Los sabores del sexo

Martes 25 de mayo de 2010

¿A qué sabe el sexo? ¿Qué tan importante es la boca a la hora de tener una relación sexual? Recuerde que todo comienza con un beso.

Los sabores del sexo

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Primera regla del sexo: dejar el pudor a un lado. Aunque no es fácil lograr despojarse de ciertos mitos y tabús que, por lo general, vienen de tiempo atrás, es necesario intentarlo para poder disfrutar el acto de manera plena. Porque si bien todos los sentidos tienen un papel primordial en el juego erótico, no cabe duda de que, a la hora del sexo, el gusto y el sabor son de suma importancia; después de todo, la lengua es uno de los órganos que más se usa en una relación. Recuerde que todo comienza con un beso.

Y, aunque muchos piensen lo contrario, no todo entra por los ojos. La lengua es el órgano clave para determinar si el sabor de algo nos gusta o no, incluido, por supuesto, el sexo: más de 10.000 papilas gustativas que se regeneran de manera constante nos permiten distinguir entre un sabor dulce, amargo, salado o ácido.

El sabor del otro despierta y activa nuestras demás sensaciones; al igual que sucede con los alimentos, la lengua entra en contacto con células sensoriales que envían impulsos al cerebro. Algo que despierta nuestro deseo y hace la relación sexual mucho más placentera, pues está comprobado que la atracción sexual aumenta y se desarrolla cuando el cerebro puede relacionar un sabor agradable con alguna persona.

Pero para disfrutar del sexo oral y sus sabores hay que despojarse de la vergüenza. Para algunos resulta más difícil que otros porque ciertos fluidos del cuerpo pueden repelerlos en vez de excitarlos. Por eso, es bueno recordar que el sabor de éstos está sujeto a la dieta que cada persona lleve. Un motivo más para alimentarse de manera saludable.

Hay que tener en cuenta que no todas las partes del cuerpo tienen el mismo sabor ni la misma textura. “Un mal sabor puede arruinar un buen momento”, dice Adriana Sáenz, estudiante universitaria. En cualquier caso, no cabe duda de que en la lengua hay una verdadera fuente de placer: el sexo oral es el complemento ideal del acto sexual. Lamer, besar, degustar el cuerpo y las partes íntimas del otro sirven para identificarlo. “El sexo puede tener muchos sabores –dice Andrea Gómez, publicista–. A mí me sabe a sal por los sudores y los fluidos del cuerpo”.

Por eso, una vez entregados al goce de los sabores, no está de más usar la imaginación o complementar el acto con distintas ayudas. El uso de comida en el sexo, por ejemplo, es una práctica que muchas parejas utilizan. Valerse de frutas como fresas, melocotones o uvas; regar chocolate o leche condensada en el cuerpo del otro para luego saborearlos, son juegos eróticos que le dan vida la relación. Pero hay que tener cuidado: si el hombre es muy velludo, por ejemplo, algunas sustancias pueden quedarse pegadas una vez se sequen.

Para evitar ese tipo de situaciones, el mercado está lleno de estímulos especializados que permiten explotar al máximo el sentido del gusto: aceites de sabores comestibles para lubricar el cuerpo y degustarlos; condones y lubricantes con sabor a frutas (que, mal usados, pueden generar infecciones en la vagina y el recto por su contenido de azúcar); cremas y geles de diferentes sabores para untar en el cuerpo y estimular a la pareja, y hasta ropa interior comestible que se disuelve fácilmente al contacto con la saliva.

Disfrutar del sexo oral y aprender a reconocer los sabores del otro hacen parte de una sexualidad sana. Cada pareja debe ir descifrando poco a poco los sabores del sexo. Después de todo, como escribe Vargas Llosa, “el erotismo es un juego privado, en el que sólo el yo, los fantasmas y los jugadores pueden participar”.

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