Sandra Murcia, "Tuve que tocar fondo para poder reconstruirme"

Viernes 21 de agosto de 2009

Atrás quedó su pasado: su controvertido matrimonio con ‘Don Efra’ y sus dolorosos años en una cárcel francesa investigada por blanqueo de dinero y complicidad con el narcotráfico. Hoy despierta gran admiración en la sociedad parisina, asiste a cocteles y se codea con grandes personalidades como la actriz Isabelle Adjani. Un renacimiento feliz.

"Me siento más libre y más joven que a los 17 años"
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"Me siento más libre y más joven que a los 17 años" "Pude salvarme gracias al amor de la gente que encontré cuando estuve encerrada" Con la actriz Elza Zylbertein Con Karine Journo, presidenta de la ópera de Paris En la cárcel aprendió a levantar muros, tapar grietas y poner sanitarios.
"Me siento más libre y más joven que a los 17 años"
"Pude salvarme gracias al amor de la gente que encontré cuando estuve encerrada"
Con la actriz Elza Zylbertein
Con Karine Journo, presidenta de la ópera de Paris
En la cárcel aprendió a levantar muros, tapar grietas y poner sanitarios.

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Un adolescente a punto de abandonar el colegio por una adicción a internet aceptó una consulta con Sandra Murcia. A la salida de la primera cita, el joven comentó delante de su madre: “Por lo menos ahora sé que tengo la sicóloga más bella de París”.

La ex modelo internacional bogotana, cuya primera portada en una revista fue en CROMOS, en 1990, se ha convertido en una exitosa profesional con una maestría en Sicología clínica. Entre sus pacientes hay varias estrellas francesas del espectáculo que han encontrado en ella un ejemplo de superación. Codirige además un centro de formación en recursos humanos y forma parte del equipo de un reconocido siquiatra francés.

“Me siento más libre y más joven que a los 17 años –le comentó a CROMOS–. Tuve que tocar fondo, encontrarme cara a cara con mi propia realidad, para poder reconstruirme. No me arrepiento de nada; acepto mis experiencias, incluyendo los momentos de inocencia en los que la confianza excesiva me llevó hasta la inconsciencia”.

En 1994, en los tiempos en que era una reconocida modelo y reina de belleza, Sandra Murcia se casó en Ecuador con Efraín Hernández, mejor conocido como ‘Don Efra’, un negociante colombiano muy rico a quien las autoridades tenían fichado como uno de los capos más poderosos del cartel del Norte del Valle y que fue asesinado en 1996 en Bogotá.

El mismo año del asesinato, y ya divorciada de ‘Don Efra’, Sandra Murcia fue detenida en París bajo la sospecha de estar involucrada en los delitos de narcotráfico y lavado de activos.

Cuatro años después recobró la libertad dispuesta a rehacer su vida. Y de qué manera.

Hoy, o internacional bogotana, cuya primera portada en una revista fue en CROMOS, en 1990, se ha convertido en una exitosa profesional con una maestría en Sicología clínica. Entre sus pacientes hay varias estrellas francesas del espectáculo que han encontrado en ella un ejemplo de superación. Codirige además un centro de formación en recursos humanos y forma parte del equipo de un reconocido siquiatra francés.

“Me siento más libre y más joven que a los 17 años –le comentó a CROMOS–. Tuve que tocar fondo, encontrarme cara a cara con mi propia realidad, para poder reconstruirme. No me arrepiento de nada; acepto mis experiencias, incluyendo los momentos de inocencia en los que la confianza excesiva me llevó hasta la inconsciencia”.

En 1994, en los tiempos en que era una reconocida modelo y reina de belleza, Sandra Murcia se casó en Ecuador con Efraín Hernández, mejor conocido como ‘Don Efra’, un negociante colombiano muy rico a quien las autoridades tenían fichado como uno de los capos más poderosos del cartel del Norte del Valle y que fue asesinado en 1996 en Bogotá.

