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Liliana Ghrois, la mujer que logró conquistar el corazón de Pacheco

*En julio de 1972 CROMOS reveló los detalles del romance con la mujer que enamoró al soltero más empedernido de la época.*

A partir de esta página encontrarán ustedes una historia de amor.

Es una historia de amor como cualquiera, pero no es una historia de amor cualquiera. La protagonizan una mujer muy bella, Liliana Grohis, y un hombre famoso por varias cosas, entre otras, por soltero: Fernando González Pacheco.

Además los dos han hecho a CROMOS, por aparte y paso a paso, el relato de su romance desde el primer flechazo hasta la plenitud. Hasta se pueden comparar las dos versiones. El resultado ha sido este documento exclusivo de la intimidad de dos personas de la más popular actualidad, en el cual si algo brilla es la sinceridad, la sencillez y la autenticidad de los personajes.

Claro: la notica es "el matrimonio del año" entre Liliana Grohis y Pacheco. Pero lograda después de días de persecución a la pareja por parte de Henry Holguín, redactor, y Oswaldo López, fotógrafo. Aquí está además la otra cara de la noticia.

 

Pacheco cuenta su historia

" ... Hombre, no veo de qué se asombran ustedes. Pacheco no podía vivir soltero toda la vida... algún día tenía que  casarse, 'ajuiciarse' y volverse un hombre de hogar. Les aseguro que el primer sorprendido soy yo. Porque con estos bigotes y esta cara, no es fácil conseguirse una mujer tan maravillosa como Liliana.

"La cuestión es muy simple. Me caso porque estoy enamorado... por primera vez en mi vida, además. Y quiero que eso quede muy en claro. Muchos dudaron sobre mi matrimonio. Muchos pensaron que no me casaría, que todo era un ‘show’. Ahora pueden ver que era cierto.

"A Liliana la conocí una tarde, hace cinco meses, cuando animé un desfile de modas en Tuluá. La vi desfilar y me gustó mucho físicamente. Pero, para ser sincero, me pareció que era muy "reina". Un tanto creída, muy poseída de su papel de soberana. A mí las reinas nunca me han gustado mucho.

"La volví a ver poco después en Cartago, cuando fui con el equipo Estrellas de Televisión a jugar contra el seleccionado de médicos. En el estadio de Cartago, mientras jugaba, la vi una o dos veces. Entonces me gustó más.

- Esa noche tuvimos fiesta. Y o estaba en una mesa, bailando con diversas señoritas y Liliana se encontraba un poco alejada de mí. De pronto, sentí deseos de bailar con esa chiquilla preciosa... y no me aguanté.

Me levanté de la mesa, llegué hasta donde ella estaba y le dije:

-Oiga... ¿usted es que no va a bailar conmigo...?.

Confieso que estuve un poco brusco, y Liliana dudó un instante, porque mi petición no era muy caballerosa que digamos. Pero al fin dijo sí, y entonces comenzamos a bailar. Cinco minutos después, me di cuenta de que tenía entre mis brazos, sobre la pista, a una mujer maravillosa, excepcional... en definitiva la mujer de mi vida. No sé cómo ocurrió. Dicen que el amor es así, como un flechazo. O sería porque estaba enguayabado y cuando estoy así me pongo más romántico que de costumbre. Yo había bebido algo la noche anterior y durante el día dormí como un lirón, en el carro que me trajo desde Pereira y en el hotel. Pero todo mi malestar se esfumó esa noche mientras bailaba con Liliana.

 

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No sé cómo explicarlo. Ya no era la "reina" la que tenía conmigo, sino una muchachita tímida, sumamente infantil, pero a la vez muy mujer, muy madura en sus cosas.

En fin, bailé un rato con ella. Y después la acompañé a su casa. Eran  las dos de la mañana. Cuando nos separamos, ya entre nosotros se había establecido una relación silenciosa, como una línea eléctrica que nos uniera... Yo la miré  a los ojos y le dije:

- ¿Puedo llamarte por teléfono de vez en cuándo?

Ella me dijo que sí, y me sonrió.
iAy! maestro ... ¡Usted no sabe lo que es una sonrisa de Liliana ... !

