora, actriz, comediante, directora de cine, libretista, diseñadora de joyas, escritora y columnista. Y además, millonaria.

Acaba de cumplir 77 años y puede decirse que ha hecho todo lo que ha querido. Es más, para el mundo del entretenimiento estadounidense fue una pionera que se abrió paso en un medio masculino, trabajando como comediante en clubes nocturnos y hoteles de segunda.

Desde entonces han pasado más de 40 años, un tiempo en el que el público ha reconocido su talento para burlarse incluso de sí misma. Su cara no muestra el paso del tiempo; en cambio, delata sus visitas al quirófano para lograr una transformación que escandaliza después de dos estiramientos, nueva nariz, pómulos saliente, ojos cada vez más pequeños, mucho bótox y una afirmación descarada de que volvería a operarse si es necesario.

Ese recorrido de Rivers por el mundo del espectáculo es el que la tiene de nuevo en la mira de la crítica y público, pues es la protagonista de un documental, estrenado hace unos días en Estados Unidos con los mejores comentarios. Joan Rivers: a piece of work se llama el filme. Los directores, Ricki Stern y Anni Sundberg, la siguieron durante 14 meses para mostrar sus facetas de comediante, madre, abuela y mujer sin maquillaje. En algún momento de la cinta surge la pregunta inevitable: ¿Quién es la verdadera Joan?.

En realidad es más que la pequeña mujer de 1,57 metros cuya carrera despegó en 1965, cuando Johnny Carson la convirtió en invitada permanente del programa The Tonight Show. En ese entonces aparecía también en series, programas de entrevistas y stand-up comedys en Las Vegas, y participaba en grabaciones de discos de humor.

Su estilo permitió tener incluso su propio programa, The Late Show starring Joan Rivers, a finales de los años 80, enfrentada a su mentor Carson. Pero estuvo al aire sólo un año, hasta cuando la echaron junto con su esposo, productor del espacio, quien se suicidó tres meses después. Esa época no fue nada buena para Rivers. Además de semejante tragedia, afrontó una crisis económica y personal pues el medio le dio la espalda. Pero Rivers se sobrepuso con humor. Meses después ya hacía bromas respecto a la muerte del padre de su única hija: Melissa Rivers.

Nunca se alejó de la pantalla. Tras presentar un programa de entrevistas, en 1994 se convirtió junto a su hija en la juez de moda del canal E!, en el desfile de las estrellas previo a las ceremonias de los premios Oscar, Globo de oro y Emmy. Las celebridades comprendieron que era mejor correr el riesgo de estar frente a Joan que ser juzgado en la distancia.

Sus opiniones ácidas y sus expresiones paralizadas por las cirugías la convirtieron en un icono de la televisión estadounidense. Hoy, con menos presencia en la alfombra roja, Joan Rivers no deja que la olviden. Ha aparecido en Nip Tuck, en Shrek 2 en versión animada, y en The Celebrity Apprentice el año pasado.

Por algo han calificado a esta mujer de lengua mordaz como un tornado humano que en el documental muestra caras desconocidas mientras trabaja para seguir vigente. Fue filmada en aviones, hoteles, camerinos, haciendo chistes dentro y fuera del escenario, y dejó en claro que es tan vulnerable como las demás estrellas: su mayor temor es quedarse sin trabajo.

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