El mismo año del asesinato, y ya divorciada de ‘Don Efra’, Sandra Murcia fue detenida en París bajo la sospecha de estar involucrada en los delitos de narcotráfico y lavado de activos.

Cuatro años después recobró la libertad dispuesta a rehacer su vida. Y de qué manera.

Hoy, a los 36 años de edad, conserva los encantos que propulsaron su carrera de modelo internacional hasta llegar a filmar un comercial de televisión para L’Oréal en Francia. Así lo constató esta revista a mediados de junio en la inauguración de una exposición en el Quartier Latin.

Cuando entró a la galería de arte Espace Art Fürstenberg, hombres y mujeres giraron al unísono para mirarla y formaron de manera instintiva una pasarela. El coctel de inauguración de la exposición del pintor italiano Sébastien Cafiero se convirtió de improviso en un homenaje a la belleza colombiana.

Esa noche estaban presentes Isabelle Adjani y Elsa Zylberstein, dos famosas actrices francesas de cine. Pero la que deslumbraba era la colombiana. Sin comisuras de exasperación, sin ceño atormentado, sin fatiga existencial crónica. Al contrario, repartió besos y abrazos sin contarlos. Incluso algunos invitados desaparecieron fugazmente envueltos en sus largos brazos y exuberante cabellera.

La heroína de Adjani

Isabelle Adjani es la única actriz en la historia del cine francés en haber ganado cuatro premios César. En 1981 obtuvo además un doble premio de interpretación en Cannes. En el último Festival de Cine de Cannes, su papel de profesora desesperada que toma como rehenes a varios alumnos de un colegio en El día de la falda causó una gran polémica.

Esa noche, Isabelle Adjani, la inolvid de edad, conserva los encantos que propulsaron su carrera de modelo internacional hasta llegar a filmar un comercial de televisión para L’Oréal en Francia. Así lo constató esta revista a mediados de junio en la inauguración de una exposición en el Quartier Latin.

Cuando entró a la galería de arte Espace Art Fürstenberg, hombres y mujeres giraron al unísono para mirarla y formaron de manera instintiva una pasarela. El coctel de inauguración de la exposición del pintor italiano Sébastien Cafiero se convirtió de improviso en un homenaje a la belleza colombiana.

Esa noche estaban presentes Isabelle Adjani y Elsa Zylberstein, dos famosas actrices francesas de cine. Pero la que deslumbraba era la colombiana. Sin comisuras de exasperación, sin ceño atormentado, sin fatiga existencial crónica. Al contrario, repartió besos y abrazos sin contarlos. Incluso algunos invitados desaparecieron fugazmente envueltos en sus largos brazos y exuberante cabellera.

La heroína de Adjani

Isabelle Adjani es la única actriz en la historia del cine francés en haber ganado cuatro premios César. En 1981 obtuvo además un doble premio de interpretación en Cannes. En el último Festival de Cine de Cannes, su papel de profesora desesperada que toma como rehenes a varios alumnos de un colegio en El día de la falda causó una gran polémica.

Esa noche, Isabelle Adjani, la inolvidable Adèle H, de Truffaut, le dijo a CROMOS: “Sandra tiene un físico extraordinario. Pero tiene además una energía muy potente que sobrepasa los criterios tradicionales de la belleza. No es una belleza cosmética ni plástica. Es una persona de una inmensa generosidad que está al servicio de los demás. Conoce las profundidades del alma. Su mirada es de una inmensa compasión. A su lado, uno se siente protegido. Sandra es una fuerza que proviene de la tierra y al mismo tiempo es muy celeste. Espero que algún día se escriba un gran libro sobre ella y se haga una gran película porque es una vida apasionante, heroica y ejemplar”.

La admiración que despierta la colombiana en esa leyenda del cine quizá la pueda explicar Christine Feenay, cuyo trabajo consistía en descubrir músicos con talento en Italia. “En cuanto la vi me di cuenta de que era especial. Sus manos me llamaron mucho la atención. Sandra busca lo que hay de mejor en la persona, aquello que no ha sido descubierto por los demás, ni siquiera por la persona misma”. Animada por la colombiana, Feenay decidió retomar los estudios a los 65 años y se inscribió en un curso de Bellas artes.