Al otro día, viajé a Bogotá. Era domingo y tan pronto llegué, llamé a la casa de Liliana. El teléfono repicó y repicó... al final me respondió y pude hablar con ella. Es difícil saber de qué hablamos. Y o estaba encantado con esa muchachita dulce que parecía comprenderme tan bien.

Ese mismo día la llamé otras tres veces. Todavía no éramos nada. Charlábamos y en nuestra conversación llegábamos hasta cierto punto, como si existiera un acuerdo tácito para no apresurarnos demasiado. Al día siguiente la llamé cuatro veces... y desde entonces, dondequiera que haya estado, no he dejado de llamarla un solo día. A veces me he comunicado con ella hasta cinco o seis veces en solo 24 horas.

Unos cinco días más tarde, yo me atreví a cruzar la línea invisible que separaba la amistad del amor entre nosotros. No me acuerdo bien de cómo fue. Solo sé que, de pronto, yo le estaba hablando de cosas íntimas, muy mías, que nunca había confesado a nadie. Al final de un enrevesado diálogo, en el que yo llevaba la peor parte (no podía hablar, sentía como un nudo en la garganta) le pedí que me dejara viajar a verla.

Ella me dijo que sí. Pero me advirtió que su padre era muy severo. No importa, le contesté; estaría dispuesto a ir a verte, aunque vivieras en Vietnam... Y fui.

 

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En realidad, su padre es un hombre muy serio, muy seco en su tratamiento social, pero una gran persona en el fondo. Vi a Liliana en su casa, charlamos a solas unos minutos... y entonces descubrí que a su lado encontraba la tranquilidad y el descanso que necesitaba. Tal vez ustedes no me entiendan. Se necesita trabajar en "esto", (el
'show', el periodismo, el espectáculo) para saber que nuestra vida es agotadora. Sobre todo la vida de "Pacheco". Soy un hombre que debe andar por la calle respondiendo saludos, contestando preguntas idiotas, siendo amable todo el tiempo, no importa los problemas que tenga. Siempre debo sonreír, aunque por dentro me esté muriendo. Por esto, la conversación simple y sincera con Liliana me hace el mismo efecto que un buen baño turco después de 18 horas de trabajar en tierra caliente.

El primer día de visita conocí a sus amistades, a su familia, y me di cuenta de que estaba en un lugar limpio y honesto. Cartago es un pueblo maravilloso, poblado por gente muy buena. Y yo he llegado a ser un vallecaucano más.

El miércoles siguiente me dije: ¿Qué te pasa, Pacheco?

Ya iba en el avión, otra vez hacia Cartago. La cosa se estaba poniendo color de hormiga para mi soltería. Pero de nada sirvieron las preguntas ni las reflexiones. Estaba enamorado como un niño.

Comencé entonces una maratón que tengo que terminarla antes de que me quiebre. Durante los últimos cuatro meses he viajado de Bogotá a Cartago todas las semanas, sin excepción. Viajo los miércoles y regreso los viernes en la mañana. Además, seguimos hablando por teléfono tanto como el primer día. Hemos tenido conversaciones hasta de dos horas.

Pero, ¿sabe una cosa? Mientras yo me enamoraba más y más de Liliana, ella se resistía a entregarme su amor. Los chismes, la mala fama, la comidilla en todas las tertulias, la alejaban de mí a cada momento. Ella es sencilla, no gusta de la publicidad y el mundo en que yo vivo debe parecer espantoso para una persona con ese carácter.

Liliana, hasta último momento, pensó que yo me estaba burlando de ella. Nunca creyó que mis relaciones eran en serio y se dejó convencer por la gente que le decía que no me hiciera caso.

Un buen día, hablando con ella por teléfono, la noté distinta, como enojada. Comenzamos a discutir y ella no quería
reverlarme las causas de su disgusto. Por fin, me las di de valiente y le dije:

-Entonces Liliana, ¿Crees que es mejor que terminemos?

Y ella me dijo que sí.

Era una cosa muy fregada. Yo duré semanas sin llamarla, sufriendo como un desesperado, sin saber qué hacer, preguntándome dónde diablos estaba mi error. Pero no duré mucho así. Pronto pedí "canoa" y logré reanudar sin explicaciones la relación cortada. Fue un largo tiempo de disgustos, de conversaciones que parecían ocultar algo, de silencios y cosas oscuras.

