Domingo 17 de mayo de 2009
Un nuevo libro de poemas, una biografÃa y un homenaje recuerdan al escritor, ingresado de gravedad en un hospital de Montevideo.
Durante años las musas pillaron a Mario Benedetti en la oficina. Ahora, a los 88 años, los homenajes le pillan en el hospital. Concretamente en el hospital Impala de Montevideo, donde fue ingresado el lunes a causa de un empeoramiento de la enfermedad pulmonar crónica que padece. El ingreso del escritor uruguayo ha coincidido con la aparición de su nuevo libro de poemas Testigo de uno mismo (Visor) y Mario Benedetti. Un mito discretÃsimo (Alfaguara), una biografÃa firmada por su compatriota Hortensia Campanella, directora del Centro Cultural de España en Montevideo. Allà debÃa celebrarse el martes un homenaje al autor de La tregua, pero la muerte de la poeta Idea Vilariño, compañera suya de generación, obligó a suspender el acto. Lo que sà se celebró fue el homenaje previsto desde hace semanas en Madrid, una de sus "patrias suplentes", la ciudad a la que llegó exiliado en los años ochenta y en la que mantuvo su casa durante los años del "desexilio".
Durante todo el dÃa, la Fundación Instituto de Cultura del Sur ocupó la Biblioteca Nacional de Madrid bajo el lema Ven a ser Benedetti, una jornada que se inició por la mañana con una multitudinaria lectura continuada de poemas y talleres de poesÃa a partir de Cuando la poesÃa, un poema inédito del autor uruguayo al que se le habÃan quitado los dos versos finales para que los participantes lo terminaran con sus propias palabras. La lectura continuó por la tarde con la participación de escritores, artistas y polÃticos como Jorge Drexler, Juan Manuel Montilla el Langui, Carmen Posadas, Federico Mayor Zaragoza o Rafael Simancas.
Los actos se cerraron con el coloquio Benedetti adentro, en el que se leyó un texto de José Saramago y en el que participaron Jesús GarcÃa Sánchez, responsable de la editorial Visor y los poetas Luis GarcÃa Montero y BenjamÃn Prado, director del homenaje.
Mario Benedetti (Paso de los Toros, Uruguay, 1920), que hoy es el gran best seller (más vendido) de las letras uruguayas, se pagó de su bolsillo sus primeros siete libros de poemas, empezando por La vÃspera indeleble en 1945. TenÃa 25 años y desde los 14 era, como cuenta Hortensia Campanella en su biografÃa, un autodidacta que tuvo que hacerlo todo por su cuenta. Al filo de los 20 años empezó un periplo laboral que darÃa lugar a Poemas de la oficina. Durante dos décadas se le podÃa encontrar en Will L. Smith S. A. Repuestos para Automóviles, en la agencia de importación y exportación de Otto Kluber o en la Federación de Baloncesto del Interior, donde trabajaba como taquÃgrafo. Aunque durante años compatibilizó esos tres trabajos, el poeta no tardarÃa en ingresar en la ContadurÃa General de la Nación. SeguÃa asà la tradición uruguaya de tener un funcionario en cada familia. Él mismo, con sorna, lo dijo asÃ: "El Uruguay es la única oficina del mundo que alcanzó la categorÃa de república".
Aunque con el tiempo llegó a ser profesor universitario, Benedetti no llegó a terminar el bachillerato en el instituto público en el que habÃa recalado después de abandonar el Liceo Alemán de Montevideo. Su padre, un quÃmico que habÃa encontrado cierta estabilidad después de años de penuria, decidió sacarlo de allà el dÃa que el joven Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno Benedetti Farrugia llegó a casa diciendo que a partir de entonces serÃa obligatorio en el liceo el saludo nazi. Era 1933 y Hitler acababa de llegar al poder en Alemania. En Idiomas, un poema recogido en Testigo de uno mismo, el poeta recuerda aquellos años de primaria germánica y afirma que la voz de la conciencia le habla ahora en alemán. Ésa era también la lengua en la que él mismo recitaba su celebérrimo poema Corazón coraza durante un cameo en El lado oscuro del corazón, la pelÃcula dirigida por Eliseo Subiela en 1992 y cuyo guión estaba punteado por textos de Oliverio Girando, Juan Gelman y el propio Benedetti. Más allá de los libros, el cine ha sido uno más de los muchos caminos hacia la popularidad que tomó la poesÃa del autor de El mundo que respiro. Otros serÃan la música de Joan Manuel Serrat y Daniel Viglietti, con el que recorrió el mundo en un espectáculo de "hablacantar".
Cuando se estrenó El lado oscuro del corazón, Benedetti atribuyó el éxito de la pelÃcula a "esa vieja costumbre de sentir". En un tiempo de "elipsis" de los sentimientos, que "parecen algo vergonzoso", la gente, dijo, los necesita. Su propia poesÃa es también asÃ, algo irónica y muy sentimental. Hortensia Campanella, editora también de las obras completas de Juan Carlos Onetti en Galaxia Gutenberg / CÃrculo de Lectores, explica por teléfono desde Montevideo que el enorme éxito de Benedetti se debe a que escribe para que lo lean "casi por sobre el hombro", es decir, en el mismo momento en que está escribiendo. De ahà el carácter inmediato de sus poemas (también la treintena larga de tÃtulos que ha publicado), la cercanÃa que transmiten y la identificación de los lectores con sus textos. "Es un poeta a ras del lector, sÃ", abunda BenjamÃn Prado. "Y no es una casualidad sino una estrategia. Con una poesÃa aparentemente sencilla Mario siempre ha buscado que su poesÃa sea entendida para que pueda ser compartida". Una sencillez no reñida con la inteligencia: "Es un crÃtico literario extraordinario. Muy culto. Y sabio". Para el escritor español, Benedetti ha demostrado, en la estela del Neruda de las Odas elementales, que "los grandes temas pueden estar en las pequeñas cosas". No obstante, Benedetti no es un poeta de grandes gestos: "Él habla en voz baja. Te echa los poemas por debajo de la puerta".