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Rayadomán, el estudiante que transforma los grafitis de la U. Nacional

Un estudiante se armó de pinturas para rayar sobre grafitis de izquierda. Se burla de las arengas y caricaturiza a los íconos de la revolución.

Por: Gloria Castrillón
Fotos: David Schwarz

 

Parece una caricatura. Es un hombre menudo, flaco, muy blanco. Se mueve de manera caótica, se contorsiona, se recuesta contra las paredes, se sienta en el piso. No habla. Está semidesnudo: unos calzoncillos que alguna vez fueron blancos y que ahora están llenos de pintura, unas botas de plástico y una máscara antigás hacen parte de su ajuar. Es una especie de antihéroe que recorre los edificios de la universidad Nacional buscando los rayones que hacen “los capuchos” y las organizaciones estudiantiles con mensajes políticos y proselitistas, para intervenirlos y protestar por lo que él llama monopolización del espacio público por parte de estos grupos.

A su paso despierta las más contradictorias reacciones. Algunos lo abuchean e insultan porque creen que está impidiendo la libre expresión de grupos estudiantiles. Le gritan fascista, estúpido. Otros se ríen sin entender por qué deambula y raya sobre los rayones. Otros más celebran que por fin alguien se atreva a contradecir a quienes se apropiaron de las paredes de los edificios para poner mensajes hasta lograr una caótica mezcolanza de colores, rayones y arengas. Hay incluso quienes sueñan con bajarle los calzoncillos y sacarle la máscara para dejarlo en ridículo ante la comunidad universitaria.

Lo cierto es que el señor Rayón, o Rayadomán, es uno de los personajes más populares, y a la vez polémicos, de la vida universitaria de la Nacho. Su perfil en Facebook tiene más de 6.000 seguidores y en las redes sociales que se mueven entre esta comunidad de más de 26.000 alumnos, es tema obligado. El debate se calienta cada vez que decide salir de su escondite para agregarle un “Boss” a la figura y el nombre de Hugo (Chávez), o para reescribir un mural de “Polo en la UN” y dejarlo como “Polo en la luna”, o ponerles un “Amén” a figuras míticas como Jaime Batemán Cayón o el Che Guevara, con el fin de burlarse de lo que él cataloga como la deificación y adoración de estas figuras.

Cada intervención, como él llama a sus esporádicas salidas al campus, están precedidas de un ritual. Hay que decir que detrás del señor Rayón está la Liga, un grupo de estudiantes de diferentes carreras que creó al personaje a finales del semestre pasado,  que discute y decide qué rayones intervenir y cómo hacerlo. Después de un intenso debate, se pacta el día y la hora de salida y se traza un recorrido.

Felipe, el estudiante de 21 años de último semestre de Derecho que encarna al señor Rayón, llega temprano ese día, acompañado de un puñado de estudiantes que lo apoyan. Calienta y estira su cuerpo, se desnuda y se pone la máscara y las botas. Los demás rayan su cuerpo emulando las pintas tradicionales que llenan las paredes de la universidad: el martillo y la hoz del Partido Comunista, el símbolo de la paz y una “R”encerrada en un círculo, que se convirtió en su marca personal.

Su primera salida fue a finales de octubre de 2012, como respuesta a la indignación que produjo la quema del automóvil de un estudiante de ingeniería civil por parte de unos encapuchados, durante una refriega con la policía. Hubo debates en redes sociales y nació de los estudiantes de matemáticas un colectivo llamado “pintemos la Nacho de blanco”, para protestar contra la apropiación de las paredes por parte de grupos como el que quemó el carro, entre otros. Pero el grupo desapareció porque también le surgió una fuerte oposición, que argumentaba que las paredes blancas eran igual a mentes blancas.

En medio de esas discusiones nació el señor Rayón, como una manera alternativa de ejercer oposición a lo que sus creadores llaman realidad política de la universidad. Sus fundamentos son el arte y el humor, su arma secreta es un rodillo, sus herramientas son las pinturas y la máscara, para proteger al superhéroe de la contaminación visual que producen miles de rayones que inundaron todos los espacios, hasta las paredes y techos de las aulas.

Esa primera salida produjo burlas. Muchos creyeron que estaba drogado y subieron fotos a las redes sociales mofándose de semejante personaje. Las siguientes cinco intervenciones le sirvieron para ganar más adeptos y más rechiflas, pero el joven estudiante que está detrás de la máscara del señor Rayón se tomó muy en serio su trabajo, contactó a las directivas de cada facultad para explicar su mensaje: que la comunidad educativa pueda decidir sobre el uso de las paredes por ser un bien público de la universidad. 

“Todos tenemos interés en decir algo sobre lo que pasa con las paredes, hay una dinámica que genera miedo, la gente se queda callada, no dice nada contra estos grupos y así unos pocos monopolizan los espacios de difusión”, dice una joven de la Liga Rayón.

Ella también guarda su identidad. No quiere correr el riesgo de que les lleguen amenazas como les ha sucedido a otros estudiantes que no están de acuerdo con los métodos de algunos grupos clandestinos que generan disturbios en la universidad. Pero aclara que ellos no se oponen a los grupos de izquierda: “Creemos que se deben crear canales de expresión más eficaces, en esta contaminación no se lee nada”.

Quienes se oponen los llaman fascistas, lo acusan de coartar la libertad de expresión de los grupos estudiantiles que reivindican derechos de los mismos estudiantes. La discusión asume una fuerte carga ideológica: “Usted quiere abusar del poder a partir de la dominación discursiva”… “Busca la homogeneización del campus y de las paredes… la homogeneización al mejor estilo fascista, que de una u otra forma usted está reproduciendo”.

Aun así, no es fácil imaginarse las paredes de la “Ciudad blanca”, como se le conoció a la Nacional, así, blancas. Desde los años 70, con el surgimiento del movimiento estudiantil y el auge de los grupos guerrilleros, las fachadas de los edificios se fueron llenando de grafitis, rayas, proclamas y arengas. Cada semestre, la institución invierte parte de su presupuesto en la pintura de las construcciones, pero en pocos días vuelven a estar repletas de rayones.

El señor Rayón quiere seguir llenándose de argumentos para defender su causa y está organizando con su Liga un foro para discutir el tema con altura académica. Lo que aún no tiene claro es quién se apropiará de su tarea y su disfraz cuando se gradúe. Espera voluntarios.

 

 

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