Durante este lapso, mientras Liliana luchaba consigo misma y con los chismes de la gente, ella me dio "la brocha" tres o cuatro veces. Siempre lo mismo, sin motivo, sin explicación alguna. Terminamos, y ya. La última vez la  llamé dispuesto a despedirme definitivamente. No sé, fue un momento muy triste. Pero lo aproveché bien. Le hablé a Liliana durante una hora o más. Sin saber las causas de su injusticia, le expliqué claramente y tratando de que me creyera, cuáles eran mis sentimientos por ella. Le dije que la quería. Que nunca había querido a nadie y que estaba dispuesto a casarme con ella. Al final, después de un monólogo que me dejó cansado, con un sabor amargo en la boca, le dije en un susurro:

-Al fin y al cabo, Liliana, si no quieres ser mi esposa, no te pueblo obligar... solo quiero decirte una cosa. Nunca  vas a encontrar quien te quiera como yo.

Y colgué.

Minutos después, timbró mi teléfono. Era Liliana. Estaba serena, pero parecía como si hubiera despertado de un largo sueño. Me dijo que también me quería, y me contó toda la historia. Me dio tanta rabia pensar que durante todo ese tiempo ella había dudado de mí, que no le dije nada. Pero al otro día viajé a Cartago, y en los bolsillos llevaba las argollas.

 

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Liliana se arrepintió de su actitud y prometió no volver a botarme nunca más. Desde ese día no volvimos a pelear. Han sido cuatro meses de un romance maravilloso.

Supongo que Liliana debe ser celosa. Pero no lo demuestra nunca. (Claro que yo con solo verle relampaguear los ojos negros, sé si está brava o no). Yo soy mucho más celoso que ella de todos modos. Lo mejor que tiene es su forma de ser. Su juventud radiante, su seriedad y una feminidad extraordinaria. Es la mujer más femenina que ha pasado por mi vida. De Liliana no me disgusta nada. Claro está que no es una mujer perfecta. Pero sus pequeños defectos los irá corrigiendo ella misma. Además es muy joven, y eso es bueno para un hombre como yo que  aspira hacer una mujer a su medida.

¿Sabe otra cosa? Es bueno encontrar una mujer que lo quiera a uno como Fernando González nada más y no como
Pacheco. Sin .maña, enamorada de lo que uno vale y no de lo que aparenta. Ella es la única mujer en el mundo que me ha conocido y comprendido de verdad.

Ahora, mis sueños se han cumplido. Mi luna de miel se llevará a cabo en Chile, Argentina y Brasil, itinerario escogido por mí. Después la que escogerá será ella.

Volveremos a Bogotá y viviremos durante tres meses en un apartamento del norte. Mientras tanto, ella escogerá una casa a su gusto. Y también la amoblará como ella quiera. Al fin y al cabo, en el hogar manda Liliana.

Creo que, para terminar, vale la pena enviar un mensaje cordial a los millones de colombianos que me ven todos los días en las pantallas de televisión, y que me deben considerar como algo de su propiedad:

Yo creo que todos en la vida pasamos por un momento en que tenemos el derecho y la obligación de formar un  hogar. Es la aspiración de todo hombre normal. Yo, después de casado, seguiré siendo el mismo Pacheco de   siempre y trabajando en lo que me gusta. Le doy excusas por mi matrimonio a la enorme cantidad de envidiosos a quienes les gustaría casarse con una mujer extraordinaria. Y a Liliana... que la quiero y la querré siempre.
Gracias, Pacheco".

 

Liliana cuenta su propia historia:

"No sé por qué lo hago, tal vez por tratarse de CROMOS, pero es muy .difícil contar esta historia. Es como  entregar en pedazos algo muy de uno, muy de adentro, para que todo mundo lo conozca.

A Fernando -no hablemos de Pacheco, ¿quiere?- lo conocí una noche cualquiera .cuando participé en un desfile de modas. Recuerdo que estaba muy "pinta" con su chaqueta blanca y el bigote recién arreglado. Confieso que los programas que más me gustaban en la televisión eran los que él animaba. Por eso, no niego que lo miré con algo de interés. Pero tampoco es cierto lo que él dice a veces, que casi me voy de espaldas cuando lo vi. En realidad, él era el que parecía impresionado.