Miss Francia

En la práctica de su profesión, Sandra Murcia ha constatado lo útil que puede ser ese carisma. “A los pacientes con funcionamiento sicótico, la belleza les llama mucho la atención. Yo soporté durante un mes a un paciente con una cámara fotográfica detrás de mí. Otro volvió a poner atención a su aseo personal. En un grupo de terapia clínica, en el que creábamos sicodramas, organizaron un concurso de belleza y me eligieron Miss Francia”.

En enfermos cuya vida interior se ha ido apagando poco a poco es muy difícil suscitar el interés, requisito previo para transmitir cualquier mensaje. De ahí la admiración con que habla de ella el director médico de la asociación de salud mental del arrondissement (distrito)XIII de París, reconocido siquiatra y sicólogo francés y profesor universitario. “La seducción está presente desde muy temprano: el bebé, por ejemplo, es seducido por la madre. En pacientes graves que sufren una regresión y vuelven a ser bebés, en el sentido sicológico del término, Sandra Murcia logró suscitarles interés y admiración. Ella sabe utilizar la seducción y la belleza. Es capaz de encender en los pacientes una llama de vida”.

Cuando ella partió de ese servicio hospitalario, los pacientes se pusieron de pie y la aplaudieron. “Algo muy raro y excepcional en esos enfermos”, agregó el siquiatra.

En el jet-set

En 2000, recién recobrada la libertad, Sandra Murcia ingresó a la Universidad Paris VII Jussieu, donde obtuvo el diploma en Sicología clínica cinco años más tarde.

También obtuvo una maestría en esa misma universidad con una tesis sobre cirugía plástica en la construcción del individuo. Desde hace dos años trabaja con el cirujano plástico Philippe Bellity.

“Sandra analiza con los pacientes temas como la culpa de someterse a una cirujía plástica y el estrés de la cicatrización”, nos explicó ese reputado médico de la Clínica Elysée-Montaigne. “Su actitud es humilde y maternal. Su máscara de modelo cae cuando se ocupa de ellos. Las mujeres no la ven como una rival. Es cierto que vive en un medio muy jet-set, que se codea con personas de mucho dinero, pero al mismo tiempo sabe seguir siendo ella misma. Creo que para ella el contacto con esos pacientes es una buena terapia”.

Porque con una agenda como la de ella muchos perderían el contacto con la realidad. Sandra Murcia ha estado en fiestas con los actores Johnny Depp y Gerard Depardieu. Para citar sólo dos ejemplos del círculo exclusivo en el que se mueve, a mediados de junio estuvo en una noche de gala con mecenas de la Ópera de París. Su foto fue publicada después en la revista de celebridades Point de Vue en la misma página en la que salían, entre otros, el ministro francés de Educación Xavier Darcos, un príncipe kuwaití y dos condes.

A finales del año pasado, asistió también a una fiesta organizada por Laudomia Pucci, la hija del fundador de la célebre marca italiana, en la que estuvieron, entre otros, la esposa del presidenteuna tesis sobre cirugía plástica en la construcción del individuo. Desde hace dos años trabaja con el cirujano plástico Philippe Bellity.

“Sandra analiza con los pacientes temas como la culpa de someterse a una cirujía plástica y el estrés de la cicatrización”, nos explicó ese reputado médico de la Clínica Elysée-Montaigne. “Su actitud es humilde y maternal. Su máscara de modelo cae cuando se ocupa de ellos. Las mujeres no la ven como una rival. Es cierto que vive en un medio muy jet-set, que se codea con personas de mucho dinero, pero al mismo tiempo sabe seguir siendo ella misma. Creo que para ella el contacto con esos pacientes es una buena terapia”.

