Miércoles 18 de agosto de 2010
 La pelÃcula de José Luis Rugéles retrata el drama de un celador que sueña con conseguirle una casa propia a su esposa.
Apenas tiene apellido. Y eso. Como todo en su vida, prefiere ahorrarse el nombre. GarcÃa (Damián Alcázar) vive de los ahorros minúsculos, de los sueños diminutos, de su pobre ilusión que no es nada: una casa para su esposa en un lodazal.
Esa vida paupérrima, que a veces se envenena de su propia mezquindad porque no hay otra opción de felicidad que resignarse, transcurre en la pantalla con una deslumbrante dirección de arte. Ahà está el barrio encerrado y sucio; ahà el oficio de celador de GarcÃa y su sueldo latinoamericano que solo le alcanza para alimentar la ilusión; ahà su amigo, el único posible, el compañero de trabajo que frecuenta pero que ni siquiera conoce; y ahà la esposa, Amalia (Margarita Rosa de Francisco), desesperada por la rutina, por la satisfacción de su marido por esa vida miserable que le ha ofrecido y que piensa que es la que merece; ahà ella maquinando la forma de salir de ese cÃrculo de falta de abundancia.
Puede que GarcÃa nos confunda a ratos, que no sepamos si es en realidad una comedia o un drama descomunal. Pero puede también que esa sea su virtud, porque en Colombia, al menos, las tragedias suelen vivirse como una comedia (acuérdense del policÃa que improvisó una canción de agradecimiento a Uribe y al Ejército por la Operación Jaque: todos reÃmos, aunque supiéramos que era la canción más desoladora del mundo).
El director José Luis Rugeles y el guionista Diego Vivanco se han inventado su propia Fargo, una versión criollÃsima de la espectacular pelÃcula de los hermanos Cohen: en un lugar anónimo de una enorme ciudad donde todo sucede en el anonimato, este pobre hombre de apellido GarcÃa sufre el secuestro de su esposa, un secuestro tan sospechoso como el famoso embarazo ficticio de la señora del ‘machotrapo’ a la que Yamid Amat alcanzó a organizarle campaña cÃvica. Baste esto último para decir que sÃ, que todo es absurdo y posible en estos pueblos de pobres que no pueden sino pisarse entre ellos. Para comedia de los demás.
Piense lo que quiera de la pelÃcula. Le aseguro que pronto volverá a ella y lo envolverán esas imágenes desoladoras y certeras con las que Rugeles ha narrado las ilusiones imposibles.