Esa noche fui a la fiesta del Club sin pensar en Fernando para nada. Al entrar, lo vi sentado en la mesa, mirándome con sus -ojos tristes. Lo saludé con una inclinación de cabeza y después se acercó hasta donde yo estaba. No saludó a nadie, aunque estaba sobrio, y se dirigió a mí diciéndome de mala manera que fuéramos a bailar.

Mi primer impulso fue mandarlo al diablo. ¿Qué se creía este animador? Nunca me han gustado los animadores, personalmente hablando, y me "cargaba" la egolatría que Fernando parecía respirar por todos sus poros. Sin embargo, me quedé mirándolo, entre sorprendida y asustada, y descubrí la verdadera identidad del gran "Pacheco".

Tras los gigantescos bigotes, la mirada dulce y la aparente rudeza de su trato, se esconde un hombre, muy maduro, muy serio, pero al mismo tiempo muy solo, que necesita cariño y compañía.

Yo me levanté y bailé con él. Conversamos y momento a momento me gustó más y más. Comprendí que había un abismo entre Fernando González y "Pacheco". El de la televisión, un ser necesariamente alegre y falso, y el de la vida real, un hombre inteligente, interesante, con un nivel intelectual superior, inquieto y comprensivo.

Al final me llevó a la casa. Lo recordaré siempre como lo vi esa vez, mientras se despedía de mí, preguntándome si podría volver a llamarme.
Le dije que sí.

Al día siguiente yo fui la primera sorprendida ante el aluvión de llamadas telefónicas. Hablamos largo rato y al final mi familia comenzó a bromear. Yo les aseguré que no era nada en serio y la cosa no pasó a más.

Al otro día me llamó otras cuatro veces. Yo descubrí que cuando un hombre llama varias veces desde Bogotá a Cartago, solo por hablar con uno, es porque hay algo en su corazón.

 

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Y descubrí otra cosa más grave: a mí me gustaba que me llamara.

¿Qué más? Unos días después, de pronto, Fernando vació el cántaro de su soledad por el teléfono. Me dijo que me quería y yo, sinceramente, me: asombré al ver que el teléfono temblaba en mis manos. Lo autoricé para que viniera a visitarme y nunca creí que lo hiciera Por eso me asombré al verlo, en mi casa, hablando con mi padre.

Después ya no me asombraría tanto. Por que Fernando siguió viajando religiosamente cada ocho días para verme.

Pero a pesar de esta demostración de amor, yo tenía problemas. Sabía los otros líos que Fernando había tenido. El, un hombre bueno, 'es blanco de muchos chismes que le han creado fama de " lobo": No es cierto. Pero en ese  entonces yo lo creí.

Se me metió en la cabeza que Fernando no habría de casarse conmigo. Mis amigas me decían: Acuérdate de... perdón. No sé si debería hablar de esto. A lo mejor a Fernando no le va a gustar pero es mejor llamar '!as cosas por su nombre. Sí, me decían: "Acuérdate de Carmenza Duque". Y agregaban que Fernando se había burlado de ella. (Después habría de enterarme que la cosa no fue así).

Entonces, comencé a cometer errores. Quería pelear con él, pero no me daba motivo. Y lo peor es que sentía que momento a momento me estaba enamorando. No podía engañarme más, lo quería y si no deseaba sufrir más adelante, debía cortar antes de enamorarme perdidamente.

Entonces, lo "corté". En una llamada telefónica le dije que termináramos. Después me encerré en la habitación a llorar. Los otros días fueron un infierno. Si el teléfono timbraba, yo corría a contestar... y qué desilusión al saber que no era él. No podía llamarlo después de "darle la brocha" porque me quedaba mal. Pero él me llamó. Y yo, feliz, reanudé las relaciones.

Después de eso, siguió una época en la que tódavía dudaba y me dejaba convencer. A veces me decidía y lo mandaba al diablo. Pero una vez me llamó, muy seriamente. Yo noté su voz distinta, (no era triste, tenía algo de decisión y al mismo tiempo parecía hablar con el corazón). Me dijo que me quería pero que no podía obligarme a que me casara con él. Después se despidió y colgó. Entonces, me tocó llamar a mí.