Porque con una agenda como la de ella muchos perderían el contacto con la realidad. Sandra Murcia ha estado en fiestas con los actores Johnny Depp y Gerard Depardieu. Para citar sólo dos ejemplos del círculo exclusivo en el que se mueve, a mediados de junio estuvo en una noche de gala con mecenas de la Ópera de París. Su foto fue publicada después en la revista de celebridades Point de Vue en la misma página en la que salían, entre otros, el ministro francés de Educación Xavier Darcos, un príncipe kuwaití y dos condes.

A finales del año pasado, asistió también a una fiesta organizada por Laudomia Pucci, la hija del fundador de la célebre marca italiana, en la que estuvieron, entre otros, la esposa del presidente de Louis Vuitton, la esposa de un príncipe qatarí, la hija del actor Alain Delon y dos Miss Francia, según informó Paris Match, que publicó una sola foto de esa velada: la de Sandra Murcia, “una bomba suramericana con una sonrisa devastadora”.

Imagen de marca

Pero ella sostiene que ya no frecuenta el mundillo de la farándula: “En 1993 yo sí formaba parte del show-bizz; era incluso una adicción a ese sistema donde todo el mundo mira a todo el mundo buscando qué hace el otro, detallando los defectos, existiendo mediante conversaciones superficiales. Pero ahora frecuento la gente que patrocina a los artistas: constructores inmobiliarios, banqueros, dueños de cadenas de restaurantes...”.

Su contacto con media docena de estrellas y gente del espectáculo es por razones profesionales, como coach personal. “Algunos artistas no pueden despegarse de su imagen pública. Comienzan a vivir en el pensamiento y en la mirada de los otros. Pero la gente te ama por tus cualidades y luego te detesta por tus defectos. La imagen es un instrumento, pero trabajar con ella encierra y despersonaliza. Las celebridades que me consultan sienten que voy a comprenderlas. Así no sepan todo de mi vida, se dan cuenta de que si sigo de pie es porque soy un ejemplo vivo de que es posible superar esos complejos”.

Porque Sandra Murcia tiene la capacidad de mostrarse equilibrada y jovial en un medio regido más que cualquier otro por el qué dirán. Varias personas que la conocen evocan su naturalidad. Incluso excesiva para ciertos colombianos que le reprochan no pintarse más a menudo las uñas. Como si a fuerza de relativizar la imagen, se hubiera vuelto negligente con la suya.

Pero esa es una falsa impresión. El fotógrafo Diego Franco Medina está preparando un libro de fotografías artísticas sobre ella: “Sandra ejerce un estricto control de su imagen de marca. Sabe muy bien la representación que quiere dar de sí misma: ni muy joven ni muy madura; una dulce mezcla de mujer latina intemporal que podría tener 30 ó 40 años. Tiene un cabello extraordinario con el que puede hacer lo que quiera, pero su punto más fuerte es la mirada”.

Esa puesta en escena es un trabajo a cuatro manos con Bony, su peluquera: “Cada vez que la peino es como crear el personaje de un guión”.

Números de urgencia

El escenario donde ella sale a rodar esa película es la sociedad parisina. Pero para acceder a ese exclusivo universo se requieren contactos. Ella los obtuvo gracias a su abogado, François Binet, representante legal de varias estrellas francesas, entre ellas Gerard Depardieu.

“Cuando uno conoce a una persona tan excepcional como Sandra Murcia quiere presentársela a otros –explica Binet–. La gente se muestra al principio intrigada, pero también desconfiada porque piensan que soy subjetivo. Pero después de conocerla me dicen : ‘Es incluso mejor de lo que me habías dicho’ ”.

Varios encuentros claves facilitados por ese abogado explican en buena medida la exitosa reconstrucción de Sandra Murcia. De ahí la definición que tiene ella de la buena fortuna: “A cada momento de nuestra vida alguien viene a completar, mover o cambiar las situaciones. Para mí, la suerte es la capacidad de percibir esos encuentros”.

Su empresa es ejemplo de ello. Sandra Murcia es directora de Desarrollo de los Cursos de Formación de la AFIREP (Acompañamiento y Formación, Instituto de Investigación para la Expresión de Potencialidades), un centro educativo en recursos humanos. El padre de una paciente, un empresario que ha creado una quincena de colegios y centros educativos en París, la apoyó para lanzar ese proyecto que está sacando adelante con una georgiana, Tamta Tsilosani, su mano derecha.

