Así se eligió a la musulmana más bella del mundo

Miércoles 9 de octubre de 2013

No se mostró un centímetro de piel. Solo contaban las habilidades para rezar el Corán y la práctica de las tradiciones musulmanas.

Foto:AFP
Así se eligió a la musulmana más bella del mundo
Obabiyi Aishah recibió una tiara con una esmeralda en el centro, 2189 dólares y un viaje a La Meca.

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Apenas escuchó su nombre, Obabiyi Aishah se arrodilló y en posición del salat (oración islámica), agradeció al Dios todopoderoso por haber ganado el título de Miss Musulmana. Vestía un traje amarillo que la cubría de pies a cabeza, ricamente decorado y bordado; llevaba el hiyab (conocido en occidente como el velo islámico) y unos tacones muy altos. Como en otros concursos de belleza, la ganadora recibió una corona, un ramo de flores y el abrazo solidario y lloroso de sus contrincantes.

En sus primeras declaraciones, en medio de sollozos, Obabiyi exclamó: «Somos libres y el velo es nuestro orgullo. Queremos mostrar al mundo que el islam es bello». Esa era la razón de ser de estar allí, y para eso se inscribieron cerca de 500 participantes de diferentes países del mundo –hubo incluso una participante estadounidense– en la primera versión internacional de este concurso, que cumple tres años pero que por primera vez trasciende al mundo occidental: mostrar una alternativa al ideal de belleza que se propaga en certámenes como Miss Mundo.

Reunidas en el auditorio de un centro comercial de Yakarta que estaba a reventar, minutos antes las finalistas desfilaron mostrando la belleza y majestuosidad de sus trajes y haciendo gala de los más profundos conocimientos del Corán. Las pruebas ante el jurado consistían en responder preguntas sobre temas tan complejos como la importancia de la maternidad, el aporte del Corán a la familia, los peligros de Internet y el valor de las finanzas islámicas.

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Las finalistas provenían de Bangladesh, Brunei, Irán, Malasia, Indonesia y Nigeria. Para estar en este ramillete debieron superar varias entrevistas en las que debían demostrar su conocimiento del islám y justificar por qué llevaban el hiyab. Una vez seleccionadas, las concentraron durante tres días en lo que llamaron los organizadores «un entrenamiento espiritual», durante el cual se levantaban a las tres de la madrugada para rezar juntas y mejorar su lectura del libro sagrado.

Este singular concurso de belleza, en el que la única piel que podían mostrar las participantes era la de su cara y sus manos, fue el epílogo de una fuerte campaña de las autoridades islámicas de Indonesia, el país con mayor población musulmana del planeta (cerca de 240 millones de habitantes), contra Miss Mundo, que debía realizarse justamente en Yakarta el pasado 28 de septiembre.

Así lo admitió la organizadora del certamen, Eka Shanti, una presentadora de la televisión indonesia que creó el concurso hace tres años cuando fue despedida porque se negó a quitarse el hiyab. «Preferimos mostrar a nuestras chicas que pueden escoger entre Miss Mundo y Miss Musulmana», dijo al defender la realización de su concurso en el mismo momento en el que Miss Mundo tuvo que trasladarse de Yakarta a Bali, isla de este país con mayoría hinduista. 

La presión contra el concurso de belleza fue muy fuerte. Desde la llegada de las 127 candidatas a Miss Mundo, ministros, imanes y líderes de organizaciones islámicas se unieron en plantones y marchas en las que acusaban al gobierno de «infiel» y quemaban retratos de los organizadores por hacer «un concurso de prostitutas».

En principio lograron que las reinas no desfilaran en bikini sino en un vestido de baño de una sola pieza y cubiertas por un sarong, o pareo indonesio, mucho más conservador. Fue tal la fuerza de las protestas que hasta la embajada de Estados Unidos en Yakarta emitió un comunicado alertando posibles atentados de grupos extremistas. El concurso concluyó esta semana coronando a la filipina Megan Young.

Entre tanto, Obabiyi Aishah ya disfruta de su premio: una tiara con una gran esmeralda en el centro, 25 millones de rupias (2189 dólares) y un viaje a La Meca y a la India. Y se le ve feliz visitando escuelas y centros religiosos a los que lleva su mensaje, el mismo con el que ganó el concurso de la mujer musulmana más bella del mundo: «Queremos mostrar que el islam es hermoso, que una musulmana puede ser bella y el hiyab no impide ninguna actividad».

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Fotos: AFP

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