Y... nunca más volvimos a pelear, hasta hoy, cuatro meses después, cuando nos casamos.

¿Qué más les puedo decir? Pienso ser muy feliz, me gustan Bogotá y su clima. En cuanto al trabajo de Fernando... pues una no puede escoger. Y si a él le gusta, que siga mientras pueda con su televisión.

A los millones de mujeres que consideraban a Pacheco como algo suyo, como un personaje familiar que entraba a la casa todas las noches en la cajita mágica del televisor, quiero decirles que no interferiré para nada en su vida artística, que no trataré de protegerlo de sus admiradoras ni de su popularidad.

Y que lo quiero mucho. En el Valle del Cauca, cuando quieren burlarse de alguien, le dicen que es "grande y feo como Cartago". Pues bien. yo nací en Cartago. Y puedo decir que Fernando González es grande, feo y bueno -sobre todo bueno- como lo es mi tierra Liliana Grohis".

LOS HORÓSCOPOS DE LILIANA Y FERNANDO PREPARADOS POR ANOUK

No es tan fácil decir algo concreto sobre la novia de Pacheco, porque ella pertenece al signo zodiacal con reacciones más extrañas y contradictorias. Por ejemplo: el acuariano puede ser convencional, amigo de la tradición. Y apegado a cosas y personas al mismo tiempo que cae en el extremo de la excentricidad, odia los convencionalismos y siempre hace lo que le viene en gana sin importarle un comino la opinión de los demás; puede  parecer desafecto de los suyos con un desapego rayano en la más asombrosa indiferencia; puede ser sociable, comunicativo y locuaz así como huraño e insociable. Lo que sí es innato en los acuarianos es su espíritu fraternalista y su indeclinable amor por la libertad; por tanto son rebeldes, independientes y se molestan tremendamente cuando alguien interviene en sus vidas o trata de sujetarlos a normas y leyes.

Liliana gusta de la sociedad y, por supuesto, de estar rodeada de amigas y sentirse admirada y atendida en los clubes sociales o en las fiestas donde se encuentre. Existe armonía emotiva y sus sentimientos son nobles, altruistas; es sincera, leal, ambiciosa, guardando una firmeza y paciencia para el logro de lo que se propone, en abierta contradicción con una manifiesta timidez y falta de confianza en sí misma que hace que se inhiba con frecuencia  entorpeciendo la realización de sus ambiciones. En el fondo es bastante pesimista. Hay días en que todo lo ve de color gris; con una cierta amargura y desconfianza lo cual la hace sentir frustrada. Suele ser descuidada, dejada, abúlica, perezosona; se deja influenciar, aunque demuestra a veces una tozudez y obstinación que no conducen a ninguna parte.

Aunque su genio aparentemente es apacible, comunicativo y locuaz, suele ser dura, imponente, orgullosa y, como su novio, sufrir de las mismas reacciones coléricas en forma inopinada que sorprenden aun a sus más allegados, todo ello no exento de cierta brusquedad y manera de contestar en forma imprevista, seca o demasiado directa que causan molestia a sus amigos. La imaginación es viva demostrando rapidez de captación;  pero aun así, es muy aficionada a fantasear, por lo cual debe dar la impresión de que se mantiene "cazando globitos", un poco desmemoriada y como que no atina a concretar bien sus pensamientos.

¡Ah! y naturalmente Acuario produce los ejemplares de más rara hermosura entre el sexo femenino. La belleza de las acuarianas es diferente, como toda su persona, su carácter, su manera de pensar; poseen extremidades demasiado alargadas; un cuello muy espigado; una rara forma hexagonal en el rostro; manos y pies grandes; quizá estudiándolas a fondo son susceptibles de crítica, pero en conjunto obligan a seguirlas con los ojos. El mayor ejemplo de belleza acuariana es la no menos famosa Ursula Andress; no nos extrañemos pues de la belleza de esta mujer vallecaucana.