La AFIREP propone unos 60 cursos y talleres destinados a personal de la educación, la salud y las empresas. Una veintena de consultores ofrecen formaciones en temas que incluyen sexo virtual, obesidad, depresión, estrés, agresividad, sofrología, relajamiento y gestión de conflictos interpersonales.

Esa empresa no es un sueño de infancia: “Las niñas sueñan con ser princesas; yo lo fui. Pero lo que tengo ahora es una realidad concreta, palpable. ¡Existe! No está sólo en mi cabeza ni son cosas que se puedan derrumbar”.

Albañila

Lo que ninguna niña sueña, en cambio, es con ser albañila. Sandra también lo fue. En su hoja de vida, en el capítulo ‘habilidades’, figura que entre 1997 y 2000, bajo la supervisión del personal penitenciario del centro de reclusión de Fresnes, aprendió a levantar muros, tapar grietas, pintar, renovar baños, poner sanitarios, pegar papel de colgadura, colocar tapetes y pisos de madera. “Lo que más me gustaba era pintar los marcos de las ventanas. Pero lo que más me desahogaba era tumbar paredes”.

En esa labor estuvo acompañada por dos guardianes: “Thierry y Jacques me enseñaron muchísimo de construcción; se portaron conmigo como dos ángeles”. Y no fueron los únicos ángeles guardianes: “En esa situación desastrosa en la que estaba, cuando había perdido el amor del público por las miserias que escribieron los diarios, cuando corría el riesgo de perder el amor de mi familia, cuando estaba sola, cuando acababa de perder a un ser querido porque lo acababan de asesinar, en ese momento conté con el amor y el cariño de un sicólogo, muy profesional y muy humano, así como del director del penal. Pude salvarme gracias al amor de la gente que encontré cuando estuve encerrada”.

Esa experiencia ha encontrado hoy, ocho años después, un espacio en la vida de la ex modelo. Un colombiano le propuso crear una empresa para realizar trabajos de pintura, renovación y decorados. La empresa es hoy una realidad: Vivancia emplea a tres colombianos y un boliviano.

Ella es la gerente, se encarga de conseguir los contratos y verificar las obras: el primer día calcula el precio y el último controla la calidad. Norberto Rubiano es el socio y maestro de obra: “Ella conoce ahora los precios mejor que yo, por ejemplo, cuánto vale el estuco por metro cuadrado”.

Cuando evocó su vida de obrera, le preguntamos si no era un trabajo muy duro en el que se necesitaba mucha fuerza. “Sí, muchísima, pero la saqué”.

Esa fuerza es el único punto común en el que puede pensar Diane Henny para ligar la Sandra que ella conoció en la universidad con aquella que cayó en una espiral infernal. “Es una self-made woman que parte prácticamente de nada y logra reencontrarse”. Otro compañero de la universidad, Francis, prefiere una metáfora para hablar de su amiga: “Es un caballo de carreras”.

Pero en el deporte ecuestre, su especialidad no sería la velocidad, sino el salto de obstáculos porque según Binet “ella ya está del otro lado, saltó el muro y está ayudando a otros a saltarlo”. Cuando le pedimos precisar esa imagen agregó: “Voy a plantearle una pregunta como abogado penalista desde hace 30 años: ¿cuántas personas que han atravesado las pruebas que ella vivió habrían logrado esta transformación.

Sandra Murcia me sorprende y emociona cada vez que la veo. Porque me digo que es verdaderamente posible tomar el destino en las manos y olvidar el sufrimiento. Nunca había visto a alguien capaz de transmitir a las personas de las que se encarga esa facultad oculta en ellos mismos de abrirse súbitamente a los demás, lograr que se miren menos a ellos mismos y miren un poco más a los otros. Nunca había visto a alguien tan bello en el exterior como en el interior”.

Asbel López | Cromos.com.co
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