Consejos para Pacheco: No vaya usted a cometer el error de quererle imponer sus ideas a la fuerza, ni trabarle en sus acciones, ni tratar de someterla a leyes preconcebidas, porque lo más seguro es que ella reaccione en forma brusca y extremadamente rebelde, y usted colérico y ella colérica... bueno, no sería extraño que quebraran unas cuantas piezas de la vajilla. Cuide de no sacar a relucir su típica chocantería virginiana  cuando usted se moleste por algo que ella dejó de hacer, o porque  encontró un poquito de polvo en alguna mesa, o porque le faltó un botón a su camisa... No le haga berrinches o caprichos, porque seguramente se reirá de usted y no le parará ni  cinco de bolas. Ayúdela a concretar sus ambiciones y eso sí, trate con suavidad de que sea más ordenada, porque lo más  probable es que no sepa dónde se hallan las tijeras, ni la caja de costura, ni el libro de recetas de cocina, aunque a lo mejor los tiene en la mano y no se ha dado cuenta! ...

Acuérdese que Liliana es una mujer emotiva, con una notable armonía en sus afectos, es universalista, también bondadosa, servicial, pero no crea en un exceso de cariño demostrativo, porque usted se sorprenderá muchas veces al encontrarla fría, alejada, huraña. Ella sí es cariñosa, hogareña, sensitiva, pero no zalamera. Y sobra decir que usted se llevará al altar a una bella entre las bellas de Colombia, que no es poca gracia.

¡Ah! y deje un poco al lado su agudo criticismo y no la vaya a censurar, por todo y por nada porque si ella se molesta, tiene razón.

 

El Pacheco que ve Anouk

Efectivamente, una de las normas destacadas del carácter de Pacheco es su espíritu de servicio. De ahí su indeclinable tendencia a ser útil. Pacheco paracaidista; Pacheco torero; Pacheco ciclista; Pacheco futbolista, porque sabe que con su presencia ayudará alguna obra benéfica y desde luego que aun cuando en el fondo espera que se le den las gracias, siente por todo el cuerpo una gran satisfacción de haber prestado un servicio.

Apacible y bastante tímido, no es de aquellas personas que se mantienen ordenando, mandando, al estilo de los hombres de Leo o Aries, que no se hallan contentos mientras no expresan en alguna forma su autoritarismo rayano en el despotismo. El tipo virginiano como Pacheco, está mucho mejor siendo útil, exteriorizando su sensibilidad comprensiva, laborando intensamente con suma habilidad en el sitio que le corresponda actuar. No por tímido deja de ser vivaz, comunicativo, porque otra de sus características es su facilidad de expresión, lo cual lo ha convertido en uno de los más hábiles animadores de la T.V. Pero por su aspecto bonachón o su ánimo dispuesto a prestar servicios no se descuiden demasiado, porque interiormente es bastante amargo y cuando menos lo piensen puede estallar en incontenibles y arrolladoras cóleras por demás sorpresivas para sus interlocutores. Su bondad se torna en vio lenta energía; su pasividad en insubordinabilidad; su timidez en feroz acometividad.
 
Extraordinariamente analítico, su inteligencia es muy clara e ingeniosa, aunque por paradoja siendo Virgo el más intelectual de los signos del Zodiaco, no creo que Pacheco lo sea realmente; puede tener una afición, pero es más bien dejado, abúlico en el sentido propiamente intelectual y porque su parte imaginativa, aunque no es mala, muchas veces raya en la utopía, en la confusión o en una falta de coordinación, que no le permite ser creativo verdaderamente.

¡Ah! e interiormente es dado al fetichismo, a la superchería; es muy quisquilloso e impresionable imaginativamente y fácilmente cree en aquello de echar la sal por encima del hombro; o en la araña de 7 patas; o en el gato negro que se encuentra en la calle. Si no me engaño, lleva consigo una gran cantidad de amuletos, aunque a decir verdad la Estrella de David le ha traído mucha suerte. ¡Cosas de la superstición!

Puede ser un animador simpático en una fiesta, bondadoso, sencillo, amable, modesto, pero para sus adentros prefiere estar solo porque íntimamente es melancólico, aunque muchas veces adopte una actitud temeraria y desafiante. También suele ser drástico, muy frío, calculador, arrogante, duro y como  es tan analítico, pues a última hora resulta desmenuzando todo lo que se le pone por delante, aun sus propios sentimientos; y como suele ser tan crítico y detal lista, pues cae fácilmente en un agudo criticismo que lo puede tornar molesto. Puede ser extravagante, extraño, gustar de las cosas solemnes y pomposas y ser muy contradictorio entre pensamiento y acción.

 

Consejos para Liliana:

Tenga mucho cuidado con lo que le dice a Pacheco porque él es muy detallista, extremadamente quisquilloso y puede tomarle fácilmente "el rábano por las hojas" y como reacción natural de su carácter le mandará a usted una fría saeta, o más acerada que pueda. Nunca se le olvide ser minuciosa en su dieta, mantenerse en la cocina preparándole platos de licuados, confituras, postres, como si fuera a servirle la mesa a Luis XIV (¡EI Rey Sol era de Virgo!), porque no solo es exigente en la dieta sino que su estómago e intestinos son delicados. No le contradiga sus caprichos y berrinches de niño chiquito. Tápese con una toca la cabeza, no vaya a llevarle ningún "adorno" inconveniente en el plato de sopa; evite los impertinentes mosquitos, pues a usted no le caen en el plato pero a él sí; y no se extrañe si en la mesa examina cuidadosamente las cucharas, el plato, la servilleta, encontrándoles algún sucio aunque usted los haya acabado de lavar con Fab.

No vaya a cometer el pecado de que encuentre sus camisas sin botones, ni tampoco los sacos; o los cuellos mal planchados. No le revuelva sus pertenencias, porque aunque él no las tenga en orden, sí sabe a ojos cerrados dónde encontrarlas; y cuando estalle en sus inopinadas cóleras y brusquedades, mejor váyase para donde la vecina o dedíquese a tejer sin hacerle caso; después de todo acuérdese de que él es sensitivo, inteligente y que detesta estar peleándose a cada rato porque no le gustan las reyertas. En fin, trátelo con mucha maña e inteligencia y verá que le resulta; y, ¡acuérdese! que solo él sabe hacer las cosas, todo lo que él hace es perfecto y usted no tiene ni idea de nada y no lo puede contradecir.

 

De Pacheco para Carmenza Duque

Una edición muy reciente de CROMOSHOW trajo un reportaje exclusivo con Carmenza Duque, la popular  cantante colombiana, que provocó indudable revuelo. Carmenza habló sobre su exnovio que no es otro que Fernando González, Pacheco. Dijo muchas frases que sin duda sería interesante oír respondidas por Pacheco.

Y él lo hizo:

“Primero que todo, quiero decir que yo siento un enorme respeto por Carmenza Duque. Me parece una mujer extraordinaria y espero y supongo que va a ser muy feliz. Inclusive estoy seguro de que será mucho más feliz de lo que pudiera haber sido a mi lado.

Carmenza ha dicho en CROMOS que yo no me pienso casar y que al final  si lo hago es por contradecirle a ella. Pues bien, al único que voy a contradecir al casarme (porque me caso aunque le duela a mucha gente), es a mí mismo. No tengo interés en contradecir a nadie.

Me dice que soy un inestable; le respondo: yo ERA muy inestable, cuando estábamos de novios. Ahora no. La prueba de que se acabó la inestabilidad es mi matrimonio. Todos somos algo en la vida hasta que dejamos de serlo. Carmenza me acusa de vivir loco por la publicidad. Es cierto pero no del todo. Me gusta la publicidad y la considero muy importante para mi profesión, nada más. Pero cuando la publicidad se mete en mi vida privada, la corto. (Con decirles que me han propuesto "comprar" mi matrimonio para hacer avisos y yo me he negado, porque eso no puede ser). Afirma también mi exnovia que yo soy poco casero. Es cierto, pero pienso cambiar muy pronto y sé que Liliana logrará este milagro. Que soy indisciplinado: si por esto se entiende ser independiente, es verdad.

Los demás cargos que me hace Carmencita son fáciles de responder: Absorbente: es verdad, mucho. Ególatra: también. Me quiero a mí mismo y sé lo que valgo.
Por último, dice que yo estaría dispuesto a sostener con ella un "duelo" verbal al frente de una grabadora, solo por publicidad. Pues bien, yo estoy dispuesto a enfrentarme ante un micrófono no solo con Carmenza Duque sino con cualquier persona. Pero no por publicidad.
Por lo demás, le repito nuevamente a Carmenza mi único deseo: que sea muy, pero muy feliz.

 

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